Beatriz Valdés: «Tengo miedo a no estar sobre el escenario»

Una conversación donde el arte, la memoria y el país se entrelazan con una sensibilidad única

Beatriz Valdés recorre su vida entre Cuba y Venezuela con una honestidad que conmueve: su formación artística, la migración, la maternidad, la reconstrucción personal y la mirada crítica que ha construido sobre la sociedad, la política y el oficio de actuar.

Créditos al canal Luis Olavarrieta en YouTube

Beatriz Valdés

Que viva el libertador, Hay vidas que se escriben como un oleaje. Nacida frente al mar de La Habana, Beatriz Valdés encontró en el arte un territorio de libertad. Conoció la gloria, el reconocimiento y también el exilio. Esta es la historia de una actriz que tuvo que reinventarse lejos de su tierra, pero nunca lejos de sí misma.

Beatriz, naciste en La Habana, frente a una geografía marcada por el mar. ¿Qué recuerdas de esa primera Habana de tu infancia?

Bueno, precisamente el mar casi que frente a mi casa, el olor del mar, el color de la Habana, que es algo sagrado, y esa sensación de isla, de sentirse que asomarse a la inmensidad del mar, nos hace a todos suponer o preguntarnos ¿qué es lo que hay del otro lado?.

Así que como buena isleña siempre supe que en algún momento iba a atravesar el mar y así pasó. Entiendo que creciste en un entorno profundamente matriarcal.

Beatriz Valdés
Beatriz Valdés

¿Qué te dio tu madre que todavía hoy reconoces en tu manera de actuar, sentir, de amar?

Pues mira, María fue una madre casi que estoica, pero digamos que amortizado, su estoicismo, su capacidad de resistencia, la tarea de ser una madre soltera estaba mezclada de la risa, del sentido del humor, pero sobre todo de su capacidad artística. Siempre fue una mujer que coqueteó con sus dones artísticos y yo creo que fue la primera referencia mía sobre el escenario.

Vivíamos en una casita muy humilde que tenía una suerte de escenario pequeñito que daba la cocina, no eran más de 2 mts de ancho por 1 mt de profundidad. Y ahí mi mamá me cantaba, me bailaba, me hacía historias. Y ese fue el primer escenario que tuve en la vida, como fue la primera referencia, digamos, del arte, de la expresión artística, de la capacidad de conectar con el otro.

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