Claudio Nazoa Personalidades Entrevista

Claudio Nazoa: “Me hace feliz hacer feliz a la gente”

18 minutos de lectura
Por Katty Salerno

Claudio Nazoa se confesó abiertamente feliz. Feliz a pesar del chavismo. Feliz porque así lo decidió y por una lección de vida que aprendió de su padre, el gran poeta y escritor Aquiles Nazoa, quien le enseñó que es posible ser feliz hasta con las cosas más sencillas. Es una felicidad que se retroalimenta de hacer feliz a los demás, ya sea brindándoles ratos de humor o una rica comida, lo que, junto con escribir, hacen plenamente feliz a este pisciano que acaba de cumplir 70 años.

Aunque parezca inmodesto, Claudio Nazoa asegura que ha logrado darse a conocer por sí mismo y no por ser el hijo del escritor, poeta, humorista, ensayista, periodista y uno de los más importantes expositores de la cultura popular venezolana. “Pero no fue fácil – advierte – porque cuando uno es hijo de una persona como Aquiles Nazoa o Rómulo Gallegos o Arturo Uslar Pietri uno carga, de alguna forma, una responsabilidad que no es de uno, sino que la hereda. Yo, además, admiro a mi papá como escritor y como personaje público, como lo puede admirar cualquier venezolano. Entonces es doble responsabilidad».

“Yo de vainita no fui parcha…» (risas), contó a Curadas en entrevista concedida poco antes de viajar a España y Francia junto a Laureano Márquez, donde esperan a que se levante la cuarentena decretada debido a la enfermedad del coronavirus para poder cumplir con los compromisos contraídos.

«De niño me gustaba la cocina y jugar con muñecas, y no me gustaba el béisbol. Y así como aprendí de mi papá lo del humorismo, aprendí de mi mamá lo de la cocina”, acotó.

¿Cómo empezaste con el humorismo?
Cuando me vi la cara… (Risas)

Empecé haciendo presentaciones con las marionetas y los títeres. Entre un acto y otro, hacía comentarios y me di cuenta de que a la gente le divertía lo que yo decía. Entonces un día saqué a las marionetas y los títeres y me quedé yo solo.

Aunque en esa época era un poco mal visto trabajar en sitios nocturnos, se arriesgó a hacerlo y fue eso lo que marcó el inicio de su carrera como humorista profesional. El gran boom vino con La Guacharaca, un centro nocturno que el escritor y editor Ben Amí Fihman abrió en Parque Central y que vivía lleno de gente, donde también nacieron muchos otros grandes humoristas de la actualidad, entre ellos Er Conde del Guácharo, Laureano Márquez, Emilio Lovera, Carlos Donoso.

“¡Como era la vida en ese momento!”, recuerda Claudio.

“Como profesor de Arte y funcionario público que fui durante 17 años, llegué a ganar 3.410 bolívares, que era un excelente salario porque me permitió comprar apartamento, tener carro, viajar y pasarla bien. Pero cuando empecé en La Guacharaca pasé a ganar 1500 bolívares diarios y trabajaba cinco días a la semana. ¡Entonces dejé de ser profesor, por razones obvias! Desde ahí hice de esto mi verdadera profesión. Fue la vida la que me fue llevando hacia esto, no lo decreté.

¿Entonces no es verdad que eres psiquiatra?
Casi todo lo que yo digo es verdad, pero la gente no cree la verdad sino tiende a creer las mentiras. Yo escribí un libro que se llama Mi vida de monja y allí dije: “Claudio Nazoa, cizañero, embustero, es capaz de engañar, en este momento lo está engañando…”. Después de un punto y aparte, agregué: “Se graduó de médico psiquiatra con grandes honores…” y de ahí en adelante me quedé con eso de que soy psiquiatra, a pesar de que acababa de decir a la gente que la estaba engañando…  Es la gente la que se deja engañar…

O sea que tienes mucha labia y logras convencer…
Sí. ¡Si no sería virgen todavía! (Risas) A todas las mujeres que he conquistado ha sido por pura labia y por saber cocinar, porque con esta cara y este cuerpo no habría podido levantarme a ninguna…

El humor, una herramienta para la felicidad

Claudio Nazoa también es conferencista motivacional, y en esto es sumamente serio. “Muchas empresas nos contratan para dar charlas a sus trabajadores, para darles ánimo, para que no se vayan. El humor es una herramienta increíble para llevarle mensajes positivos a la gente. Yo soy muy positivo en la vida. Trato de que la vida sea siempre bonita, trato de que la gente la pase bien. Entonces también aprendí a ganarme la vida con eso.

Y lo de cocinero, ¿es cierto?
Sí, eso también es verdad. Eso lo aprendí de mi mamá, que ha sido siempre una excelente cocinera. En mi casa siempre hubo muchas necesidades por las cuestiones con mi papá, porque los trabajos eran difíciles, porque era perseguido. Yo tenía cinco años cuando nos fuimos al exilio en Bolivia, donde permanecimos por tres años. Primero se fue él y como a los seis meses nos fuimos nosotros. Fue una situación terrible porque mi papá a duras penas tenía trabajo. Pero nunca pasamos hambre y comíamos buenísimo. ¿Por qué? ¡Porque mi mamá era una excelente cocinera! Y yo aprendí de ella.

Familia que cocina unida…

Por eso la familia de Claudio Nazoa siempre se ha reunido alrededor de la buena mesa, ha mantenido ese ritual por la cocina, por lo gastronómico: gracias a las recetas de su madre, doña María, que ahora han heredado sus descendientes. “Ahí está Sumito, mi sobrino, hijo de mi hermano mayor, que también es cocinero. Sumito empezó a ayudarme a cocinar encaramado en unas gaveras de refresco cuando tenía como 9 años. Mi hijo Daniel, aunque estudió cine, ahora se gana la vida como cocinero en Francia, lo que no es nada fácil por lo exigente que es la cocina francesa. Mi sobrina Patricia Nazoa, hija de mi hermano menor, también es chef y tiene un restaurante en Francia.

Cuando en mi casa mi esposa me dice que no hay comida, le respondo ´cómo es la cosa´. Y abro la nevera y empiezo a sacar potecitos y una cebolla de por allá y con eso le pongo una mesa bien puesta. ¡Eso lo aprendí con mi mamá!

¿Cuál es la receta para ser feliz?
Ser feliz es una decisión personal. La felicidad es un deber y un derecho que tenemos todas las personas, incluyendo los venezolanos. Uno tiene que escoger, en un momento determinado de la vida, si quiere ser feliz o no. Es una decisión que hay que tomar no por Chávez o por Fidel Castro, sino por uno. Yo quiero que mi vida sea chévere para mí y para las personas que me rodean. La vida que nos toco es esta.

Tengo una hija de 16 años y quiero que sea feliz, y le enseño lo mejor que puedo para que ella sea feliz y para que se defienda. Yo traté de que mi hijo mayor no se fuera del país, pero me dijo que él quería ser feliz, tal como lo he sido yo. Y fue una buena decisión, porque ahora es feliz en Francia. Uno puede ser feliz en cualquier parte y en cualquier momento, hasta en Venezuela. Aunque yo no puedo ser feliz sino en Venezuela. Yo me siento feliz es en Venezuela, no con el gobierno de Venezuela. Independientemente del gobierno que tengamos, yo me voy a sentir bien porque así lo he decidido.

Un ñangara en la Casa Blanca

Claudio Nazoa viene de una Venezuela en la que era posible ser empleado público sin que le obligaran a sacar un carné que lo identifique como miembro del partido de gobierno. Incluso siendo simpatizante de la izquierda, fue funcionario del Ministerio de la Juventud. En tal condición representó a Venezuela en el XIII Festival Internacional del Títere que se realizó en 1980 en Washington, D. C. ¡Y hasta lo dejaron entrar en la Casa Blanca!

¿Ya no eres de izquierda?
¡No, ni de vaina! Ahora soy derechoso. Es que esto que está mandando hoy en el país no es izquierda: esto es peor que todo lo peor de la izquierda y todo lo peor de la derecha. Esto es algo nuevo, inventado por ellos. Mi posición ahora es la siguiente: si Pinochet era de derecha, yo soy de izquierda. Y si Chávez era de izquierda, yo soy de derecha. Lo importante no es si se es de izquierda o de derecha, sino no ser como ellos.  Esto es lo que yo creo en este momento, pero eso va cambiando. Eso de izquierda o de derecha ya casi no se usa. Ahora haces las cosas bien o las haces mal. Haces feliz a la gente o la haces infeliz.

¿Y a ti, qué te hace feliz?
Me hace feliz hacer feliz a la gente, hacer reír a la gente. Por eso también cocino, porque eso hace feliz a la gente. Ver que yo pueda hacer feliz a la gente, me hace feliz a mí también. Así no sean muchas las personas a las que uno pueda hacer feliz, así sean dos o diez. A mí me gusta cuando salgo al escenario y hago feliz a la gente…

Haces lo que te gusta y además ganas dinero con eso…
Es que ahí está el secreto de la felicidad: que puedas hacer lo que tú sabes y te gusta hacer (…) y te puedas ganar la vida haciendo eso.  Yo siempre trataré, por mi propia felicidad, de sacarle provecho económico a las tres cosas que yo creo saber hacer y me gusta ser: cocinero, humorista y escritor. He logrado hacer de esas tres cosas mi forma de vida, de ganar dinero para poder vivir (…) Hacer cualquier cosa, la que sea, solo por necesidad, es horrible…

Pan y títeres

También le hizo muy feliz ser profesor de Arte. Eso le dio la oportunidad de trabajar con niños de zonas humildes de Caracas, donde no solo montaba espectáculos con sus títeres sino que también los enseñaba a hacer pan. “Recuerdo que en el 23 de Enero había un club de madres al que los niños iban en horas que no tenían clases. Allí había una cocina donde enseñaba a los muchachos a hacer pan. Era increíble ver a niños de 8, 9, 10 años aprendiendo a hacer pan y llevándoselos para su casa.

Hace como cuatro o cinco años yo iba por la avenida Libertador y de pronto aparece un camión de la Polar, toca la corneta y empieza a acercarse a mí, casi arrinconándome. Y entonces dije ´¡qué le pasa a ese loco!´ y me metí en un sitio para protegerme. De pronto se asoma el conductor y me grita “¡profeee, yo todavía hago los panes que usted me enseñóóó. Graciasss!”.

Eso – contó Claudio con una lágrima a punto de correr – me hizo inmensamente feliz, porque ese hombre que es hoy se acuerda de mí y de lo que aprendió cuando era un niño de 8 o 9 años.

Pero hacer reír a la gente a veces no resulta fácil incluso para humoristas tan veteranos como Claudio Nazoa o Laureano Márquez. Eso les pasó en una presentación que hicieron en Tel Aviv ante un público de cerca de 500 personas, en su mayoría venezolanos.

“Empezamos a hablar con la gente. Había muchos jóvenes, en promedio de 40 años. Preguntamos cuántos ingenieros había ahí, y un montón levantó la mano. Preguntamos cuántos médicos había ahí, y levantaron la mano como cien. Estábamos en eso cuando de pronto nos damos cuenta de que la gente estaba llorando. ¡No sabíamos qué hacer! Entonces les preguntamos que por qué lloraban, y una señora respondió que era porque querían disfrutar de ese espectáculo… pero en Venezuela…

En ese momento la lágrima ya no pudo ser contenida. Ni Claudio pudo seguir hablando. Se levantó, dio por terminada la entrevista y se despidió con la excusa de que tenía que ir a buscar a su hija al colegio…

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2 Comments

  1. Que grandiosas personas reunen en esta parte de la web, enriquecen, honran y nutren la vida de los verdaderos venezolanos, definidos no por su poder económico, sino porque muestran ser especiales siendo humildes, honestos y verdaderos artistas de corazón.

    Que Dios los bendiga, proteja y les dé un Buen Lugar en donde descansar cuando les toque ir a acompañar a los ángeles de la creación, pues bastantes luces se necesitarán para reconstruir este gran país.

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