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Leonardo Aranguibel: “Soy la prueba viviente de que ver mucha televisión de niño no hace daño”

Leonardo Aranguibel es un ejemplo de que el talento y el esfuerzo conducen al éxito. En su camino al cargo de director de producción que desempeña en Disney Media Distribution (DMD), empresa de The Walt Disney Company, le ha tocado desde hacer comida para vender hasta trabajar de repartidor. Pero nada de eso le avergüenza, porque le permitió un día conocer a Juan Gabriel y proponerle la idea original de la serie Hasta que te conocí, sobre la vida del gran compositor e intérprete mexicano, uno de los éxitos que atesora este venezolano que hoy juega en las grandes ligas de la industria del entretenimiento.

“No le tengo miedo a enfrentar retos”, dijo Aranguibel a Curadas en esta entrevista vía WhatsApp desde Miami, donde vive hace casi 20 años, en la cual nos contó todo lo que ha hecho para formarse y destacarse en este competitivo mundo del espectáculo.

“Yo siempre digo a manera de broma, pero también con cierta convicción, que soy la prueba viviente de que ver mucha televisión de niño no hace daño, o al menos no hace daño a todos los niños. Yo era fanático de El zorro, de Perdidos en el espacio, de Meteoro... ¡No es que las veía, las devoraba! Para mí era un disfrute muy especial cada vez que empezaba a sonar el tema de El zorro y aparecía Bernardo, el mayordomo que supuestamente era sordomudo… ¡Lo disfrutaba tanto!”, contó.

Tiene una memoria prodigiosa para recordar momentos y hechos importantes que marcaron su vida, pero mucho más para no olvidar los nombres de los amigos que le han tendido la mano en el trayecto. Si en esta entrevista no reproducimos tooodas las cosas buenas que dijo Aranguibel de tooodos sus amigos, en especial del gran fotógrafo artístico Luis Brito, que también era su tío, y del director de cine Iván Feo, no es por mezquindad de él, sino porque nos vimos obligados a editarlo para que no se hiciera tan larga la nota.

A day in the life

Recuerda, en particular, dos momentos que le abrieron los ojos y le señalaron el rumbo. El primero fue a los 7 años. Su padre, el periodista y escritor Osmán Aranguibel, era entonces el director de Cultura de la Universidad de Oriente (UDO). Muchas veces, al salir del colegio, el pequeño Leonardo se iba a la oficina de su padre y allí hacía las tareas. Una de esas tardes se quedó para ver la obra de teatro Los fusiles de la madre Carrar, de Bertolt Brecht, que presentaba el grupo de teatro de la Universidad Central de Venezuela (UCV).

“La protagonista de esa obra, confirmé años después, era nada más y nada menos que la gran actriz del teatro venezolano Erubí Cabrera, de quien me convertí en su amigo con el tiempo. Yo me quedé dormido en la obra, según recuerdo, pero luego me fui espabilando en la medida en que me llamaba la atención lo que estaba viendo”.

El otro, cuando tenía 10 u 11 años. “Mi tío era fotógrafo del Inciba (que luego pasó a ser el Conac) y lo enviaron a hacer unas fotos de un montaje que estaba haciendo El Nuevo Grupo de la obra Ricardo III, que protagonizaba José Ignacio Cabrujas. Yo estaba sentado en primera fila y cuando terminó el ensayo, que era con vestuario, bajó del escenario Ricardo III, porque fue él quien bajó. Con aquella voz gruesa, terrible, que tenía, Cabrujas me preguntó: ´oye, carajito, ¿eres el sobrino de Brito?´ Eso me impresionó muchísimo. Se me quedó grabado para siempre que Ricardo III, con su joroba y todo, me dirigiera la palabra. En ese momento sentí que ese era el mundo al que yo quería pertenecer. Ese lo identifico como el momento en el que decidí que esa era la vida que yo quería llevar”.

Buscando beca para un sueño

Siendo aún menor de edad, Aranguibel comenzó a trabajar en la industria del cine nacional. La primera película en la que tomó parte fue Se llamaba SN, dirigida por Luis Correa, donde era el responsable de la claqueta. La segunda fue País portátil, dirigida por Iván Feo y Antonio Llerandi, donde era una especie de asistente de dirección. Y a los 19 años decidió irse a Inglaterra.

¿Por qué Londres?
Voy a aprovechar para hacer públicamente esta confesión que conoce solo la gente que me conoció muy de cerca en esa época. Me fui a Inglaterra persiguiendo a un amor platónico: la bailarina y coreógrafa Luz Urdaneta (fundadora y directora artística de la compañía Danzahoy), que estudiaba danza en Londres, donde también había una escuela de cine buenísima. Me fui siguiéndola a ella y también para perseguir mi sueño. El primer sueño no se concretó, pero me alegra que hayamos sido amigos y trabajado juntos toda la vida.

Me fui a lo loco a tratar de conseguir la inscripción. Me habían dicho que debía ser aceptado en una escuela para poder tramitar una beca, pero en la escuela no me daban la inscripción si no tenía una beca, o sea que era el juego del huevo y la gallina. Entonces dije: me voy a Londres, hago todo lo posible para que me permitan entrar y una vez adentro, mando los papeles para ver si me dan la beca. Logré que me aceptaran en la escuela, porque causé muy buena impresión entre los directivos de la London International Film School, una de las mejores escuelas de cine al día de hoy. 

Me enorgullece mucho haber estudiado allí aunque fuese unos trimestres, que fueron los que pude cursar. Tuve que regresar porque no conseguí la beca. Yo trabajaba en lo que podía para mantenerme. Mis hermanos y mis amigos me mandaban dinero, porque sabían del esfuerzo que estaba haciendo y querían ayudarme a que lo lograra, pero no fue suficiente. Sin embargo, aprendí muchísimo y además me consolidó en lo que quería hacer, me consolidó en mi sueño. Ese viaje convirtió mis sueños en una determinación y cuando regresé a Venezuela ya sabía que no había marcha atrás. 

Con una pequeña ayuda de sus amigos

Al regresar de Londres se inscribió en la Escuela de Comunicación Social, donde también podía formarse en el área audiovisual. Esta carrera igual le interesaba, influenciado por su padre, quien se graduó de periodista en la UCV, y por el ambiente cultural en el que se desenvolvía gracias a la guía de su tío, el Gusano, como lo llamaban sus amigos.

“De la escuela en Inglaterra no obtuve ningún título, aunque en realidad fui allá a aprender, no a que me dieran un título. Uno, al final, trabaja con lo que aprende, no con los títulos que tiene colgados en la casa”, reflexionó Aranguibel.

Por ese tiempo se creó la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de Venezuela, un proyecto apoyado por todos los canales de televisión del país, públicos y privados. La idea era formar talento para la televisión en Venezuela, que aún era un poco provinciana.

“Iván Feo, que como notarás nombro mucho, junto con Luis Brito, porque fueron como unos padres para mí, me dijo que la Academia iba a abrir un curso para directores de televisión, el primero que se hacía en Venezuela. Él, como director de cine, se interesó en hacerlo y nos inscribió a los dos. Ese curso costaba alrededor de 4.000 dólares al cambio de ese momento, monto que todavía hoy sigue siendo una cantidad de dinero muy importante. Aun así, él pagó mi inscripción, gesto que le agradeceré toda mi vida”, recordó.

He works hard for the money

Se enfocó entonces en el curso de dirección de televisión, al ver las oportunidades laborales que se abrían en este campo. Se dio cuenta, también, de que tal vez no podría hacer cine, que era su anhelo. Para esa época ya había bajado muchísimo la producción cinematográfica en Venezuela.

En el primer Gobierno de Carlos Andrés Pérez (1974-1979) la producción en el cine venezolano había sido muy alta, con un promedio de hasta 30 y 40 películas por año. Con el Gobierno de Luis Herrera Campíns y la crisis que condujo a la devaluación del bolívar, el llamado Viernes Negro, mermó mucho el apoyo institucional que se le daba a la industria del cine y el mercado de trabajo se achicó mucho, lo que no era alentador para alguien que recién llegaba al país.

“¡No tienes idea de todo lo que tuve que hacer en ese momento! Eso fue en 1983 y después te diré por qué recuerdo la fecha con tanta exactitud. Hacía el curso de dirección, de 7 a 9 de la mañana, de lunes a viernes; trabajaba en las tardes como redactor, estudiaba de noche en la universidad y hacía comida para vender. Me levantaba a las cuatro y media de la mañana y preparaba todo lo que se iba a cocinar. Tenía dos ayudantes, un hermano y un primo. Hacíamos todo eso en casa de mi mamá, que nos permitía usar su cocina.

A las 6:15 tomaba un carrito en El Marqués, donde vivía, para irme a la Academia, que quedaba en Parque Central. Y como debía ser excelente estudiante, no podía faltar ni llegar tarde ni dejar de estudiar, aunque la mayoría de las veces estudiaba era en el carrito, durante el trayecto, porque era el único tiempo que tenía libre.

Salía del curso a las nueve y volaba a la casa. Cuando llegaba, los muchachos ya habían picado y adelantado lo que podían y entonces yo hacía la comida. La envasábamos y nos íbamos en el carro de mi primo a la Torre de la Prensa, donde teníamos nuestra clientela, en la Plaza del Panteón. Tomábamos la Cota Mil y en el camino, apurado, me comía uno de esos mismos almuerzos para poder aguantar el resto del día. A mí me dejaban en plena Cota Mil, a la altura de La Florida, y caminaba hasta la casa del MAS, donde me habían contratado como redactor creativo de la campaña de Teodoro Petkoff, quien se había postulado a las elecciones presidenciales de 1983.  Por eso recuerdo el año con exactitud.

Trabajaba toda la tarde y a las 5:30 terminaba. Me iba a pie hasta la Plaza Venezuela, para entrar a la Escuela de Comunicación Social. Oía clases hasta las 9:30 o 10 de la noche. Si no me daba alguien la cola, me tocaba caminar por el bulevar de Sabana Grande para tomar un carrito que me llevara de regreso a El Marqués, adonde llegaba a las 11 u 11:30 de la noche. Bueno, eso si no me encontraba con alguien conocido en El Gran Café, que a esa hora estaba siempre lleno de gente. Y al día siguiente me volvía a levantar a las 4:30 de la mañana”.

Y los fines de semana tampoco descansaba. Los viernes en la noche se iba a Belén, la cuna del queso de mano, una localidad que queda entre Aragua y Carabobo. Dormía la noche dentro del carro para comprar bien temprano, recién hechos, una caja de quesos de mano y cachapas de hoja. “De ahí me venía directo y me paraba frente a la discoteca Hawaii Kai, que queda o quedaba en Bello Monte. Allí mi primera esposa, Diana Vilera (de quien también dijo cosas maravillosas), vendía las cachapas y los quesos de mano.

«Esa fue mi rutina en ese periodo”.

Su gran oportunidad

El aliciente más importante para hacer el curso fue la oferta que hizo Radio Caracas Televisión (RCTV) de contratar como director al mejor estudiante. “Eso nos entusiasmó mucho a todos, pero yo, en particular, decidí que esa sería mi gran oportunidad. Además, no podía quedar mal con Iván Feo, que me había regalado el curso. Me sentía obligado a ganarme esa oportunidad, por la cual luché.

Al final, tres estudiantes quedamos empatados con la máxima calificación, 20 puntos. Luis Manzo, uno de los más grandes directores en el género de la telenovela, aunque también ha hecho cine y series en México, EE. UU. y Colombia, entre otros países, y con quien sigo en contacto; Henry Ramos, que hizo carrera más como productor que como director, y yo. RCTV nos llamó a los tres. Cuando fui a la entrevista, el jefe de producción me ofreció un puesto como editor. No lo acepté, porque no era eso lo que quería hacer ni era en lo que me había formado. A él no le gusto mi respuesta y decidió no contratarme.

Pero igual me iba todos los días al canal y me paraba en la puerta a ver si me encontraba con alguien conocido. En una de esas salió Alejandro García, que era el gerente de producción – y un gran venezolano, extraordinario ejecutivo de televisión internacional que lamentablemente falleció muy temprano en un accidente doméstico. Hablar de él sería tema para una entrevista completa – y me preguntó si ya había empezado y le dije que no. Le conté lo que había ocurrido. Gracias a él, entré como director en RCTV.

Un agradable calor

“Eso me cambió la vida”, continuó.

Uno de los momentos más satisfactorios en RCTV, ya como productor, fue cuando hizo A toque, con Erika Tucker. Fue un programa dedicado a las grandes bandas venezolanas de rock que se convirtió en referencia de las corrientes musicales de vanguardia en Venezuela. “Fue una idea original de ella que presentamos como tesis de grado, gracias a lo cual finalmente me gradué en 1987 (…) Todavía tengo mi foto abrazado con Erika el día que recibimos nuestros títulos en el Aula Magna. Uno de los momentos más emocionantes de mi vida”.

Como periodista, también hizo algunas cosas. Trabajó en la revista Feriado, que circulaba con El Nacional, y estando allí, José Calvo Otero, directivo de la empresa, le propuso dirigir la revista Summit, una idea de Miguel Enrique Otero, la cual circuló por año y medio. “Fue un proyecto que me dejó una gran satisfacción profesional. Era una revista mensual sobre temas internacionales y suscrita a grandes publicaciones internacionales como Harvard Business Review, la Deutsche Welle o Le Figaro«.

En octubre de 1995 vino el gran salto a HBO, que iniciaba operaciones en Latinoamérica. “En A toque trabajó con nosotros un joven que acababa de llegar de Estados Unidos muy bien preparado, con estudios de muy alto nivel, y con quien Erika y yo tuvimos una excelente relación profesional. Al llegar a Venezuela empezó desde abajo, como asistente de edición en una compañía que nos prestaba el servicio de postproducción para nuestro programa. Él es Carlos Abascal, quien tuvo una carrera meteórica y llegó al cargo de gerente general de canales para América Latina de HBO.

Un día nos encontramos en un restaurante y me comentó que recordaba mucho la época en la que habíamos trabajado juntos, cuando yo fui su jefe. Ese agradecimiento permitió que Carlos, muy generosamente, me invitara a formar parte de HBO. Allí comencé con la producción de un canal musical, que después se convirtió E! Entertainment, que fue creado para competir con MTV en América Latina. El canal original duró poco tiempo por desavenencias entre los socios y a mí me pasaron a HBO, donde llegué a ser vicepresidente de producción de HBO y Cinemax para América Latina. Ese también fue un gran momento en mi vida. Fueron siete años en los que hicimos un montón de cosas maravillosas. Sería injusto enumerarlas porque me saltaría algunas de ellas”.

Llevo tu luz y tu aroma en mi piel…

La salida de Aranguibel de HBO coincidió con el giro político que se dio en Venezuela a partir de 1998. En los primeros años del nuevo siglo la situación en el país se empezó a poner cada vez más conflictiva, más polarizada, hasta que ocurrieron los hechos de abril de 2002.

“Yo salí de HBO a finales del 2001 y estaba considerando una importante oferta de trabajo en Venezuela, y por eso nos mantuvimos en el país hasta los primeros meses de 2002. Pero el domingo 14 de abril reuní a mi esposa, Moira Angulo, que también es periodista y trabajaba como productora, y a mis hijos, que estaban pequeños. Yo estaba sin empleo y era mi responsabilidad proveer para ellos. Fue entonces cuando tomé la decisión de salir del país.

Al llegar a Miami fue muy difícil. Los primeros años fueron de muchísimo trabajo para mi esposa y para mí. No me avergüenza decir que hicimos comida para vender y que también trabajamos como repartidores de encomiendas. Yo decía que éramos unos ´autorizados´, porque hacíamos las entregas en auto, no en moto: por eso no éramos ´motorizados´ sino ´autorizados´ (Risas). Pero eran cosas que podíamos hacer aunque no tuviéramos permiso para trabajar.

De una manera u otra el río se encauzó de nuevo y terminé consiguiendo, gracias a la inmensa ayuda que me dio un venezolano, José Vicente Scheuren – él y su familia son dueños de una empresa histórica en Venezuela, Cine Materiales, y su padre fue uno de mis grandes maestros – la oportunidad de dirigir una telenovela de la cual él era el productor. Y eso nos cambió la vida de nuevo, porque me permitió obtener el estatus legal para poder estar aquí”.

When you wish upon a star

La conexión con Disney se dio también a través de otro gran amigo de su juventud. Es Marcos Santana, a quien considera “el venezolano más exitoso internacionalmente de la televisión”. “Marcos me ayudó muchísimo en todo lo que pudo cuando yo llegué a Miami. Fue también quien me presentó al ejecutivo de Disney que es hoy en día mi jefe”.

Así fue como llegó en agosto de 2005 al cargo de director de producción en Disney Media Distribution (DMD), responsable de la distribución de programas entretenimiento, sean o no de The Walt Disney Company, en unas 1300 televisoras en 240 países.

“Es un trabajo bastante complejo, aunque cuando empecé prácticamente no se hacía nada. En ese entonces estaba yo solo en ese departamento de producción que tenía como objetivo diseñar y crear proyectos, y después contratar a las casas productoras, a los escritores y dirigir el proceso de la ejecución de ese proyecto.

Desde el comienzo tuvimos éxitos extraordinarios, como Amas de casa desesperadas, que se hizo en Estados Unidos, Argentina, Brasil, Colombia, México con destacadísimas figuras como Sonia Braga, Cecilia Roth, Sofía Vergara, Lucía Méndez, serie que ocupó lugares topes en América Latina. De allí en adelante ya fue, no voy a decir que coser y cantar, pero sí fue un gran esfuerzo que empezó a crecer y crecer hasta que llegamos a las producciones originales”.

Hasta que te conocí

La primera de esas producciones originales ha sido, también, la más exitosa: Hasta que te conocí, la serie sobre la vida de Juan Gabriel.

“Nosotros llevábamos casi siete años intentando contactar a Juan Gabriel, sin éxito. El solo intento de hablar con él nos llevó todo ese tiempo. Hasta que llegó una venezolana, amiga de él y a quien yo también quiero mucho, porque fuimos compañeros de estudios en la UCV, y nos hizo la conexión. Ella es Mary Black-Suárez, casada con un altísimo ejecutivo de la televisión hispana en Estados Unidos, Cisco Suárez, y quien ha hecho una carrera extraordinaria acá, especialmente en el mundo de la música. Mary es, probablemente, la mejor productora de eventos en vivo para hispanos.

Mary era muy amiga de Juan Gabriel precisamente por su conexión con el mundo de la música y porque Juan Gabriel tenía un cariño muy especial por los venezolanos. Ella habló con él, pero aun así estaba renuente a aceptar nuestra idea porque era muy reservado con su vida privada.

Entonces Mary le entregó una propuesta que le escribí donde le explicaba cómo era el diseño que imaginaba para la serie, para interesarlo en nuestro proyecto. También le escribí una carta personal donde le contaba lo que él significaba para mí o, más bien, para los venezolanos de mi generación. Hubo una época, en mi juventud, en la que no había fiesta o reunión de amigos en la que no terminara uno cantando a las cinco de la mañana Querida o Hasta que te conocí o cualquier otra canción de Juan Gabriel. Le conté eso, lo que él significaba para los venezolanos, y de por qué quería tener la oportunidad de hacer una serie sobre su vida.

Don Alberto Aguilera – ese era su nombre real – le dijo un día a Mary ´dígale que venga para conocerlo´. Así pude llegar hasta su casa, un complejo precioso, increíble, con teatro, con estudio de grabación, una cosa maravillosa que tenía entre Playa del Carmen y Cancún, en la Riviera Maya. La primera vez que hablamos fue en la cocina de su casa. Es una escena que nunca voy a olvidar. Me invitó a sentarme en su mesa y empezamos a conversar y ahí estuvimos hasta altas horas de la noche. Ya a la una de la mañana yo sabía que él iba a decir que sí y él también, porque me dijo ´ya sé que voy a terminar haciendo esto´.

¿Qué te dijo él acerca de los venezolanos?
Me contó que el primer país al que viajó, para lo cual tuvo que sacar por primera vez su pasaporte y su cédula de identidad, porque tampoco la tenía, fue Venezuela. Y que lo recibieron de una manera tal que él jamás lo pudo olvidar. Lo recibió hasta el presidente de la república, creo que era CAP en ese momento, y eso lo sorprendió muchísimo.

Imagínate lo que eso puede significar para alguien que vivió en esa pobreza extrema como la que él tuvo en su niñez, que vivió en un orfanato durante ocho años, hasta que cumplió los 15. Y apenas 6 o 7 años después está siendo recibido por el presidente de un país donde, además, lo trataron como a un gran ídolo, aun cuando él todavía no se sentía como tal, porque apenas estaba empezando su carrera. Él nunca olvidó eso. En esa primera conversación que tuvimos en su casa, el me manifestó ese gran afecto por Venezuela y por los venezolanos.

Y bueno, de ahí en adelante se inició un proceso que terminó en lo que tal vez… Digamos, es muy difícil medir la carrera de uno por proyectos, pero si hay alguno que me ha impactado más por la reacción del público, es este. Es increíble lo que se logró en las audiencias, lo que dijo la gente. Yo recibí cartas, que aún conservo, con frases que nunca olvidaré, que nunca había recibido en toda mi carrera.

What a wonderful world

¿Qué sentiste cuando empezaste a trabajar en Disney?
Me gusta mucho que me hagas esa pregunta porque, en efecto, tengo grandes recuerdos de esos momentos.

Hay un evento muy importante que es el L. A. Screenings, donde todos los grandes estudios y productoras muestran los pilotos o primeros episodios de sus nuevas producciones a ejecutivos, productores, distribuidores, etc. En el primero al que fui – de los 15 o 16 que llevo en fila, el de este año lo suspendieron por la pandemia – cuando apagan la luz y empieza la primera proyección – creo que era Lost, eso no lo recuerdo muy bien – te juro que se me aguaron los ojos porque no podía creer que a mí me pagaran por hacer lo que me ha gustado más toda la vida, desde que era un niño, que es ver televisión. ¡Me pagan por ver televisión y por hacer lo que me gusta!

Es un trabajo y es sumamente exigente y demandante, ¡pero es lo que amo hacer!

¡Debes ser muy feliz, entonces…!
Hubo un punto en mi vida, hace algunos años, en el que pude escoger entre ser feliz o dejarme llevar por lo que la vida me determinara. Y yo escogí ser feliz. Enfrento todas las situaciones con el vaso medio lleno, buscando siempre el lado positivo a todo, y esa es una de las razones por las que no me rindo en ningún momento. Tal vez será por eso que no le tengo miedo a enfrentar retos, a cambiarme de trabajo, a migrar, porque tengo esa determinación de que siempre las cosas van a estar mejor, y que eso va a depender de mí. No hay loterías, no hay carreras de caballo, no hay atajos, no hay golpes de suerte. Lo que hay es trabajo y trabajo y el trabajo depende de uno, de lo que uno esté dispuesto a hacer.

¿Y también eres feliz en tu vida familiar?
Sí, también he sido muy feliz en mi vida familiar, como esposo y padre. He dedicado mi vida a eso, he concentrado todos mis esfuerzos en mi vida familiar. Con mi actual esposa y mi esposa para siempre, Moira, la madre de mis hijos. Ya tenemos un montón de años juntos… Yo no sé si estas cosas se deban decir públicamente… (Risas).

Texto Katty Salerno

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2 respuestas a “Leonardo Aranguibel: “Soy la prueba viviente de que ver mucha televisión de niño no hace daño””

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