Jesús Peñalver
Retrato Benjamín Oramas

Jesús Peñalver: “No fue en vano mi paso por el Teresa Carreño”

38 minutos de lectura
Por Katty Salerno

Jesús Peñalver terminó el bachillerato y dejó su Barcelona natal, como la llama siempre, para venirse a la capital. En ese entonces nuestra metrópoli estrenaba grandes obras que representaron un salto a la modernidad: el Teatro Teresa Carreño, Parque Central y el Metro de Caracas. En ese espacio simbiótico de arte y arquitectura, el joven recién llegado del interior encontró trabajo: “Fui el primer mensajero del Teresa Carreño”, dice con orgullo el hoy abogado, poeta y apasionado del humor.

“¡No me canso de darle gracias al sino de mi vida por la dicha, la suerte, la fortuna de haber sido el primer mensajero del Teatro Teresa Carreño!”, contó a Curadas Jesús Peñalver, descendiente directo del prócer anzoatiguense Fernando de Peñalver, uno de los firmantes del Acta de la Independencia.

El teatro se inauguró el 19 de abril “y ¡qué me iba a imaginar yo que, al mes siguiente, un miércoles de mañana lluviosa, 25 de mayo del año 83 del siglo pasado, conocería el Metro de Caracas y el Teatro Teresa Carreño! Ese día comencé como mensajero. La oficina quedaba en el último sótano”, recuerda con emoción.

Su intención era irse a Mérida a estudiar derecho. Pero su hermana mayor, Fanny, ya estaba residenciada en Caracas y trabajaba en el Inciba (que después fue el Conac y hoy es el Ministerio de Cultura). “Ella me sugirió que me viniera a Caracas y así lo hice. Con mi salario mínimo de 1.500 bolívares que ganaba como mensajero en el Teresa Carreño, pagaba la residencia estudiantil donde vivía en Santa Mónica; pagaba la Universidad Santa María, donde me gradué; y me quedaban 500 bolívares. Y nunca nadie me pidió carnet. ¡Otro país!”. 

“No fue en vano mi paso por el Teatro Teresa Carreño”. Con esta frase, Jesús Peñalver resume sus vivencias y el desarrollo personal, intelectual y profesional que experimentó en los 18 años que trabajó para este complejo cultural, el más importante del país y uno de los más grandes de Latinoamérica. Fue este ambiente el que lo influyó para, una vez graduado de abogado, especializarse en derecho administrativo y propiedad intelectual.  

De Guanape a Barcelona

Empecemos por el principio. Cuéntenos de usted, de su infancia, de su familia…
Mis padres son de Guanape, estado Anzoátegui. Allí tuvieron a sus primeros tres hijos: Fanny, José Gregorio, que murió siendo niño y a quien no conocí; y Nano, o Fernando. Fanny se llama así por decisión de mi mamá, una mujer preocupada por la lectura, culta, no voy a decir muy culta, extraordinariamente culta, pero de quien aprendí muchísimo, en especial por haber inculcado en mí, por ejemplo, el amor y la afición por la lectura. Le puso ese nombre a mi hermana por Fanny Du Villars, la prima novia de Bolívar.

José Gregorio, por nuestro recientemente designado, nombrado, elevado a los altares, el Beato de Isnotú. Él murió a los 5 o 6 años de edad y mi mamá dejó de creer un tiempo, pero luego le volvió su devoción. Pero nunca despotricó del Trujillano. Yo lamento profundamente que mi mamá – quien cerró sus ojos hace dos años – no estuviera viendo hoy la beatitud de José Gregorio Hernández. Mi hermano Nano se llama así por el prócer, Fernando de Peñalver, nuestro antepasado. A mí me llamaron Jesús por mi padre, Jesús Rafael, a quien llamaban Chucho. 

Aunque fui concebido en Guanape, por problemas de salud – si mal no recuerdo estuvo preclámptica – mi mamá tuvo que irse a Barcelona, donde nací en 1964 en el hospital Luis Razetti. Quien parteó a mi madre, y luego tuve la satisfacción de conocer, fue el Dr. Ovidio González, primero adeco, luego mepista y creo que el primer gobernador elegido por voto directo en mi Barcelona natal. Fueron a parirme y se quedaron viviendo en Barcelona. Entonces mi primaria y secundaria transcurrieron en Barcelona, época que yo recuerdo fielmente. Yo me bañé en la Laguna de los Patos, en las Bateas de Maurica. Yo me bañé en el río Neverí, un atrevimiento que no debió ser, por las corrientes, pero bueno, cosas de muchachos… 

Jesús Peñalver, descendiente de un prócer

¿Cómo es su vinculación con Fernando de Peñalver?
Fernando de Peñalver nació en Píritu, donde está la famosa iglesia. De Píritu se fue a Guanape. Mi bisabuelo, Mateo Peñalver Jiménez, desciende de él. Se casó con mi bisabuela Emilia Martí Anato y tuvieron a María, Diana, Blanca, Fernando, Petronio. Yo soy nieto de María Peñalver Martí. 

¿La vida de ustedes ha estado marcada de alguna manera por ese parentesco?
Bueno, la verdad es que no, más allá del orgullo que nos produce. Fue un héroe civil, uno de los firmantes del Acta de la Independencia. Fue el primer gobernador de Valencia. Estuvo en el Congreso de Angostura. Una de las pocas personas que tuteaba a Simón Bolívar. El Libertador lo llamaba «mi consejero, mi sabio mentor». Trajo a Venezuela la imprenta que le pidiera Bolívar para fundar el Correo del Orinoco. «Mándeme usted una imprenta para difundir el pensamiento que es tan importante como los pertrechos militares», le dijo, y la trajo de Trinidad. Con motivo de haber circulado el 27 de junio de 1818 el primer número del Correo del Orinoco, es que se celebra en esa fecha el Día del Periodista en Venezuela.

Los Fernandos abundan en mi familia, en honor al prócer. Yo tengo dos hijos, por eso digo en mi biografía en Twiter que sueño con un país con dos soles. Mi sol mayor se llama Fernando. Nació en el 92, el año de los dos golpes, por eso me enorgullezco de que sea politólogo, egresado de la UCV, y un demócrata a carta cabal. Y mi sol menor es Sebastián Arturo, a quien no veo desde el 13 de marzo que llegó de Los Ángeles, un día antes de la declaratoria de la pandemia. Al otro día se fue a Maturín y allá está con su mamá. Hablamos todos los días, y eso me arruga el corazón. Sebastián va con el siglo, nació el 14 de diciembre de 2000. Y está entre estudiar periodismo o derecho.

Derecho, poesía y humor

En su biografía en Twitter se presenta con tres palabras: abogado, poesía y humor. ¿En cuál de estas tres facetas siente que está su verdadera esencia?
Soy abogado, en esencia. Desde niño, desde adolescente. En mi Barcelona natal, cuando funcionaba el canal 8, yo veía un programa que se llamaba La dama ciega conducido por Eduardo Guzmán Pérez (mucho después, ya graduado, me topé con él varias veces en tribunales). Ese programa lo conducía el doctor Alberto Martínez Moncada, quien luego fue mi profesor de Derecho Penal en la universidad. Yo soy abogado y ejerzo.

Muchísima gente de ese ambiente cultural en el que siempre se ha desenvuelto ha sido cliente de Jesús Peñalver. Pero alguien a quien recuerda con especial cariño es Simón Díaz. “Fui su abogado durante 10 años, hasta 2004. Recuerdo un día que me invitó a almorzar y saca un potecito y me pregunta: ´¿qué te parece esto, Chuchú?´. Simón no era para nada una persona conflictiva, pero me pidió mi opinión y le dije que eso había que resolverlo. Si oyes que dicen “caballo viejo”, ¿qué viene a tu mente?  

¡La canción de Simón Díaz!          

¡Exacto! Entonces me tocó reñirme con una conocida empresa de adaptógenos que había sacado al mercado un supuesto potenciador sexual masculino al que le pusieron por nombre “caballo viejo”. Se estaba haciendo un uso indebido, un aprovechamiento parasitario de una obra de derecho de autor, nada más y nada menos que de Simón Narciso Díaz Márquez. De él guardo hasta las copias de los cheques con que me pagó. 

Tomarse un café, o una copa de vino o un trago y conversar con él es unos de los recuerdos más maravillosos que tengo.  Nuestra amistad fue tan bonita, que hasta dibujó a mis hijos, retratos que hoy permanecen en un lugar prominente de mi modesto apartamento. Están los dos cuadros de Fernando y Sebastián dibujados por el Tío Simón.

Retratos pintados por Simón Díaz. Foto cortesía Jesús Peñalver.
Los encantos del humor y la poesía

¿Qué tan presente está el humor en su vida cotidiana?
Muchísimo, muchísimo. Por dicha todos en la familia tenemos sentido del humor, mis hijos también. Las redes sociales me allanan el camino. Tengo muy buen sentido del humor. El humor, me encanta. Me he dedicado a estudiar el humor. Me he vinculado con humoristas interesantes con quienes he procurado desarrollar cierto acercamiento. Al poco tiempo de haberse declarado la pandemia tuve la satisfacción y el privilegio de ser entrevistado por Laureano Márquez y Claudio Nazoa. Eso me hizo mucha ilusión, tanta, que escribí un artículo donde intento recoger lo que conversamos en esa entrevista.

No sé si comentar esto, me da un poco de vergüenza… Yo di clases en la Universidad José María Vargas y les pedí que no me asignaran clases los lunes – daba clases de noche – porque no me perdía Radio Rochela (Risas). ¡Eso se cuenta y no se cree, pero bueno! (Risas) He leído la obra de Aquiles Nazoa, su definición del humor me parece magnífica. He leído también la obra de Francisco Pimentel y Leoncio Martínez. Tuve la dicha de conocer a Zapata, quien me dedicó una caricatura.

También me gusta la poesía. ¡Y cómo no me va a gustar, si a los 10, 11 años mi mamá puso en mis manos Cien años de soledad y la colección completa de Andrés Eloy Blanco! 

¿Allí nació su amor por la poesía, entonces?
Allí empezó mi amor por la poesía. Luego seguí con otros poetas orientales: Ramos Sucre, Cruz Salmerón Acosta. Luego con la literatura propiamente dicha, con Rómulo Gallegos, Miguel Otero Silva, quien nació en mi Barcelona natal. Rómulo Gallegos dirigió el Colegio Federal de Varones en mi Barcelona natal. No había acto cultural en mi liceo en el que yo no estuviera. Soy bachiller en Humanidades, fui monaguillo y muy vinculado a la Iglesia. La poesía siempre me atrajo. Luego me vengo a Caracas, y vienen otras lecturas, los clásicos, Rilke. 

¿Cuándo empezó a escribir poesía?
En bachillerato. Tengo varias cosas del 78-79, algunas me dan cierta vergüenza. Hay un escrito mío a mis padres de cuando yo tenía 5 o 6 años. 

¿Ha publicado algún poemario?
Tengo un blog personal y algunos poemarios que no están publicados en físico. He ganado algunos concursos, uno en Argentina otro en México. El director de Letralia, Jorge Gómez Jiménez, que me ha dado cobijo, está revisando mi poemario Seré la puerta de tu casa, que lo prologa Rodolfo Izaguirre. Tengo otro, Pronunciamientos. Estoy en conversaciones con una persona a ver si me lo prologa. Tengo un libro de haiku (género poético de origen japonés) y otro de palíndromos cuyo título me obsequió Diego Arroyo Gil, Oren en enero. Y otros que pueden formar parte de uno, dos o tres, eso dependería de quien me oriente a los fines de darle forma de poemario. También tengo escrito, falta revisarlo, un libro de cuentos basado en hechos reales y anécdotas de Guanape, el pueblo de mis padres.   

¿Qué más le gusta leer?
Novelas, por supuesto. Ahorita estoy leyendo El humor de Borges, de Roberto Alifano; Gabriel García Márquez, una vida, de Gerald Martin, el biógrafo del escritor colombiano. En poesía estoy leyendo Contestaciones, que fue lo último que escribió Rafael Cadenas. Las inmunidades parlamentarias y el caso Salom Meza Espinoza, de Luis Beltrán Prieto Figueroa. Voy a leer ahora la obra de un autor que acaba de retirar su novela del Premio Rómulo Gallegos (el escritor peruano Gustavo Faverón Patriau, que concursaba con Vivir abajo). Hace unos días escribí mi pequeño homenaje a Gallegos y me referí a lo disminuido, degradado y desprestigiado que está el premio. Pero leo mucho. Para poder escribir hay que leer.         

La “bohemía” en Caracas

Oír a Jesús Peñalver hablar de los 18 años que trabajó en el Teresa Carreño nos transporta a una época vibrante y de mucha “bohemía”, como dice Willie Colón. Los caraqueños y los venidos de otras tierras disfrutábamos de grandes espectáculos, exposiciones y buenos restaurantes y lugares de copas sin salir de los espacios del teatro y de Parque Central, a los que se llegaba fácilmente con el Metro de Caracas.

“Para contarte todo lo que viví en el Teresa Carreño haría falta otra entrevista. Tanta gente linda e interesante que conocí. Estuve en lo que se llamó la coronación del presidente (Carlos Andrés) Pérez en 1989, solo por el hecho de que trabajaba en ese teatro. Allí vi al papa (Juan Pablo II) también. Conocí a Elías Pérez Borjas, a José Ignacio Cabrujas, a Isaac Chocrón, a Román Chalbaud. A Andrés Eloy Blanco hijo, Gonzalo Barrios Ferrer, Paulina Gamus, Kiko Sucre Figarella, gente muy interesante. Tomás Lugo, uno de los diseñadores del teatro. Eduardo Marturet, hoy mi amigo, el primer director musical.

Conocí a las hermanas Urdaneta, fundadoras de Danzahoy, la compañía de danza contemporánea residente del Teresa Carreño. Al fotógrafo Luis Salmerón, tempranamente fallecido. A Vicente Nebreda. A Luna Benitez, que en ese entonces estaba casada con Alfredo Chacón, y hoy es una de las editoras más importantes que tenemos en Venezuela.

¿Y cuáles eran sus responsabilidades como mensajero?
Llevar y traer cosas, pero a mí me encantaba que me mandaran a hacer esas cosas. Aunque era mensajero interno, a veces me pedían hacer diligencias fuera de la sede, y tenía que ir en transporte público o caminando. Una vez me perdí y tuve que llamar a mi hermana de un teléfono público – en ese entonces no había celulares – para que me explicara cómo tomar el autobús de San Ruperto. Pero para mí, un bachiller provinciano, todo era aprendizaje.

Alguna anécdota que recuerde…
También me tocaba depositar en el banco el dinero de la taquilla del teatro. Eso lo hacía en una cuenta a nombre de la Fundación Teresa Carreño en una oficina del banco Royal que quedaba en la planta baja de la Torre Viasa. En una ocasión, hablando con mi hermana Fanny, llegamos a la conclusión de que eso era peligroso porque corría el riesgo de que me asaltaran. Nos pusimos capciosos, se nos salió la chispa oriental. Hasta pensé que me podían asaltar y que no me creyeran, sino que pensaran que era un autorrobo. Fue uno de esos laberintos que a veces se nos presentan entre sien y sien. Lo cierto fue que lo plantee al director de administración de entonces, Said García, y él dio instrucciones para que no me siguiera ocupando de esa tarea.

El Teresa Carreño siempre fue de todos

Mi segundo cargo fue como auxiliar de servicios generales, por lo que estaba a cargo del inventario y de dos fotocopiadoras. Luego fui adjunto al consultor jurídico y en esta posición me tocó algunas veces ser secretario accidental del Consejo Directivo. Una de esas veces pidieron la sala para Nina Hagen, una cantante y actriz alemana, famosa por su mezcla de estilo punk y canto operístico.

La mayoría del directorio dudó en hacerlo, hasta que intervino Carlos Rangel, quien dijo, palabras más, palabras menos, que no nos podíamos convertir en censores. “El teatro tiene que estar abierto a todas las manifestaciones artísticas”, dijo, y propuso que los órganos competentes del teatro tomaran las previsiones para que se permitiera la presentación de la cantante. Me pareció muy plausible la opinión del doctor Carlos Rangel, que no fue otra que de apertura a todas las manifestaciones artísticas en el Teresa Carreño.

Por eso me asombra, o en todo caso no me parece, que gente a la que estimo mucho, como Iván Pérez Rossi, Cecilia Todd o Zandra Rodríguez dijeran, como lo hicieron, que “ahora el teatro es de todos”.  Ese teatro siempre fue de todos. Allí se presentó Un Solo Pueblo, de modo que Francisco Pacheco no se puede quejar. Todos los años se presentaba Serenata Guayanesa. ¡Billo! Estando yo en la Dirección General me tocó, lamentablemente, llamar a la ambulancia cuando le dio el ACV al maestro Billo Frómeta. Estaba en pleno ensayo de la presentación que iba a tener en la Sala Ríos Reyna con la Orquesta Sifónica de Venezuela. De modo que yo disiento de quienes digan que el teatro era elitesco. El Teresa Carreño siempre fue de todos, abierto a todas las manifestaciones, nadie se puede quejar de eso.     

Jesús Peñalver obtuvo en 1988 su título universitario. Al año siguiente el entonces ministro presidente del Conac, José Antonio Abreu, le pidió al flamante abogado que fuera su asistente. “Recuerdo que a él le gustaba despachar desde la que había sido mi oficina, en el sótano, y no desde su despacho en el centro de Caracas. Eso se lo criticaron mucho, pero yo sé la razón, y mucha gente también la sabe. No era lo mismo despachar desde las torres de El Silencio que hacerlo desde el Teresa Carreño, en ese ambiente tan acogedor, rodeado de obras de arte. Bueno, antes. Hoy día da dolor pasar por allí, pero eso es otro tema.

Me preguntó si quería ser su asistente, y le dije ´no puedo, ministro´. Él me pidió que lo llamara José Antonio y le dije ´no, usted es el ministro´. ´Le agradezco mucho la oportunidad, pero me voy a casar y a hacer mi postgrado´. Me fui entonces al ejercicio privado, pero me mantuve como asesor. Luego regresé como consultor jurídico de la Cinemateca Nacional y del grupo Danzahoy. Y muy importante de nuevo: nadie me pidió carnet.

¿Y usted no es adeco?
Se me vincula con Acción Democrática, lo que no me molesta. Mi querido Elías Pino Iturrieta siempre me dice que yo soy un adeco inteligente. Una vez le dije: ´profesor, usted me dice adeco, pero yo nunca le he dicho a usted copeyano´. (Risas)

El gran Zubin Mehta

¿Qué es lo que más le gusta en la vida?
Me gusta mucho compartir, en esto me ha afectado mucho la cuarentena. De modo que busco maneras de contactarme con la gente; les mando mis modestos escritos, llamo por teléfono, me contacto por las redes, videollamadas o Zoom. El contacto con la gente. Conversar con los amigos, con la familia. En estos días falleció un tío de mi ex en Maturín, pero hace dos semanas una hermana de mi madre y hace dos meses un sobrino en Barcelona y lo he lamentado muchísimo, pero no he podido estar allí por efectos de la pandemia, y eso me duele mucho.

Me gusta oír música, de todo tipo, hasta salsa. Hace poco le recordé a Rubén Blades que el año 81 del siglo pasado en mi Barcelona natal, en el estadio Venezuela, para mí fue glorioso, grandioso, inolvidable verlo a él y a Willie Colon y años después me pasa esto que te voy a contar. En un artículo que escribió, Rubén deslizó una frase en contra de la oposición venezolana y yo le respondí, respetuosamente, y él me respondió, muy respetuosamente también, y eso me hizo bien. Y recordó su concierto en mi Barcelona natal.

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“También me gusta la música clásica. No fue en vano mi paso por el Teatro Teresa Carreño”, dijo, y en ese momento de nuevo su mente se trasladó a 1981, pero esta vez al día en que fue con su hermana Fanny al Poliedro para ver nada más y nada menos que al famosísimo director indio Zubin Mehta dirigir la Orquesta Filarmónica de Nueva York.

“Recuerdo cuando él levantó su brazo y dijo en inglés ´yo quiero dirigir en ese teatro´”. Se refería al Teresa Carreño, que estaba en construcción. “Y Zubin Mehta –como lo predijo o anunció – actuó en el Teresa Carreño en 1987, con la Orquesta Filarmónica de Israel. Y yo estuve allí. Fui con mi madre a ese magnífico concierto. ¿Te das cuenta de que la vida es chiquitica? (…) Y al igual que en el Poliedro años antes, en el Teresa Carreño también interpretó el Bolero de Ravel, una pieza con la que Mita, Ramona mi madre, flipaba”.

“Disfruto mucho cocinando – continúa al regresar al presente. No me enojo si me das una receta y no te sorprendas si te pido alguna. Arepas, hervido, pabellón, salmón con mostaza y miel, que lo aprendí en Puerto Rico, pollo al horno, pollo a la cerveza. Cocino, cocino…”

Al que le gusta cocinar, así prepare un sencillo arroz blanco le queda exquisito…

Eso es verdad. Si le pones cariño, pasión y dedicación, ese quizá sea el mejor arroz que alguien se coma en su vida.     

Democracia y libertad

Desde su mente inquieta y su alma sensible, Jesús Peñalver escudriña cada día el acontecer del país para luego ofrecernos sus reflexiones en las columnas que publica en El Nacional y en Curadas.com. La defensa de las libertades públicas y la democracia como sistema de gobierno son los pilares que sostienen su ideal político. “Un régimen de libertades públicas no es otra cosa que uno donde existan medios de comunicación libres, donde no haya restricciones, ni haya periodistas perseguidos, acosados. Y en el ejercicio de la política propiamente dicho, que se respeten las instituciones, que haya verdadera separación de poderes. Quienes me leen han podido darse cuenta de mi espíritu cívico, civil, civilista”.

En defensa de esos ideales, anunció que se adherirá al recurso que introdujo ante el TSJ un grupo de exfuncionarios del CNE, encabezado por el exrector Andrés Caleca, mediante el cual se solicita la suspensión de las elecciones parlamentarias convocadas para diciembre. “Las violaciones a la Constitución (al hacer esa convocatoria en los términos en los que la han hecho) son muchísimas. No es solo por la pandemia, que es una situación de riesgo y además tampoco hay dinero, aunque estas son situaciones fácticas.

Pero también desde el punto de vista del derecho: aumento indiscriminado del número de parlamentarios en franca violación del 286 constitucional; se violentan flagrantemente los derechos de la población indígena, se cambia el método de elección, se convoca a elección fuera de lapso. No hay democracia sin partidos políticos. ¡Quitarle los signos, los símbolos a los partidos políticos es una táctica terrible, aunque no me sorprende porque han hecho cosas peores! Aunque suene quijotesco, soñador, iluso, en este país ser copeyano, ser adeco, justiciero o de cualquier partido es algo subjetivo, cada quien decide en que tolda partidista participa”. 

Entre la felicidad y el dolor

¿Jesús Peñalver es feliz?
Sí. Yo soy feliz porque tengo gente que me quiere y que confía en mí. Salió en verso, pero no era mi propósito. Yo estoy obligado a ser feliz, porque, repito, hay mucha gente que confía en mí, que me consulta, mucha gente que me pregunta, y eso a mí me fascina. Yo les digo que me pregunten, que si no lo sé, lo averiguo. Me encanta verme obligado a revisar mis conocimientos y a estudiar. 

Y debo agregar algo. A mí me conmueve mucho, me estremece mucho, el país. Me duele el país y eso me causa infelicidad, desasosiego, tristeza. Me duele mucho, a veces lloro. Imaginarme la tragedia que se vive en la frontera, prohibirnos – me incluyo como venezolano – regresar a nuestro país porque, dizque, somos factores contaminantes, personas tóxicas, eso a mí me duele mucho. Hacer los pensionados y jubilados una cola terrible y decir que con la revolución manda el país, me duele mucho. Y aquí nos quedaríamos horas diciéndote qué cosas, qué acciones y qué omisiones me entristecen y me hacen infeliz. 

Entonces, hay cosas que me hacen muy feliz, como mis amistades, el respeto de la gente que me conoce, mi familia, que encuentren un valor en lo que yo he hecho en mis 56 años. Eso me hace feliz. ¿Qué me hace infeliz? El país, que duele. Venezuela, hace falta gobernarte y bien. Hay un lugar al norte de la América del Sur en plena zona tórrida, es un país y se llama Venezuela y necesita donantes de democracia.      

Esto, por ejemplo, me hace feliz. Que Curadas sienta, crea, tenga la percepción de que Jesús Peñalver es una personalidad… se me están aguando los ojos, está lloviendo mi mirada…

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8 Comments

  1. Excelente entrevista realizada a Jesus Peñalver,de las nuevas generaciones de Venezolanos honestos,capaces y distinguidos que tiene mucho por aportar a la recuperacion de nuestra democracia y su desarrollo….

  2. Jesús Peñalver, un ser humano admirable, valioso, que ama a su familia, sus amigos, su trabajo, su profesión, la poesía, escribir, ama todo lo que hace, además ama y le duele su país. Excelente entrevista.

  3. Certifico 100% lo que cuenta Jesús peñalver en el teatro Teresa carreño; comparti espacios y momentos como compañero de trabajo 8 años, desde el año de la inauguración del teatro. Simpre supe que era una persona que iva a llegar muy lejos en el ámbito tanto profesional como literario, ya que es una persona muy apasionada y que le ponia mucho corazón a lo que hace. Aun conservo un manuscrito del poema de la culpa, que me obsequió para que yo me lo aprendiera. Visite con el en dos oportunidades el gunape de sus padres donde la gente le tiene mucho afecto. Creo que falto decir que también ejecuta el cuatro y canta . Lo conoci, como dice el, desde que fue el primer mensajero interno del teatro y nunca puse en duda que en algun momento iba a ser una personalidad del acontecer nacional.

    • Muchas gracias, apreciado Carlos, por tu generoso testimonio. De verdad eres un testigo de excepción. Va mi abrazo agradecido.

  4. «Los Caobos en inventario»

    Tu relación detallada
    de bienes y pertenencias,
    desencantos y querencias
    me dejan maravillada.
    De ese inventario no hay nada
    anticuado u obsoleto,
    percibo en tu ego coqueto
    un gran chef que a fuego lento
    adereza su talento
    entre leyes y un soneto.

    Yo, tu fan y buena amiga
    doy gracias por conocerte,
    y pido a Dios que la inerte
    Venezuela se alce y diga:
    Que se declara enemiga
    de la plaga comunista,
    hasta vencer la arribista
    corrupción y sus demonios…
    Hablaran tus testimonios
    de este cambio, mi alquimista.

    Orgullosa de los lazos
    que para siempre nos unen,
    dejo que en versos se acunen
    mis hadas entre tus brazos.
    Que la luz en los ocasos
    nos devuelva la alegría
    del alba y su cofradía
    plena de fina madera,
    esa que fulge certera
    en tu dulce poesía.

    Carmen Teresa Macareño Aisse, para siempre suya de usted.

    Erfurt, Octubre 25, 2020

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