La «primera guerra» en la región donde se encuentra Irán

La región del actual Irán, históricamente vinculada a la meseta iraní y las llanuras vecinas, fue el escenario de algunos de los conflictos más antiguos de los que se tiene registro escrito.

Si buscamos la «primera guerra» documentada en esta zona, debemos dirigirnos a la frontera entre la civilización de Elam (en el suroeste del actual Irán) y las ciudades-estado de Sumeria (en el actual Irak).

Este conflicto ocurrió aproximadamente en el año 2700 a. C.

El conflicto entre Sumeria y Elam

Aunque seguramente existieron escaramuzas previas, la primera campaña militar registrada con nombre y apellido es la del rey sumerio Enmebaragesi de Kish, quien invadió el territorio elamita.

  • El registro: La información proviene de la Lista Real Sumeria, que menciona brevemente que Enmebaragesi «llevó como botín las armas de Elam».
  • La causa: Más que una conquista territorial total, estas guerras solían ser expediciones punitivas o de saqueo. Mesopotamia carecía de recursos básicos como madera de calidad, metales y piedras preciosas, los cuales abundaban en las tierras altas de Elam.
  • La tecnología militar: Se luchaba principalmente con lanzas de bronce, hachas y escudos de cuero o madera. En esta época comenzaron a aparecer los primeros carros de guerra pesados, tirados por onagros (asnos salvajes), que servían más como plataformas de transporte que como unidades de carga rápida.

La importancia de Susa

El núcleo de estos conflictos fue la ciudad de Susa, una de las ciudades más antiguas del mundo (fundada hacia el 4200 a. C.). Debido a su ubicación estratégica, Susa cambió de manos constantemente entre los reyes elamitas y los imperios mesopotámicos:

  1. Dominio Sumerio/Acadio: Tras la incursión de Kish, el gran Sargón de Acad consolidó el control sobre Elam hacia el 2300 a. C., integrándolo en el primer imperio de la historia.
  2. Resistencia Elamita: Con el tiempo, los elamitas se fortalecieron y eventualmente devolvieron el golpe, llegando a saquear ciudades sumerias y poniendo fin a la Tercera Dinastía de Ur hacia el 2004 a. C.

El legado de estos enfrentamientos

Este ciclo de guerras de casi mil años definió la identidad de la región. Elam no solo fue un rival militar, sino un puente cultural entre la sofisticada administración de Mesopotamia y los pueblos nómadas del interior de Irán. Estos choques tempranos sentaron las bases logísticas y tácticas que siglos más tarde heredarían los medos y los persas.

¿Cómo eran las batallas?

Los historiadores reconstruyen cómo fueron esas batallas basándose en hipótesis que parten del desarrollo tecnológico disponible para aquellos pueblos en aquella época y de restos arqueológicos con inscripciones y grabados. No hay mucha más información disponible.

Morris comenta que este es el desafío al estudiar civilizaciones antiguas que construyeron grandes monumentos, gestionaron elaboradas redes comerciales y fomentaron un nivel de vida cada vez mayor, pero que seguían siendo prealfabetizadas. Después de todo, la escritura era escasa, lacónica y poco común.

«Los ejércitos estaban formados por tropas permanentes, que garantizaban las llamadas misiones esenciales, como mantener el orden, vigilar las fronteras y escoltar no solo al séquito real, sino también a las caravanas de comerciantes de larga distancia», afirma Pozzer.

Según el historiador André Leonardo Chevitarese, profesor de la Universidad Federal de Río de Janeiro, las guerras en la antigüedad ya contaban con una organización táctica, con líneas de soldados formados en filas, uno detrás del otro.

Además de los ataques propiamente dichos, también se llevaron a cabo asedios, cortando el suministro de agua e impidiendo la entrada de alimentos en territorio enemigo.

Hubo algunos acuerdos de conveniencia. Pozzer relata que en la antigüedad, en Medio Oriente no se solía librar guerras en algunas épocas del año.

«Tuvieron en cuenta las condiciones meteorológicas», afirma.

«Durante la temporada de inundaciones, a las tropas les resultaba muy difícil desplazarse. Evitaban los conflictos militares en aquella época. La población tenía que dedicarse a la agricultura».

Por otro lado, «las guerras de la antigüedad ya incorporaban muchos elementos que todavía se utilizan hoy en día, como la infantería y la caballería», señala Missiato. «Los ejércitos ya estaban organizados».

«Desde la Antigüedad, han sido evidentes divisiones tácticas de algún tipo», indica Lopes, citando la alternancia entre lanceros con escudos, arqueros y el desarrollo de prácticas de asedio para intentar abrir brechas en las murallas de una ciudad.

Rudzit destaca que ya existía un liderazgo militar claro. Los reyes, los jefes tribales o los comandantes eran responsables de organizar las fuerzas, planificar las campañas y coordinar las batallas.

En civilizaciones más complejas, como las de Mesopotamia, existían indicios de jerarquía, disciplina y división del trabajo.

La evolución tecnológica de las armas constituye un capítulo importante.

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