Delcy Rodríguez: pragmatismo y control tras Maduro

Un mes después de asumir la presidencia en Venezuela, Delcy Rodríguez combina gestos hacia Washington con continuidad interna. Expertos advierten que la estabilidad sigue siendo frágil y la apertura, limitada.

Casi un mes después de asumir la presidencia, el 5 de enero de 2026, Delcy Rodríguez gobierna una Venezuela que busca estabilizarse tras la caída de Nicolás Maduro, pero sin que el sistema político haya cambiado de raíz.

Las Fuerzas Armadas reconocieron rápidamente a la nueva mandataria y no hubo respuesta militar tras la intervención estadounidense y la captura de Maduro. Pero la situación interna sigue siendo contradictoria: mientras el Gobierno anuncia liberaciones de presos políticos y reformas económicas, continúan denuncias de nuevas detenciones y persiste el aparato represivo.

Para David Smilde, sociólogo de la Universidad de Tulane en Nueva Orleans (Estados Unidos) y experto en Venezuela, Rodríguez ha conseguido inicialmente consolidarse dentro del poder chavista, pero ahora enfrenta mayores tensiones. Según explica a DW, «ha logrado establecer efectivamente su liderazgo dentro del círculo dirigente», aunque advierte que ahora comienza la fase más difícil: gobernar y aplicar reformas impopulares dentro del chavismo.

Apertura petrolera y negociación con Washington

La prioridad económica del nuevo Gobierno ha sido abrir rápidamente el sector petrolero a la inversión privada, buscando atraer capital y aliviar la crisis económica. Todo indica que estas medidas habrían sido discutidas previamente con Washington antes de la detención de Maduro, como reportó, entre otros medios, el Wall Street Journal.

Sin embargo, mientras Caracas busca el levantamiento de sanciones, Rodríguez insiste públicamente en que Estados Unidos debe mantenerse al margen de los asuntos internos venezolanos, un discurso que parece contradictorio.

Smilde sostiene que el chavismo intenta simultáneamente reducir la presión estadounidense y evitar una apertura política interna. Según señala, el objetivo es «calmar a Trump y a Rubio y asegurarse de hacer lo necesario para no sufrir otro ataque o nuevas presiones», pero, al mismo tiempo, dejar claro que no se trata de una apertura democrática.

Laura Cristina Dib, directora del programa para Venezuela de la Oficina de Washington para América Latina (WOLA), coincide en que la estrategia apunta a ganar tiempo: «Delcy Rodríguez pretende comprar tiempo», explica a DW, recordando que el aparato represivo sigue intacto y que, sin desmontarlo, no puede hablarse de transición democrática real.

¿Estabilidad o simple contención?

Aunque el país muestra cierta calma, esa estabilidad es relativa. La politóloga Ana Soliz de Stange, de la Universidad de las Fuerzas Armadas de Alemania Helmut-Schmidt en Hamburgo, observa que puede hablarse de estabilidad solo en términos formales, ya que «la represión política continúa», pese a algunas liberaciones recientes.

Delcy Rodríguez, añade Soliz de Stange, combina pragmatismo externo con un discurso interno dirigido a contener tensiones dentro del chavismo y de las milicias: «Está jugando más estratégicamente, manteniendo su discurso interno, al mismo tiempo que sigue la línea de la política que le ha puesto sobre la mesa Estados Unidos», destaca a DW.

«La represión política continúa» en Venezuela, dicen expertos.Imagen: Pedro Mattey/AFP

Entre Washington y los viejos aliados

Uno de los grandes interrogantes es si Venezuela puede acercarse económicamente a Estados Unidos sin romper con aliados como RusiaChinaCuba o Irán.

«Creo que es una pregunta muy, muy importante para la que no tengo respuesta. No sé si alguien la tiene», admite David Smilde.

El experto de la Universidad de Tulane considera que ese equilibrio será muy difícil de sostener, ya que existen acuerdos energéticos, militares y económicos profundos con esos países. Romper con ellos implicaría riesgos estratégicos y financieros importantes para Caracas.

Laura Cristina Dib advierte que, además, existe el riesgo de que en Caracas simplemente cambien los nombres en el poder sin desmontar la estructura autoritaria: podría mantenerse «un Gobierno autoritario sin el desmantelamiento de toda esta estructura represiva, con un cambio de actores».

Un margen de maniobra limitado

Rodríguez enfrenta, por tanto, un margen de maniobra estrecho. Necesita reactivar la economía y aliviar sanciones, pero sin perder apoyo dentro del chavismo ni provocar fracturas en las Fuerzas Armadas.

Washington parece querer ayudar en este sentido. David Smilde advierte que, para Estados Unidos, podría bastar con un país políticamente estable y favorable a las inversiones, aunque no sea democrático.

Y Laura Dib concluye: «Hay que reconocer que el 3 de enero marcó un cambio: no una transición, pero sí una modificación del statu quo que ha abierto algunas posibilidades para Venezuela. En este escenario no basta con mirar al pasado y a lo que hizo Estados Unidos; ahora es necesario mirar al futuro y ver cómo se apoya a los venezolanos en su lucha por la democracia y por la garantía de los derechos humanos, lo que también requiere una recuperación no solo económica, sino también de los derechos económicos y sociales, en un país que atraviesa una emergencia humanitaria compleja».

Curadas / Vía DW

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