El zumbido de los helicópteros militares rompió la rutina del oro al sur de Venezuela. Desde el pasado martes 9 de junio, las poblaciones de Las Claritas y el Kilómetro 88, ubicadas en el municipio Sifontes del estado Bolívar, se convirtieron en el epicentro de un masivo e inesperado despliegue de las Fuerzas Armadas.
La operación, coordinada desde Caracas por organismos de inteligencia y fuerzas élite, busca desalojar los yacimientos de oro ilegales y neutralizar a las poderosas bandas criminales que controlan el territorio.

La intervención oficial ocurre tras la reciente aprobación de una nueva ley de minas, diseñada para atraer inversiones extranjeras al Arco Minero del Orinoco.
Sin embargo, en el terreno, la realidad se traduce en ráfagas de disparos, persecuciones en tierras erosionadas por el extractivismo y una profunda incertidumbre civil.

Dos caras de una misma moneda territorial
Como es habitual en las dinámicas del sur de Bolívar, la información oficial contrasta fuertemente con los reportes comunitarios y de organizaciones no gubernamentales:
- La versión del control estatal: Fuentes ligadas al operativo señalan que el objetivo medular es desmantelar la estructura de grupos armados irregulares —incluidos reductos del Tren de Aragua (con rumores sobre la búsqueda de alias Niño Guerrero) y el ELN colombiano— que por años han ejercido un gobierno criminal paralelo en la zona, extorsionando a mineros y manejando el contrabando del oro.
- La denuncia de las comunidades: Los habitantes locales y las ONG (como SOS Orinoco y Provea) alertan sobre desalojos violentos de miles de mineros artesanales y sus familias, presuntos atropellos a los derechos humanos y detonaciones en zonas habitadas. A las 1:16 p. m. de este miércoles 10 de junio, vecinos de Las Claritas trancaron la Troncal 10 (la principal vía que conecta con Brasil) exigiendo el cese de los abusos y el resguardo de la población civil e indígena.

El laberinto informativo
A más de 36 horas del inicio del despliegue, la constante sigue siendo el silencio oficial. Ningún vocero del Gobierno central o regional ha emitido un balance formal sobre heridos, detenciones o decesos. En las calles de los pueblos aledaños se respira una «tensa calma», mientras las rutas de transporte público hacia el sur han sufrido severas restricciones preventivas.
El conflicto en Las Claritas desnuda el enorme desafío de regularizar una de las zonas más ricas en recursos —y a la vez más violentas— de la Amazonía venezolana, donde la línea entre la soberanía económica y la crisis humanitaria se vuelve cada vez más delgada.
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