El oro es un refugio seguro, utilizado por inversores para poner el dinero a salvo en tiempos de guerra y de crisis. Pero ahora, en pleno conflicto en Oriente Medio, su precio se mantiene estable. ¿Por qué?
Un refrán bursátil anima a comprar cuando suenen los cañones y vender cuando toquen los violines. En otras palabras, en tiempos de guerra, es buen momento para invertir.
Y quienes quieren poner su dinero a salvo suelen apostar por el oro, aunque no es precisamente barato en tiempos de incertidumbre. Cuando hay crisis, suele tener una gran demanda y su precio sube. De esta manera, con un poco de suerte, el patrimonio invertido puede llegar a multiplicarse. ¿Vivimos entonces una buena época para los especuladores?
En los últimos meses, el oro ha alcanzado varios máximos en paralelo a la tensa situación política mundial. Sin embargo, en el contexto de la guerra con Irán, el precio no ha seguido subiendo, a pesar de la mayor incertidumbre en el mercado. Una semana después del inicio de la guerra, el 28 de febrero, el oro cotizaba a 5.327,42 dólares, pero ahora se ha estabilizado entre los 5.000 y los 5.200 dólares.

Suenan los cañones, pero el oro no se encarece
Para Michael Hsueh, director del departamento de Investigación de Metales del Deutsche Bank, esto no es ninguna sorpresa. Reconoce que el precio del oro suele ser, en promedio, más elevado tras un episodio de crisis, aunque también hay excepciones. Según Hsueh, el Deutsche Bank ya observó este fenómeno el año pasado, tras los ataques de Israel contra Irán.
Carsten Fritsch, analista de materias primas del Commerzbank, también hace esta observación al analizar el conflicto actual: «El precio del oro no se ha beneficiado de la incertidumbre provocada por la guerra con Irán», comenta a DW. «Al contrario, cotiza incluso por debajo de los niveles previos al inicio de la guerra».
El fenómeno tiene principalmente dos explicaciones: el oro se negocia en dólares. Si el dólar estadounidense se aprecia, el oro se encarece para los compradores que utilizan otras monedas, por lo que su demanda disminuye y eso tiende a hacer bajar el precio.
Además, si aumentan los precios del petróleo y hay una mayor inflación, es menos probable que la Reserva Federal de EE. UU. baje los tipos de interés. Las expectativas de los inversores de que los tipos de interés se mantengan más bien altos hace que el oro resulte menos atractivo, ya que el oro no genera intereses, mientras que otras inversiones sí lo hacen.
Mercado sobrecalentado
A Wolfgang Wrzesniok-Rossbach, director general de Fragold GmbH y asesor de inversores privados e institucionales, no le sorprende la actual tendencia: «La subida del precio del oro y de las cotizaciones de otros metales preciosos en el último trimestre y en enero se desmarcó de los datos fundamentales reales y, por lo tanto, en los últimos tiempos, fue totalmente exagerada».
El experto atribuye el auge del mercado del oro a factores que impulsan los precios: «Las compras de inversores y especuladores que apostaron por la caída de los precios», ahora se verían obligados a abastecerse de oro a un nivel de precios más alto para limitar las pérdidas. «La notable caída del 30 de enero y los días posteriores puso de manifiesto claramente la exageración previa».
Carsten Fritsch también lo ve así: «La subida de precios en enero fue una exageración y ya no se podía explicar con los factores de influencia habituales. La codicia y el temor a perderse la subida de precios también desempeñaron un papel importante».
No solo reluce el oro
No solo el oro, tan codiciado en todo el mundo, está viviendo actualmente un auge. La plata también tiene una gran demanda y, por eso, está cara, pero Wrzesniok-Rossbach no observa que haya una burbuja: «En lo que respecta al precio de la plata, considero que está muy bien respaldado desde el punto de vista fundamental y, en mi opinión, debemos prepararnos para un nivel de precios elevado a largo plazo y, por lo tanto, para una revalorización completa».

Frank Schallenberger, experto en materias primas del Landesbank Baden-Württemberg (LBBW), cree, en cambio, que la demanda va a disminuir: «En los próximos meses, es previsible que la menor dinámica de la industria solar, la débil coyuntura mundial y una demanda de joyería en continuo descenso lastren el precio de la plata».
¿Y qué nos depara el futuro?
Cuando se le pide una previsión sobre qué le depara a este metal, Schallenberger dibuja un panorama matizado: «Es dudoso que el mercado de la plata registre un déficit de oferta en 2026 por sexto año consecutivo; si las ventas de ETC de plata se mantienen a lo largo del año, el balance del mercado podría muy bien dar lugar a un excedente de oferta».
Wolfgang Wrzesniok-Rossbach, por el contrario, prevé más bien un aumento del precio de la plata y señala como principal impulsor de ello «la electrificación del mundo, sobre todo la energía fotovoltaica». Por eso, no le sorprendería que «el precio de la plata se estabilice de forma duradera por encima de los 100 dólares por onza en un futuro próximo».
En cuanto al oro, Frank Schallenberger invita a la cautela. «La demanda de joyería, ya crónicamente débil, y la reticencia de los bancos centrales a aumentar sus reservas de oro probablemente frenarán el impulso alcista del oro en los próximos meses. La política estadounidense sigue siendo un factor de incertidumbre, ya que probablemente seguirá deparando alguna que otra sorpresa en los mercados financieros». Y añade un mensaje tranquilizador: «El oro debería seguir siendo un valor refugio muy demandado».
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