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Huáscar Barradas: “Hay que atreverse a luchar por lo que queremos”

30 minutos de lectura

Por Katty Salerno

Huáscar Barradas no para. Desde que ofreció su primer concierto a los 12 años en Maracaibo, donde nació, este flautista que hoy goza de fama mundial se mantiene activo. Ni siquiera las restricciones que ha impuesto la pandemia del coronavirus han detenido a este excepcional músico venezolano. Por estos días está ensayando con su grupo para el concierto Canto desde El Ávila que ofrecerá el 28 de agosto en el Hotel Humboldt. “Queremos que este concierto sea una caricia para el alma” en medio de tantas cosas difíciles que está pasando la gente, dijo a Curadas.

“La idea me la propuso hace poco Luis Semprún. Visité el espacio, que tiene una acústica increíble, y comenzamos a movernos. Va a ser un gran espectáculo audiovisual con ocho cámaras y un excelente sonido, totalmente gratis para la gente. Va a ser un recorrido musical por toda Venezuela, por todos sus rincones, oriente, sur, los Llanos, los Andes, el Zulia, la costa central. Y tendremos a un gran invitado especial, Luis Fernando Borjas, de Guaco, gran amigo también. Será transmitido por Instagram Live a partir de las 7 de la noche (hora de Caracas), y pueden conectarse a través de mi cuenta(@huascarbarradas) o la del Hotel Humboldt (@hotelhumboldtve) para disfrutar del espectáculo.

Porque de eso se trata, de disfrutar un poco en medio de la pandemia y de todo lo negativo que pueda estar pasando, tantas situaciones difíciles que está pasando tanta gente. Queremos que este concierto sea una caricia para el alma, un momento de alegría. Que la gente disfrute no solamente en Venezuela, sino en todo el mundo, de buena música, de canciones que son como la historia de Venezuela; que todo el que quiera pueda, a través de esta plataforma, apreciar un concierto acústico de calidad. 

Alegría en tiempos de pandemia

El concierto será producto del esfuerzo de muchísima gente, incluyendo varias empresas del sector privado que se han sumado como patrocinantes. “Pensamos que como en este momento nadie está haciendo nada en particular, vale la pena hacer este acto simbólico de tocar desde lo alto de El Ávila hacia los cuatro puntos cardinales del país; porque desde allá arriba puedes ver hacia el mar Caribe, hacia Caracas, hacia el oriente y al occidente. Y se va a sentir eso, que es un concierto de Venezuela para todo el mundo”.

Pero eso no es lo único en lo que anda Huáscar Barradas. En estos días fue a Valera y tocó para las enfermeras, los médicos, el personal y los pacientes de una clínica, a fin de llevarles un poco de alegría en estos tiempos de pandemia. Y dos días antes pasó por Acarigua y tocó a tres metros y medio de altura en una construcción que encontró en el camino. También lleva 14 semanas dando clases de música gratis, los sábados, a través de su Instagram, para todo aquel que quiera aprender. “Siempre estoy haciendo cosas. Todos los que me conocen saben que soy una persona que siempre se está moviendo”.

¿Y qué más has hecho en la cuarentena?
Me puse a estudiar un programa de música y a estudiar piano. Estoy componiendo en computadora, perfeccionando eso, porque antes no sabía hacerlo. Y también estoy trabajando en un proyecto que se llama Harmony, que es una empresa que fundamos con Luis Semprún en Estados Unidos para tratar con música problemas de insomnio y otros trastornos del sueño.  Desde hace un año y siete meses estoy trabajando de lleno en esto, componiendo. Pensamos que este año la empresa saldrá al mercado mundial. Es un producto increíble que va a ayudar a mucha gente y que me ha ayudado a expandir lo que Huáscar Barradas, como artista, nunca pensó que iba a hacer cuando estaba estudiando en Nueva York o Alemania.

En busca de los sueños

Nacido el 14 de junio de 1964 en Maracaibo, estado Zulia, Huáscar Barradas formó parte de la primera Orquesta Infantil de Venezuela. A los 12 años ofreció sus primeros conciertos como solista y a los 17 recibió una beca para estudiar en Estados Unidos. Así empezó a perseguir su sueño de ser el mejor flautista del mundo.

En Estados Unidos se graduó Cum Laude como Bachelor in Music Performances. También estudió en el City College of New York con la leyenda del jazz, el bajista Ron Carter; y dirección de orquesta en la famosísima Escuela Julliard, con el maestro Vincent la Selva. Posteriormente obtuvo una beca del Gobierno Alemán que le permitió ingresar a la Escuela Superior de Música de Frankfurt.

Al regresar a Venezuela, Huáscar Barradas desarrolló un nuevo estilo basado en la fusión del folklore venezolano y latinoamericano, que nutrió también de las influencias que recibió en los 12 años que tuvo de formación en Estados Unidos y Europa

Hasta ahora ha grabado 18 discos, entre los cuales se incluyen tres discos sinfónicos, dos discos infantiles, dos discos navideños, dos discos con su Trío Acústico Venezolano, y nueve con su banda Maracaibo. También grabó dos DVD en vivo, Entre amigos, junto a algunos de los cantantes más importantes de Venezuela.

¿De dónde te viene tu talento musical?
Primero de Dios, porque evidentemente hay un ser que construye. Creo que hay algo que hace que cada ser humano tenga sus propias características. También hay una parte genética por parte de la familia de mi papá, que es de Barquisimeto.  Y formación, porque en mi casa se escuchaba mucha música, siempre hubo una apertura por parte de mi mamá para que escucháramos música y asistiéramos a conciertos, desde pequeños. Pero la decisión de que yo fuera músico no tiene que ver nada con mi familia. Fue una decisión de mi destino. Yo quería estudiar agronomía o zootecnia, porque me gusta ir al campo, estar con los animales. O jugar básquetbol profesional en la NBA. Esas eran mis otras pasiones.

¿Y ahora que eres músico, que más te apasiona?
Hay muchas cosas que me apasionan. Me gusta producir cosas, espectáculos. Me gustan mucho los animales. Escribir, o, mejor dicho, volar con mi imaginación, con mi creatividad.  Siempre ando en un vuelo constante tratando de buscar nuevas experiencias, nuevos sentimientos, nuevas sensaciones. Y eso lo consigues mirando a una puerta o a una guacamaya volar, o viendo una nube que se mueve lentamente o simplemente caminando. O sea, cada momento tiene algo mágico. Entonces, si lo miras desde este punto de vista, la vida en sí es magia también. Por eso digo que hay que aprovechar cada momento.

¿Sientes que lograste tu sueño de ser el mejor flautista del mundo?
No, por supuesto que no. Eso era una utopía de cuando era niño, que decía eso. Después, con los años, uno se da cuenta de que hay muchos mejores flautistas en el mundo, porque en cada momento siempre hay uno que es el mejor, siempre y cuando lo hagas con amor, con entrega. Si estás en la playa entregándole una serenata a la mujer que amas, de pronto en ese momento eres el mejor flautista del mundo porque se trata de un momento mágico para esas dos personas…

Sin embargo, yo creo que lo que he tratado de dar a conocer, mi apuesta musical, sobre todo la mezcla de la esencia de la música tradicional venezolana con esas tendencias modernas y todas esas cosas locas que vengo haciendo desde hace tantos años, ha tenido trascendencia por lo menos en Venezuela, en lo que respecta a cambiar la ruta musical venezolana como lo hizo Aldemaro Romero, por ejemplo. Me gustaría pensar que he tomado parte de la antorcha que nos dejó Aldemaro, mi amigo, mi mentor, y que hemos seguido tratando de expandir. Eso para mí es un modo de vida también. Ahora mi deseo es que la música trascienda más, que tenga mucho más espacio en muchos más corazones, pero ya eso depende del mercadeo y de mil factores… Con el tiempo uno se da cuenta de que no es tan fácil como creía.

La música y los viajes

También te gusta mucho viajar, ¿no?
Sí. Así como hay gente que aprende a través de los libros, yo digo que he aprendido con las vivencias que me ha dado la vida con la posibilidad de viajar. Hasta ahora son como 30 países los que he podido visitar y en los que he actuado. Viajo y disfruto al máximo los viajes. Si voy a Turén, disfruto de las cachapas que hace la gente allá; si voy a Malasia o Filipinas, como su comida, un pato crudo, por ejemplo; en Japón me voy al kabuki, que es el teatro milenario de ellos; y en Francia voy a los clubes para ver qué están haciendo en materia musical.

Siempre trato de ir a lugares especiales en cada país al que viajo, pero sobre todo lo que me gusta es conocer a la gente, porque si no conozco a la gente de ese país, creo que realmente no llegas a conocer a ese país. Eso para mí siempre ha sido una pasión en mi vida, desde chamito.         

¿Y cómo lo haces, porque esos viajes de trabajo son agotadores?
Yo trato siempre de planificarme, de organizar mi tiempo de manera que haya espacio para hacer esas cosas. Uno tiene que poner sus prioridades adelante. Yo puedo ir a una universidad a dar una clase magistral, por ejemplo, pero también coordino con los mismos alumnos para que después de la clase me lleven a un lugar que merezca la pena conocer. Y lo hacen. O a veces estoy en la sala donde nos vamos a presentar y hablo con los técnicos, y les digo que después del concierto quisiera ir a alguna parte para conocer. Cada vez que puedo, trato de tener aunque sea un día libre en cada viaje, después de trabajar intensamente.

Una vez estuve en Guárico con la orquesta sinfónica de allá y le dije al director que después de una semana trabajando me merecía un viaje al Delta del Orinoco, porque no lo conocía, y ellos se organizaron y me llevaron. ¡Fue una cosa maravillosa conocer el Delta del Orinoco y dormir a cielo abierto viendo la luna y las estrellas!

Hay viajes que son muy complicados y no puedo hacerlo, porque la agenda es muy apretada, pero cada vez que puedo trato de disfrutar. Creo que si yo conozco a la gente de cada sitio donde voy, puedo tocar mejor para ellos, porque puedo entender qué repertorio le puede gustar más. Es algo que tiene que ver mucho con mi personalidad, porque soy muy inquieto y siempre ando pensando, creando, descubriendo cosas. Es como un modo de vida, no lo hago para echármela de muy divertido, no, simplemente lo hago, es una forma de divertirme a mi manera, pero si estoy con gente que se mueve conmigo en ese estilo de vida, mucho mejor.

A grandes obras, grandes sacrificios

¿Has tenido que sacrificar algo en tu vida para realizar tu sueño de ser músico?
Cuando uno tiene un plan de vida o sueños muy grandes, siempre va a tener que sacrificar algo. Los beisbolistas, por ejemplo, cuando están en temporada, que dura seis meses, no ven casi a su familia. Alguien que quiera hacer algo grandioso, un científico, por ejemplo, como los que están trabajando ahorita para curar el coronavirus, están trabajando 18, 20 horas al día. Van a su casa a descansar y al día siguiente siguen porque tienen un proyecto muy importante. Igual nosotros, según la intensidad del artista, también hay un sacrificio.

Yo tengo a mi hijo, de 11 años, en Valencia, y trato de verlo a cada vez que puedo, todos los fines de semana estoy con él. Trato de que cada vez que nos veamos y todos los momentos que pasamos juntos, ese tiempo, que no es el día a día, sea siempre muy bueno, sea de calidad. Y así con mi familia, con mis padres. Todos entendieron que yo había tomado un rumbo de vida diferente al de una persona normal, que no es ni mejor ni peor, simplemente es otro.

Yo recuerdo que hace como diez años, cuando estaba grabando el disco Hallacas con flauta, mi papá me dijo que me estaba destruyendo, que no podía seguir viviendo así. Y no estaba de viaje, sino que me la pasaba metido en el estudio y me acostaba a las 3 o 4 de la mañana. Dormía cuatro horas, me levantaba, desayunaba y me iba y regresaba de nuevo en la madrugada. Y así había pasado dos semanas.

Uno sabe que tal vez se esté destruyendo dos semanas, pero si después ese disco tiene un éxito rotundo y trae consecuencias importantes en todos los niños de Venezuela y en las familias venezolanas que aprecien los aguinaldos y las gaitas, y ese disco queda tatuado en las personas, entonces no me importará haberme sacrificado no dos, sino tres semanas, como me pasó con ese disco. Eso se recupera. Si uno ve las cosas desde esta perspectiva, entonces no hay preocupación. Simplemente es así y punto. Si quieres grandes obras, tienes que hacer grandes sacrificios.

Hallacas con flauta

Catorce años ininterrumpidos lleva Huáscar Barradas presentando su espectáculo navideño Hallacas con flauta. La iniciativa le nació con el propósito de mantener vivas las tradiciones navideñas para los niños venezolanos, en especial en lo concerniente a su especialidad: la música.

¿Crees que podrás hacer este año el espectáculo?
Tengo la esperanza de que la pandemia nos permita hacer la decimoquinta edición del concierto. La del año pasado fue una locura en la Concha Acústica de Bello Monte. Es apasionante hacer ese tipo de conciertos, pero en este momento aún no sabemos si lo podremos hacer. Nadie sabe qué va a pasar en el mundo de la música, nadie sabe qué va a ocurrir con los artistas.    

Bueno, nadie sabe qué va a pasar en ningún campo… La vida nos cambió por completo con esta pandemia…
Yo creo que esta pandemia también es una ocasión para darnos cuenta, bueno al menos en mi caso, de lo importante que es estar enfocados en lo que quiere hacer uno con su vida.

Quisiera aprovechar para decirle a la gente que no permita que nada ni nadie les robe sus sueños. Ante esta pandemia, hay que tener la fuerza interna y el coraje para atreverse a hacer lo que tengan en sus mentes. Muchas veces no nos atrevemos porque no sabemos cómo o porque hay terceros que nos dicen que no hagamos eso. Como la niña gordita que quiere ser actriz y le dicen que no puede porque es gordita, cuando para ser actriz o actor lo más importante es prepararse para hacerlo bien. Yo estoy en contra de todos estos prejuicios.

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Hay que atreverse a luchar fuertemente por lo que queremos, inclusive en un país con tantas dificultades como Venezuela. Tal vez el camino sea más largo y más difícil, pero si lo haces con consistencia, sin la viveza criolla que nos tiene tan hundidos, tan dañina que es, lo logras. Hay que levantar la cabeza y reinventarse y seguir avanzando porque es la única manera de evolucionar como seres humanos.    

El poder sanador de la música   

Huáscar Barradas comenzó en enero del año pasado a trabajar en el proyecto Harmony, lo que le obligó, a partir de septiembre, a compartir su vida entre Venezuela y Estados Unidos, ya que la empresa está asentada en el Norte. Vino a Caracas el 13 de marzo con intenciones de devolverse el 13 de abril, pero no ha podido hacerlo por la cuarentena. “Vengo mucho a Venezuela a grabar, a producir, a tocar, a visitar a mi hijo. El corazón y el alma están siempre en Venezuela”.

Pero no has decidido irte del todo del país…
Es que yo me siento muy afortunado viviendo en las dos partes. Si puedes vivir entre lo mejor de los dos mundos, ¿por qué no hacerlo? Si Dios y la vida me dan la oportunidad de hacerlo, ¿por qué no? Puedo ir y disfrutar de las playas de Miami Beach, pero también me puedo ir a Choroní. Si Dios me da esa oportunidad, lo voy a hacer mientras pueda.

¿Crees que la música tiene un poder sanador?
¡Por supuesto!  Si amaneces triste y pones una canción de Guaco, se te pasa la tristeza. Si estas intranquila y escuchas un movimiento de Bach o de Vivaldi, automáticamente tu espíritu se calma, tu corazón comienza a latir más suave. Esto que estamos haciendo en Harmony no es una cosa experimental, es un hecho científico. Una vez, estando en Houston, en un centro de niños con autismo que eran muy intranquilos, les puse un video de lo que estaba haciendo en ese momento con mi música y los niños se quedaron dormidos y el profesor no lo podía creer.

Entonces, algo debe tener la música que hace que la gente logre dormir. Los chinos, los budistas vienen haciendo cosas así desde hace mucho tiempo, lo que pasa es que en el mundo occidental se basan únicamente en lo científico; pero eso ha comenzado a cambiar.

Trabaja descalzo, pero duerme con medias

¿Qué sientes cuando te paras frente al público a tocar?
Me siento muy feliz. Me da una gran felicidad, me parece increíble que la gente se tome el tiempo de arreglarse, de pagar un boleto para ir a oírlo a uno tocar. Eso para mí es una gran responsabilidad y parte de mi felicidad. Cuando estoy en un escenario me siento como en mi casa, por eso toco descalzo. Creo que es mi deber hacer todo lo que debo hacer para que el público salga de ese concierto feliz, con una sonrisa en la cara; que haya sentido en ese tiempo, tristeza, melancolía, que la piel se le erice, que le provoque bailar… Todo eso tiene que pasar en un concierto mío. Y eso es una responsabilidad muy grande pero también es apasionante y me da una gran felicidad cuando la gente aplaude o grita. ¡Se siente muy bonito!

Te gusta tocar descalzo, pero… ¿cómo te gusta dormir?
Cuando viví en Alemania agarré una maña. Por el frío que hace allá, comencé a dormir con franelas manga larga y con medias. Yo, que ando el 99% de mi tiempo descalzo, duermo con medias. Claro, puede haber excepciones cuando uno duerme acompañado… Pero de resto, siempre tengo que ponerme una franela, de esas de trapito, y medias para dormir. ¡Ya es una manía!

Nombras mucho a Dios, ¿eres muy religioso?
Soy como un híbrido. Mi mamá y mi abuela son muy católicas, pero cuando me fui de Venezuela, a los 17 años, empecé a vivir en Estados Unidos con unos evangélicos y después tuve amigos bautistas. Cuando estuve en Alemania leí muchísimo sobre budismo. Aparte, me crie con judíos porque estudié en un colegio hebrero – el Colegio Hispano-Hebrero Bilú, en Maracaibo. Entonces he tenido contacto con muchas tendencias religiosas y creo en todas. Me siento muy cómodo yendo a una iglesia evangélica como también me siento cómodo al ir a una iglesia católica o al hacer el shabat con mis amigos judíos. Me siento cómodo al ir a un templo budista y estar en silencio absoluto.

Siento que todos son momentos para alimentar el espíritu y todo lo que puedas hacer para eso, debes hacerlo.  Yo medito, aunque debería hacerlo más, pero lo hago. Y también rezo. Cuando me levanto en las mañanas, lo primero que hago es dar gracias al Dios supremo. Le agradezco por estar vivo y tener la vida que tengo.

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1 Comment

  1. Hermosa entrevista. Me encantó como también me resulta inolvidable la edición de Hallacas y flauta del pasado año en la Concha Acústica. Nunca la olvidaré, fue una experiencia realmente hermosa.

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