Glicocálix endotelial: conoce qué es, cómo funciona y su importancia

El glicocálix endotelial es una estructura, sin forma definida, que recubre la capa luminal del endotelio vascular; y que está constituida, principalmente, por tres elementos: proteoglicanos, glucosaminoglicanos y glicoproteínas

Por sorprendente que pueda parecer, todos nosotros -incluidos los más gélidos y duros- tenemos dentro un romántico sempiterno; que día y noche nos acaricia y protege, incansablemente, hasta el más pequeño e íntimo de nuestros rincones. Un desconocido para la mayoría, pero sin el cual no podríamos vivir: el glicocálix endotelial.

Detrás de estas dos palabras se encuentra un órgano cuya existencia fue confirmada en mamíferos poco antes de que el hombre llegara a la Luna.

Este órgano, en un adulto humano, pesa tanto como su cerebro: aproximadamente 1,4 kilogramos. Si se desplegara por completo, cubriría tres canchas de baloncesto.

glicocálix endotelial

Lo que lo diferencia de otros órganos es que no se encuentra en ningún lugar específico del cuerpo. Por el contrario, está en todas partes, en contacto directo con la sangre. Es similar a una capa suave de terciopelo que cubre internamente todas las arterias y venas del cuerpo; desde las más grandes, hasta los microcapilares (vasos sanguíneos) más diminutos. El grueso de este abrigo de terciopelo, que todos llevamos dentro, oscila entre una milésima y una diez milésima parte de un milímetro (entre 0,1 y 1,0 micrómetros).

Misiones cruciales

Pero no se dejen engañar por su tamaño. Aunque pueda parecer una nimiedad como para considerarlo un órgano vital, el glicocálix endotelial cumple diversas misiones de importancia crucial. En primer lugar, hace de barrera selectiva dejando pasar solo ciertas moléculas desde la sangre hacia el resto del cuerpo; y nos protege contra la pérdida de fluidos (edemas).

También sirve de capa lubricante para transportar los glóbulos rojos. En el caso de los microcapilares es especialmente importante, ya que su apertura puede ser menor que el tamaño del propio glóbulo rojo.

Además, previene la erosión de las paredes de las venas y las arterias y evita, en gran medida, que otras partículas que fluyen por la sangre se adhieran provocando coágulos y obstrucciones. Por otra parte, mediante la captura de ciertas moléculas, controla la aparición de trombosis, inflamaciones y estrés oxidativo.

Otra función esencial del glicocálix es enviar información al exterior de las células que forman parte de las paredes de los vasos sanguíneos (endotelios); para que modifiquen su forma, tamaño y otras propiedades. Esto lo consigue a través de las fuerzas que ejerce la sangre sobre él.

Así el transporte de la sangre es el óptimo en todo momento y circunstancia. Además, el glicocálix también interviene en la regulación del crecimiento y la migración de estas células endoteliales a lo largo del cuerpo.

Enfermedades ligadas a su ausencia

El papel vital del glicocálix se pone de manifiesto cuando este recubrimiento desaparece en parte o totalmente. Cuando esto sucede, la arteriosclerosis (acumulación de grasas, colesterol y otras sustancias dentro de las arterias y sobre sus paredes) se inicia rápidamente y las placas de ateroma bloquean con rapidez el paso de la sangre.

También se ha relacionado su pérdida con los ictus cerebrales, la hipertensión, la preeclampsia y las infecciones bacterianas más graves.

Algunas bacterias producen toxinas que deterioran el glicocálix como estrategia para poder campar a sus anchas por todos y cada uno de los rincones del cuerpo humano.

glicocálix endotelial

Investigaciones hechas en 2019 han constatado que, en el caso de contraer la malaria; si el glicocálix se deteriora, las probabilidades del paciente de sobrevivir disminuyen de manera drástica. Por otro lado, el glicocálix juega un papel muy importante en el crecimiento y la migración de las células tumorales (metástasis), según estudios recientes.

Asimismo, indicios muy sólidos apuntan que muchas de las complicaciones que van apareciendo en el tiempo con la diabetes, provienen del hecho de que la enfermedad deteriora significativamente el glicocálix de los microcapilares.

Algunos ejemplos de ello, son las lesiones oculares, que pueden acabar en ceguera; lesiones en riñones, lesiones en los nervios y pequeños vasos, que pueden conducir al pie diabético y a la gangrena.

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