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José Jesús Olivetti: “Todo comenzó como un bochinche”

Por Katty Salerno

José Jesús Olivetti vive desde hace casi tres años en Múnich, la capital del estado de Baviera, al sur de Alemania. Ya terminó sus estudios de dirección de orquesta y comenzó la maestría, que adelanta en paralelo a su labor como director titular de la Orquesta de Welden y de la Welden Musikkapelle, la academia de música, cargo que por primera vez ocupa un extranjero y al que llegó por concurso, luego de superar a otros cinco aspirantes, todos alemanes.

Se dice fácil, en apenas un párrafo. Pero los admirables logros que, con apenas 28 años, ha alcanzado este director de orquesta barquisimetano se deben más a su esfuerzo tenaz y cotidiano que a su talento, que también lo tiene. Un talento al que ha dado su toque personal, el de la alegría, bagaje que trae de familia y que ha sabido traducir en sus conciertos con una armónica amalgama entre música académica y música popular latinoamericana. “Todo comenzó como un bochinche” respondió cuando Curadas le preguntó cómo había nacido su interés por la música, lo que lo llevó a su infancia y a las fiestas familiares, en las cuales, como es típico entre los venezolanos, siempre ponen a los más pequeños a cantar y a bailar.

Dadas sus múltiples actividades, fue respondiendo por partes el cuestionario que le enviamos. Una parte lo hizo por mensajes de voz mientras viajaba en tren, por lo que no pudo evitar que también escucháramos el llanto de un bebé que estaba muy cerca. Otra vez fue desde el Gasteig Kulturzentrum, el moderno centro de artes escénicas y culturales de Múnich, cuando esperaba a su compatriota Gustavo Dudamel. Ese día, el director de la Filarmónica de Los Ángeles ensayaba con la Symphonieorchester des Bayerischen Rundfunks – Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera – la presentación que hizo el pasado fin de semana con obras del compositor alemán Robert Schumann. El programa lo completaron piezas corales a capela de los venezolanos José Antonio Abreu, Antonio Estévez y Modesta Bor, estas últimas a cargo del Chor des Bayerischen Rundfunks (Coro de la Radio de Baviera).

Como a millones de personas en el mundo, la pandemia del coronavirus obligó a José Jesús Olivetti a cancelar proyectos y conciertos que tenía programados tanto en Alemania como en Portugal, Italia y España. “La pandemia ha sido algo duro para la actividad cultural aquí en Alemania, que es el caso del cual puedo hablar con más propiedad. También ha complicado las clases, porque el contacto profesor-alumno no puede ser muy cercano y las clases on line no son fáciles en estos casos. Pero poco a poco se están reactivando las cosas. Hace un par de semanas comenzamos a ensayar, claro, respetando las normas de bioseguridad. En el caso de las orquestas sus miembros deben guardar una distancia de dos metros entre uno y otro y eso, automáticamente, limita el programa, porque no puedes hacer un repertorio para una orquesta completa.

Aún no hemos fijado la fecha del próximo concierto. Lo haremos en vivo, pero a través de plataformas digitales. Hemos puesto bastante empeño para que tenga toda la calidad posible, de manera que la gente siga activa, tanto los músicos como el público que disfruta de la música académica”.

¿Qué más estás haciendo en este momento?

¡Soy muy inquieto! Aparte de mis actividades artísticas tanto como violinista como director, también organizo proyectos de ayuda y motivación para chamos en Venezuela. Uno de ellos es el concurso Tocar y luchar, que estoy organizando con un excelente grupo de amigos que en su momento formamos parte del Sistema y que ahora estamos haciendo carrera en el exterior. En la primera edición participaron más de 180 jóvenes y ya hicimos la final en la categoría infantil, que es hasta los 12 años; y esperamos que pronto podamos hacer la final de la categoría juvenil, que es de 13 a 18 años. Hay cinco finalistas, pero debido a las circunstancias algunos de ellos no han podido tener acceso a los instrumentos porque los centros educativos están cerrados debido a la pandemia. Solo estamos esperando a que las condiciones lo permitan para hacer esta final. 

¿Cómo fue tu primer contacto con la música?

Como buena familia venezolana, mis padres, aunque no fueron solo ellos sino también mis tíos y mis abuelos, siempre que había una reunión familiar, nos ponían a los más pequeños a cantar y a bailar, sacaban flautas y cuatros. Siempre que había fiesta, había un momento de show. Mi familia es muy grande y ha mantenido ese espíritu del bochinche, como decimos nosotros. Entonces, desde que era muy pequeño, me daban un micrófono para que cantara en las fiestas, así fuera solo para reírnos y divertirnos.

Fue así como tuve ese primer contacto con la música y se dieron cuenta de que cada vez me iba gustando más. Luego me preguntaron si quería entrar formalmente en una academia de música, que en mi caso fue el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela. Así que todo comenzó como un bochinche, como un juego de familia.

¿Y también cantas y bailas? Me refiero a si te gusta hacerlo en una fiesta, por ejemplo.

¡Sí, me gusta muchísimo bailar salsa y merengue! Una de las cosas que más le ha gustado a la gente de aquí, cuando me mudé y empecé a hacer mi círculo de amistades, tanto latinos como alemanes, es que siempre en las fiestas pongo música latina, merengue o salsa, para prender el ambiente. Incluso he enseñado a bailar a las parejas de mis amigas latinas, para que bailen con ellas. Digamos que sí, siempre me gustó ser el que prende las fiestas para que la gente se divierta y eso no lo he perdido. Cantar no tanto, casi no canto, solo cuando salgo con amigos y vamos a un karaoke. Me gusta mucho más bailar y creo que lo hago mejor que cantar (risas).

Hay padres que ponen a sus hijos a estudiar música porque les ven el talento, pero estos abandonan porque no les gusta. ¿Cómo descubriste tú que lo tuyo era la música?

Ese es un tema largo de conversar y hay de todo. Hay casos, como dices, de padres que ven el talento en sus hijos, pero a estos no les llama la atención; y hay casos completamente contrarios, de niños a los que les gusta la música, pero los padres, lamentablemente, no los apoyan.

Lo primordial que quisiera destacar es que si un niño tiene algún contacto con el arte, sea música, pintura o cualquier otra rama del arte, eso los hará tener una creatividad muy grande, los ayudará a estimular todo ese sentimiento de crear vida con sus propias manos o con su mente o su corazón, que se expresa en sonidos o en algo palpable. Eso es lo que considero lo más importante de todo. En mi caso mis padres siempre me apoyaron, pero también conozco casos de padres que no han hecho eso y aun así hay genios musicales a los que poco a poco la vida los ha empujado hacia este camino.

En mi caso descubrí que lo mío era la música desde niño, desde los 8 años, cuando entré al Sistema. Ese primer contacto que tuve con la orquesta, con esa familia, con tantos otros jóvenes a los que nos apasionaba lo mismo; poder, con nuestros instrumentos, crear una sinfonía completa, ese amor que nos daban nuestros directores y profesores. Eso hizo que me sintiera, desde un principio, como en una familia. El paso del tiempo, los conciertos, las actividades, los nuevos desafíos, las giras, los viajes… Todo eso me hizo entender que esto era lo que quería para el resto de mi vida.

Comencé recibiendo clases de solfeo, desde aprender a leer partituras, y me dieron mi primer instrumento, que fue la flauta. La flauta y el cuatro son los instrumentos con los que tienes ese roce inicial con la música y con la interpretación. Una de las cosas que más me llamaba la atención era que con muy poco estudio ya teníamos pequeños conciertos, así fuera solo para nuestros padres. Eso, automáticamente, te estimulaba muchísimo, uno quedaba con una energía diferente porque tenías que estar constantemente estudiando y preparándote.

Ese momento en que te enfrentas a un público te da una adrenalina totalmente diferente a cualquier otra cosa que puedas hacer. En esa necesidad de estudiar y prepararte está, para mí, el secreto de la música; en ese valor tan importante del que todo el mundo habla: la disciplina dentro de la música. Tienes que dedicarle mucho tiempo a su estudio para perfeccionarla e interpretarla. Esa disciplina me llamó mucho la atención y me gustó, por eso me quedé.

Aparte, también, los amigos que gané y que siguen siendo mis amigos, aunque ahora vivamos en sitios diferentes. Eso te hace entrar dentro de una dinámica familiar única con personas con las que compartes intereses. Yo salía del colegio y me iba a la casa, me bañaba, comía y me iba para el conservatorio y pasaba el resto del día con ellos, hasta la noche. Ensayando, creando música con nuestros profesores, eso automáticamente te hacía sentir de verdad en familia desde que ingresabas a la orquesta.

¿De niño jugabas con otros chicos los juegos que todos juegan a esa edad o te la pasabas estudiando y practicando música?

Me siento muy afortunado. Tuve una infancia muy feliz. En primer lugar, por mi familia. Tengo una familia muy grande, con muchos tíos y tías y primos, y siempre hemos sido muy unidos. Siempre planificábamos actividades y viajes en familia y eso me hizo apreciar mucho el valor de la familia y de cómo es la familia que quiero tener en mi vida. También por mis vecinos, que son como otra familia, gente con la que uno también comparte mucho.

Sí, pasaba mucho tiempo ensayando; sin embargo, no dejaba de compartir con mis amigos del vecindario durante las vacaciones, de hacer deportes, fútbol, beisbol, que también me gustan mucho. Yo estudié toda mi vida en el colegio Valle de Cabudare, desde la primaria hasta que me gradué de bachiller. A partir de allí comencé mis estudios formales de música en Caracas, con el Sistema. Después me vine a Alemania a continuar mis estudios. Ya obtuve mi título de director de orquestas en la Universidad Leopold Mozart, en Baviera. Ahora estoy haciendo la maestría.

Empezaste por la flauta, seguiste con el violín y ahora eres director orquesta. ¿Cómo fue esa evolución?

Como te conté, al entrar al Sistema a uno le dan a escoger entre el cuatro y la flauta. Había escuchado varios conciertos de mi profesora, que tocaba flauta. Me llamó muchísimo la atención todas las cosas maravillosas que se podían hacer con ese instrumento, por eso me decidí por ese. Eso era día y noche tocando la flauta, hasta que mi mamá o mi papá me decían «ya basta, es hora de dormir, mañana tienes que ir al colegio» (risas). Luego me preparé para lo que venía, que era el violín. Tuve excelentes profesores, como lo es Savino D´Addona, quien fue mi profesor por muchísimos años, con él evolucioné en cuestiones técnicas y pedagógicas.

Ya al entrar en una orquesta lo que más me llamó la atención fue el trabajo del director. Tocábamos lo que él nos iba guiando, él nos traducía la sinfonía y nosotros la ejecutábamos con la idea de ese director. A veces me decía que me gustaría hacerlo con otra idea, con otro carácter, con otra traducción.

Entonces me nacieron las ganas de lograr que varias personas interpretaran una pieza con mi idea musical. Cuando te paras frente a la orquesta y con tus gestos, tus movimientos y con tu idea musical, creas momentos de mucha fuerza o mucha melancolía, te das cuenta de que tienes el poder de crear cosas maravillosas siempre y cuando tengas una idea clara, concisa y real de lo que se va a hacer.  Esos fueron mis pasos: primero la flauta; luego el violín, que fue el instrumento principal, el que me hizo enamorarme de los sonidos, de la melodía; y, al participar en una orquesta, que naciera en mí esa inquietud por ver cómo podía yo crear también momentos a través de la orquesta con mis gestos, con mis movimientos.

José Jesús Olivetti tenía 16 años cuando hizo su primera presentación fuera del país. Formó parte de la delegación que representó a Venezuela en el Festival Internacional de Invierno de Campos de Jordao, en Brasil, donde tuvo oportunidad de compartir con personas de América Latina, Europa y Asia. “Estuvimos casi mes y medio allá. Fue un momento grandioso para toda la delegación de Venezuela, pues nos permitió darnos cuenta del nivel musical que teníamos gracias a la calidad de nuestros profesores, que nos dieron una educación que nos hizo representar al país de una manera muy sólida en cuestiones de criterios musicales y estéticos de la música que estábamos ejecutando; que podíamos hablar de tú a tú con personas que nos doblaban la edad y que tenían experiencia orquestal en otros sitios y aun así pudimos demostrar que nuestro nivel era sumamente alto”.

¿Recuerdas el día en que actuaste por primera vez como director de orquestas?

La primera vez que dirigí un concierto formal fue junto a la Orquesta Sinfónica Juvenil de Lara y fue la obra Cuadros de una exposición, de (Modest) Mussorgsky. Fue en el hotel Jirahara de Barquisimeto, en 2011. Eso fue previo a un curso que yo iba a hacer en Bulgaria. Semanas antes de emprender ese viaje, el director de la orquesta me dijo que sería bueno que la dirigiera porque siempre había formado parte de una orquesta, pero nunca había dirigido. Me sugirió que lo hiciera para prepararme, para saber lo que se sentía y así llegara un poco más preparado al curso. Fue un momento único para mí, no puedo expresarlo con palabras. Fue una enorme emoción el poder dirigir por primera vez la orquesta.

Éramos más de 120 integrantes a los que tuve que guiar desde los ensayos para lograr que todos estuvieran en la misma sintonía con la idea musical que uno como director quiere expresar al público. Hacer que los músicos, a través de sus instrumentos, lograran esa energía que le transmitimos al público, fue increíble. Hay muchas fotos de ese día, hay mucha gente del público que aún recuerda ese concierto y creo que es por la energía que se sintió. Los músicos querían hacer nuevas funciones de ese concierto por lo que todos sentimos, por todo el trabajo que habíamos hecho. Yo me sentí afortunadísimo, primero por la paciencia de la orquesta, porque era mi primera vez, pero también porque nos apoyamos muchísimo. Aprendí un montón con esa experiencia.

¿Cuáles han sido hasta ahora los momentos clave en tu corta pero veloz carrera musical?

Ha habido muchos momentos clave en diferentes etapas, tanto como ejecutante y como director. Al principio, uno de los momentos más importantes fue cuando, ya como estudiante formal, pude hacerle un pequeño concierto a mi familia con la flauta. Ellos fueron a visitarme y saqué mi flauta y les ofrecí ese pequeño concierto. Escuchar el aplauso de mi familia me marcó y quise volver a sentir eso muchas otras veces más.

Ya con el violín, uno de los momentos más trascendentales fue cuando, en un concierto, el director me nombró concertino (primer violinista) de la orquesta en el mismo concierto. Eso fue una motivación enorme al saber que todo mi esfuerzo había valido la pena. A partir de allí, todo tuvo otra energía, me sentía con más responsabilidad pero también con más ganas de seguir creciendo.

Como director, una de las cosas más grandes que me ha pasado y que marcó mi vida fue un concierto que hice en Lituania. Estuve allá haciendo la ´Segunda´ de Mahler (Sinfonía n.º 2), estudiándola con un profesor inglés, excelente, Colin Metters. Haber dirigido la orquesta y que todos quedaran impresionados por la energía diferente que tenemos en Venezuela, la manera de interpretar la música, de sentirla y de transmitirla y que la orquesta, al terminar, también empezara a aplaudir, fue para mí un momento único.

Sentí que las cosas iban bien, siempre con la imagen del maestro José Antonio (Abreu, el creador del Sistema) en mi cabeza, que es una de las cosas que tenemos todos los miembros del Sistema. En todo lo que hacemos, en todo lo que participamos o representamos a Venezuela y al Sistema, siempre tenemos su imagen. Para mí fue mágico y una gran satisfacción el hecho de que la orquesta me haya aplaudido de esa manera.

Pero también hay momentos trascendentales en otros aspectos, como el pedagógico, por ejemplo. A los 17 años ya me gustaba mucho visitar los núcleos del estado Lara. Comencé a dar clases en Duaca para tratar de ayudar a los más jóvenes a que sigan adelante con los estudios de música, para apoyarlos con los pocos conocimientos que tenía entonces. Ver las caras de esos muchachos cuando llegábamos a darles las clases es algo maravilloso para mí.

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Uno de los grandes tesoros que tiene el Sistema es que está presente no solo en las capitales de los estados, sino que llega a cualquier cantidad de lugares. Por más lejos que estén, allí toca la mano del Sistema.

Y ya cuando comencé como director creé un proyecto para fortalecer a los núcleos del estado Lara e hice un concierto con jóvenes de Duaca, de Tamaca, de Barquisimeto y de Santa Rosa. Esos cuatro núcleos los juntamos para hacer un concierto que estuvo maravilloso y que fue otro momento especial en mi vida. Tuvimos que buscar un sitio grandísimo, porque eran más de 300 jóvenes de estos cuatro núcleos, y asistieron más de 3.000 personas. Fue algo de verdad único que también fue muy importante en mi vida.

Como director de orquesta, José Jesús Olivetti comenzó a formarse, primero, con sus profesores en el núcleo de Barquisimeto, como el caso del profesor Luis Jiménez y Alfredo D´Addona; y luego, en Caracas, con Francisco Noya, venezolano radicado en Estados Unidos y con el mismo José Antonio Abreu. Fuera del país ha estudiado con Jorma Panula (finlandés), Colin Metters (inglés), Alexander Treger (ruso). En este momento está estudiando con Maurice Hamers (Países Bajos).

¿Por qué te gustó este camino?

Poder guiar la idea musical de la orquesta es lo que más me ha llamado la atención desde un principio. No solamente tocarla, como hacemos los ejecutantes, sino ser el que la creas o guias junto a todos esos excelentes músicos. Tengo planes de seguir estudiando, la música es un constante aprendizaje. Ya terminé los estudios de dirección y ahora estoy haciendo la maestría.

¿Por qué Alemania?

Porque es una de las cunas musicales del mundo. Junto con Austria es una de las potencias musicales con las mejores universidades para estudiar música, con grandes profesores, donde hay una gran cultura musical tanto en los integrantes de las orquestas como en el público que la va a escuchar. Son muy críticos, con un concepto muy amplio de lo que es la historia de la música, y eso me llamó mucho la atención. Audicioné, hice pruebas y exámenes, fue bastante complicado ganarme un puesto. Había solo cuatro plazas y como 70 aspirantes. Gracias a Dios gané la número uno, las otras las ganaron tres alemanes. Fui el único extranjero que logró entrar de entre todos los que habían audicionado. Por eso escogí Alemania. Y aparte de eso, se me están dando bien las cosas aquí.

Tienes el talento. ¿Es suficiente para alcanzar el éxito?

Sinceramente creo que no me corresponde a mí decir si tengo o no talento. Eso es lo que me han dicho otras personas, entre ellos mis profesores. Creo, en todo caso, que todos nacemos con algún talento.  Sin embargo, no es eso lo que determina si tu carrera va a tener éxito o no, sino todo el sacrificio, el estudio, la dedicación que le pongas, el ingenio que le puedas poner para abrirte paso en un mundo tan complicado como lo es el del arte, el de la cultura, el de la música donde hay mucha competencia, donde siempre tienes que estar demostrando lo que eres.

Es importantísimo que estés siempre preparado, estudiando, dedicándole mucho tiempo, buscando tus oportunidades todos los días. El talento solo no es suficiente aquí. Lo importante es esforzarse día a día por tratar de conseguir los sueños, creándote tú mismo tus oportunidades, no esperando a que te lleguen, sino luchando por abrirte paso tú mismo y crearte tú mismo tu futuro.

¿Qué es más importante para ti, los aplausos del público o el reconocimiento de la crítica?

¡Es una excelente pregunta! Gracias a Dios nunca he tenido problemas ni con el público ni con la crítica. Siempre les ha gustado el trabajo que hemos realizado tanto la orquesta como yo, y eso también forma parte del excelente nivel musical que hay en Venezuela y que nos han dado nuestros profesores, quienes nos han dado una educación muy sólida que nos hace poder estar frente a cualquier público y frente a cualquier crítico y hacer que les guste. Tenemos un sello muy especial, ese sello venezolano, innovador, enérgico. Tanto el maestro Abreu como Gustavo Dudamel, que son dos grandes ejemplos a seguir para todos los miembros del Sistema, nos han dado como esa huella y la gente lo sabe apreciar.

Incluso, en los conciertos, la gente no se va de inmediato, sino que espera porque sabe que luego del repertorio académico, después de Mozart, Beethoven o Shostakóvich, tocaré algo de música latina y que pondré a algunos solistas de la orquesta a bailar. Para el próximo concierto, por ejemplo, vamos a incluir West side history; una suite del musical Cats, algunas marchas alemanas, entre ellas Graf zeppelin marsch; pero también vamos a hacer el Tico-tico (una de las piezas brasileñas más conocidas en el mundo). ¡Siempre están esperando esa sorpresa latina que procuro brindarles tanto al público como a la crítica!

Tenías 19 años cuando te nombraron director de la Orquestra Geração, de Lisboa. Entonces dijiste que eso era solo “el principio de una vida de metas y sueños musicales”. ¿Hasta dónde llegan esos sueños?

Soy una persona muy soñadora, que no le teme a los sueños, que no le teme a vivir dentro de la burbuja de los sueños y las metas, por muy difíciles que parezcan a veces. Siempre tengo esa ambición sana de seguir creciendo musicalmente, de seguir creando proyectos. Tengo una cantidad de proyectos en mente que quiero hacer tanto dentro como fuera de Venezuela, dirigir otras orquestas, hacer competencias. Tengo muchos sueños, muchas metas, muchos desafíos que me gustaría cumplir y vivo exclusivamente para ello, dedicándoles los días y las noches a esos sueños. Espero que nunca tengan límites y que no diga nunca que cumplí todos mis sueños porque siempre me estaré planteando nuevas metas.

¿Y sueñas también con una familia propia?

¡Por supuesto que sí! Encantadísimo de hablar de este tema porque es uno de los valores más grandes que me han enseñado mi padre y mi madre y toda mi familia. El amor por la familia, el dedicarle tiempo, el crear momentos especiales, el respeto a la familia, esos son valores que me han enseñado y que tengo la responsabilidad de continuar con mi novia, Patricia Quintero Riera. Ya estamos comprometidos, nos vinimos juntos – también es venezolana – para continuar con nuestros estudios y nuestros trabajos. Ella no tiene nada que ver con la música. Es nutricionista, una excelente profesional, y está trabajando en una clínica acá en Múnich.

Somos muy felices y esperamos poder casarnos pronto, pero por lo del coronavirus todo se ha retrasado un poco. Esperamos que para principios del año que viene podamos celebrar nuestra boda tanto civil como eclesiástica aquí en Alemania. Uno de los tesoros más grandes que me ha dado mi familia son todos esos recuerdos de momentos especiales que me hacen esforzarme por querer, tener y valorar mi futura familia.

Texto Katty Salerno

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