El madrugonazo que dejó sola a María Corina Machado

Por Marc Tecnólogo.

En la política venezolana no hay casualidades, solo transacciones. La aparición de Dinorah Figuera en el Palacio Federal Legislativo el 18 de junio de 2026 no fue un acto de audacia democrática. Fue la escenificación pública de un traspaso de interlocución.

Figuera, presidenta de la Asamblea Nacional electa en 2015, llegó a Caracas procedente de Miami tras casi ocho años de exilio en España. No llegó por iniciativa propia: el Departamento de Estado celebró el encuentro y lo describió como la hoja de ruta para un diálogo político sobre la transición. Horas después se reunió con Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional designado por la mandataria encargada, Delcy Rodríguez, para el diálogo político. De ese encuentro salió una «mesa técnica y política paritaria» con una agenda de tres pilares: fortalecimiento institucional, paz social y, en el centro de todo, un nuevo Consejo Nacional Electoral.

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La grieta no es retórica, es de calendario

El dato que el ruido comunicacional intenta diluir es este: la oposición ya tiene dos interlocutoras ante Washington, y no se reconocen entre sí más que a medias. Cuando un periodista le preguntó directamente dónde queda María Corina Machado en este esquema, Figuera no la desconoció pero tampoco le cedió el terreno: reconoció que la líder opositora «tiene una visión completamente diferente a la mía» y zanjó el asunto apelando a la institucionalidad antes que al liderazgo: ella es, dijo, la presidenta de la Asamblea Nacional, y eso —no las primarias de 2023— es lo que la habilita para sentarse con Jorge Rodríguez.

Machado, por su parte, no ha dicho una palabra sobre la visita. Ese silencio es el dato más elocuente de la semana. No es respaldo ni es ruptura: es la prueba de que el madrugonazo la tomó sin libreto de respuesta.

El verdadero contrato no se firmó en Caracas

La maniobra cuenta con la firma de Washington desde antes del primer apretón de manos. Marco Rubio ya había anticipado a comienzos de junio que Venezuela necesita «un nuevo comité electoral» para poder celebrar elecciones con garantías. La sincronización no es casual: el Departamento de Estado venía cultivando el canal con Figuera desde abril, cuando se reunió con un funcionario estadounidense para hablar de una transición «estable, ordenada y consolidada». Tres adjetivos que no son los de una ruptura revolucionaria, sino los de una gestión de salida pactada.

Esto es lo que cambia el cálculo: desde la captura de Maduro el 3 de enero, el gobierno interino de Delcy Rodríguez ha dado lo que medios internacionales describen como un giro copernicano hacia la cooperación con Washington, algo inédito desde antes de 1999. La pregunta que el G4 evita en público es si esa cooperación se está construyendo con la Plataforma Unitaria o a través de una facción funcional a ambos lados: el chavismo gobernante y la vieja guardia partidista de Primero Justicia.

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La trampa para María Corina Machado

El diseño deja a Machado en una posición incómoda sin necesidad de que nadie la ataque directamente. Si denuncia la maniobra de Figuera, corre el riesgo de que la pinten como el factor que entorpece «la unidad» frente a una negociación que ya tiene el sello del Departamento de Estado. Si guarda silencio —como ha hecho hasta ahora—, deja que la mesa técnica avance sin su firma, construyendo hechos consumados sobre el nuevo CNE que después le será más difícil de revertir o de reclamar como propios.

Lo que queda claro en este episodio no es que Machado haya sido derrotada formalmente: nadie le ha quitado un cargo que no ostentaba más allá del simbólico. Lo que queda claro es que, por primera vez desde la captura de Maduro, Washington tiene sobre la mesa una vía de negociación que no depende exclusivamente de ella. Y en política, perder el monopolio de la interlocución es, casi siempre, el primer peldaño de la irrelevancia.

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