La urdimbre de la libertad: Mujer y país – por Carolina Jaimes Branger

La urdimbre de la libertad: Mujer y país

Decía la escritora británica Rebecca West que ella solo sabía que la llamaban feminista cada vez que expresaba sentimientos que la diferenciaban de un felpudo. En Venezuela, ese concepto ha tomado una dimensión que trasciende cualquier teoría académica para instalarse en el tuétano de nuestra supervivencia.

Ayer, 8 de marzo, no celebramos la concesión de un espacio; conmemoramos la resistencia de quienes se han negado a ser el felpudo de la desidia y el autoritarismo.

La mujer venezolana es, en palabras que me gusta repetir, trama y urdimbre. Somos ese hilo que, aunque parezca delgado, sostiene el tejido social de una nación que otros se han empeñado en deshilachar. Si uno observa con detenimiento las colas, los hospitales, las escuelas vacías y los centros de votación, encontrará siempre una mirada femenina que no solo reclama, sino que resuelve.

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He sostenido a menudo que Venezuela me encanta y me subleva. Me encanta por esa capacidad casi hidráulica de nuestras mujeres para fluir y avanzar en todos los espacios, pero me subleva ver cómo esa energía debe consumirse en lo elemental: en buscar el agua que no llega, en estirar el sueldo que no alcanza o en consolar a los hijos que la migración nos arrebató.

A mí la vida me cambió, como a tantas, cuando mis hijas se fueron. Ese vacío, ese «síndrome del nido vacío» multiplicado por la distancia geográfica, es la herida compartida de la madre venezolana. Sin embargo, en medio de esa diáspora de afectos, la mujer sigue siendo la columna vertebral de la familia y de la comunidad.

No nos definen los términos peyorativos que pretenden rebajarnos en el extranjero, ni las etiquetas políticas de ocasión. Nos define la dignidad de Josefa Camejo o de Luisa Cáceres, pero sobre todo, nos define la mujer anónima que hoy, a pesar de que el equilibrio de seguridad «pende de un hilo», sale a la calle convencida de que su rol es fundamental para la reconciliación del país.

Este Día de la Mujer, mi deseo es que dejemos de ser heroínas por necesidad y volvamos a ser ciudadanas por derecho. Que nuestra fortaleza no sea una respuesta al maltrato, sino el motor de una reconstrucción civilizada. 

Porque al final, como siempre ocurre en las grandes tragedias, será la mano de una mujer la que termine de bordar la bandera de la libertad que tanto anhelamos.

Carolina @cjaimesb

Carolina Jaimes Branger

@cjaimesb

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