De la promesa de estudiar al trabajo ilegal: así funciona el negocio del reparto

Se endeudaron con la promesa de poder estudiar en Alemania

En muchas ciudades alemanas, repartidores en bicicleta llevan hamburguesas, pizzas y otros pedidos a domicilio. Miles de estos ciclistas proceden de la India. De la promesa de estudiar al trabajo ilegal.

Créditos al canal DW Documental en YouTube

De la promesa de estudiar al trabajo ilegal

«¡No somos animales!”, reclama Shiwani S. tras un día agotador ante el Tribunal Laboral de Berlín. Así, la repartidora en bicicleta, con un embarazo avanzado, lleva un año y medio esperando el pago de varios meses de salario. «¿Por qué ningún alemán hace estos trabajos en Lieferando, Wolt o Uber Eats?”, añade Samee U. ”¡Pregúntense eso!”.

El documental explora esta pregunta y expone un sistema de explotación múltiple que se extiende cada vez más por las ciudades alemanas: miles de jóvenes indios llegan al país engañados por agencias para estudiar en universidades privadas. Se endeudan y cuando llegan, son explotados por arrendadores sin escrúpulos y empresarios que se aprovechan mediante contratos laborales ficticios, o pagos no declarados y salarios muy por debajo del mínimo legal.

De la promesa de estudiar al trabajo ilegal

La cinta ofrece una mirada a la precaria situación de repartidores indios en Alemania, una situación bastante desconocida. Así, durante meses, los cineastas se sumergieron en la comunidad india para llevar a cabo su investigación.

El abogado laboralista Martin Bechert describe los servicios de reparto como Wolt, Lieferando y Uber Eats como un «laboratorio del derecho laboral”. Representa a muchos repartidores que, cada vez con mayor frecuencia y pese a grandes obstáculos, luchan contra sus condiciones laborales y de vida.

Estas condiciones de explotación se conocen incluso en la India. En una entrevista, el embajador alemán en Nueva Delhi, Philipp Ackermann, advierte sobre una migración mal gestionada que, a través de instituciones educativas más que dudosas, acaba en «trabajo ilegal y condiciones de vivienda precarias”. Esto perjudica a los estudiantes indios, cuya esperanza de una vida mejor solo beneficia a unos pocos empresarios.

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