plátano
Plátanos flameados con tequila

Adivina adivinador: El que oro parece y plátano es!…

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Por su sabor dulce, su atractivo tono amarillo y su cremosa pulpa de aroma inconfundible, son un reclamo para el paladar. Pero hay quizá otra razón por la que el plátano ha conquistado la mesa de los cinco continentes…

Esta sabrosa fruta, protegida por un higiénico envoltorio natural que la preserva de la contaminación externa y facilita su transporte, resulta tan cómoda de pelar y de comer que se puede disfrutar en cualquier lugar, sin necesidad de servilleta ni de cuchillo.

La palabra «plátano» parece proceder del griego a través del latín platanus, que comparte raíz con platos o «plano», posiblemente en alusión a la forma de las hojas de la mata, enormes y muy anchas. Ha sido su nombre botánico, Musa paradisíaca, el que le ha rendido homenaje evocando su origen en vergeles tropicales.

El plátano, originario del Sudeste Asiático, arraigó muy pronto en la India, donde era objeto de ofrenda a las deidades y fue considerado un alimento idóneo para mantener sanos el cuerpo y la mente.

Se cree que fueron los ejércitos de Alejandro Magno quienes lo trajeron al Mediterráneo, donde se estableció su cultivo alrededor del siglo VII. A Canarias llegó en el siglo XV procedente de Guinea y, desde el archipiélago, los conquistadores españoles lo llevaron a Santo Domingo y Jamaica, para posteriormente extender las plantaciones por el resto del Caribe y Latinoamérica.

Propiedades del plátano

La pulpa del plátano maduro contiene azúcares simples –glucosa, dextrosa y  sacarosa– que se transforman en energía inmediata. Por eso es muy recomendable en todas las edades para recuperar energía entre comidas o mientras se está realizando un gran esfuerzo físico.

 

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