Amnistía, transición y sociedad civil en Venezuela

Permítanme articular una voz desde afuera de alguien que durante casi 20 años ha tenido seguimiento a la dictadura y a la oposición en Venezuela 

La Asamblea Nacional de Venezuela, surgida de elecciones cuestionadas que resultaron en una aplastante mayoría chavista, está discutiendo el proyecto de amnistía. Obviamente, toda la sociedad civil y toda la oposición democrática quieren una amnistía como condición para abrir el camino a una transición a la democracia y la paz social.  

Pero no cualquier amnistía sirve para este propósito. Las organizaciones de derechos humanos venezolanas y algunos diputados opositores, como Henrique Capriles, no están de acuerdo con el proyecto presentado por Jorge Rodríguez, líder chavista, presidente de la Asamblea y hermano de la presidenta “encargada”, Delcy Rodríguez.

Es muy poco probable que el chavismo esté tomando en cuenta las críticas y propuestas, a menos que se ejerza mucha presión.

Tiene que ser presión interna, articulada, unificada y en voz muy alta. No puede ser que se espere que esta presión la ejerza Washington, no con Trump. Es poco entendible que en esta coyuntura crucial y sobre el tema tan esencial como la amnistía la oposición venezolana -la partidaria como la social- no haya logrado formular y exponer mediante movilización social una posición unificada. Es preocupante. 

La amnistía que necesita Venezuela tiene que cumplir los siguientes criterios indispensables: 

  • la amnistía tiene que ser total y para todos los perseguidos penalmente por los diferentes gobiernos chavistas, desde 1989 hasta 2026; 
  • todos los presos políticos tienen que ser puestos inmediatamente en libertad irrestricta y sus acusaciones y condenas tienen que ser anuladas; 
  • la amnistía no debe abrir resquicios que permitan aplicar la amnistía a los crímenes y abusos de poder cometidos por agentes del Estado o de los colectivos chavistas contra ciudadanos; 
  • la amnistía tiene que permitir explícitamente incluir a los exiliados y sus causas penales tienen que ser anuladas; 
  • no pueden ser los tribunales bajo control chavista que definan a quién aplicar o no aplicar la amnistía.

Estas son condiciones no negociables. En cambio, el tema de la reparación es tan complicado que es preferible que la ley de amnistía ordene explícitamente que quede delegada a la Asamblea Nacional surgida de elecciones libres. De esta manera, este tema no entramparía la discusión sobre la amnistía como tal. 

Pero esto significa que, desde ya, hay que definir la fecha de las elecciones presidenciales y legislativas. La Constitución limita el tiempo que puede ejercer la presidenta interina. Dura 3 meses, o sea, hasta el 4 de abril de 2026, y puede prorrogarse por 3 meses más, hasta el 4 de julio de 2026. A más tardar, el 5 de julio tienen que celebrarse las elecciones presidenciales. Hay que insistir en que, de un solo, se dé el paso a una Asamblea Nacional legítima. 

 En general, la oposición , tal como se comporta actualmente, parece incapaz de actuar conjuntamente y de convertirse en protagonista del proceso de transición. Como ha pasado en anteriores coyunturas, se requiere que intervengan con solvencia y claridad voces con alta credibilidad y sin amarres partidarios: voces de la sociedad civil, la academia, la cultura, la iglesia, las organizaciones sociales.  

 Entre todos ellos, urge iniciar y profundizar un diálogo permanente, del cual pueden surgir propuestas unificadoras que conviertan a la sociedad civil en la protagonista principal en la transición a la democracia.  

 Los líderes partidarios -¡todos!- tienen que entender que no es el momento para discutir las diferencias políticas e ideológicas entre ellos, sino el momento de unificación en función de la recuperación de la democracia y del Estado de Derecho. Una vez que exista esta democracia, los tocará a los partidos entrar en el debate y la competencia entre sus posiciones ideológicas. El país necesitará mucho debate sobre lo que, en una Venezuela posdictadura, significan conceptos como izquierda, liberal, conservador y progresista. 

El chavismo ha distorsionado profundamente estos debates y estas etiquetas ideológicas. Luego de la irrupción de Hugo Chávez y su revolución bolivariana ya nadie en Venezuela no sabe que significa ser de izquierda, pero tampoco que significa ser patriota o nacionalista. Habrá tiempo -y necesidad- de debatir esto. Pero no ahora. 

Paolo Luers es un periodista alemán-salvadoreño; entre 2008 y 2010 corresponsal itinerante con especial atención a Venezuela. 

Curadas / Vía El Nacional

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