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Annaé Torrealba: “Yo soy mucho más que la nieta de J. V. Torrealba”

Por Katty Salerno

Annaé Torrealba emprendió el camino de la música impulsada más por su familia materna que la paterna, aunque cueste creerlo. Ser la nieta de Juan Vicente Torrealba, uno de los artistas folclóricos de mayor renombre dentro y fuera del país, no le hizo más fácil el recorrido, que es igual de duro para cualquier venezolano que quiera dedicarse a cultivar este género musical. “Los logros que he conseguido han sido con muchísimo esfuerzo y creo que eso le da mucho más mérito a mí trabajo”, dijo a Curadas la cantante, compositora y promotora de música tradicional venezolana. 

Se espera que parte de esos logros de Annaé Torrealba sean reconocidos, una vez más, con los Premios Pepsi Music, cuya entrega será diferente este año debido a la pandemia de coronavirus. Para esta edición, la octava, está nominada en las categorías disco del año por “Campesina” y video del año por Si te vuelvo a ver, un tributo a la diáspora venezolana.

Los nombres de los premiados este 2020 los conoceremos el 26, 27 y 28 de octubre en tres emisiones que difundirá Pepsi Venezuela a través de su canal en YouTube. La gala se efectuará el viernes 30 a partir de las 7 de la noche y será transmitida por ese mismo canal y por Televen. El día inaugural, la folclorista actuará junto al cantante Juan Miguel en un segmento en el que se alternarán la música tradicional y la música urbana de Venezuela.

Con 45 años de edad y más de 25 dedicados a la música, Annaé Torrealba también es madre. Su hija mayor, Michelle, falleció el año pasado, antes de cumplir los 25, a consecuencia de diabetes. Anastasia, próxima a cumplir 20, estudia Arquitectura; y Diego, que empezó primer grado, tiene 6. “Los dos tienen un oído musical que Dios se los bendiga”, dijo, orgullosísima.

¿Por qué estudiaste Relaciones Públicas?

En el momento de entrar a la universidad tenía muchas opciones. Yo terminé el bachillerato muy joven, ni siquiera era mayor de edad, además me gradué con honores, me correspondió dar el discurso de mi promoción. En un principio mi idea era estudiar Comunicación Social, pero la situación económica de mi familia estaba un poquito complicada es ese momento. Entonces se presentó la oportunidad de ingresar al Instituto Universitario de Relaciones Públicas y desde el principio amé la carrera.

Si bien no la he ejercido nunca, es una profesión que he aplicado en mi desempeño artístico. Toda la filosofía relacionista la he utilizado para mi empresa, que soy yo; para mi producto, que soy yo como artista. Disfruté mucho mis años de estudiante, tanto así que obtuve las mejores notas de mi promoción y también me tocó dar el discurso de graduación. He intentado desde hace mucho tiempo retomar los estudios y hacer un siguiente nivel, pero entre la cantidad de trabajo y la familia no me ha sido posible.     

Eres cantante, compositora, locutora, modelo. ¿Con cuál de estas facetas sientes que eres más tú?

Yo creo que una complementa la otra. Si buscas la biografía de los venezolanos trascendentales nunca vas a encontrar a uno que diga que era solamente maestro, por ejemplo. Encontrarás que todos los personajes que se han perpetuado en el tiempo en nuestro país han sido varias cosas al mismo tiempo: político, educador, filósofo, historiador… Yo creo que soy una venezolana que hasta en eso me identifico con mi país, en el sentido de que soy polifacética.

Es imposible decir que me gusta más ser cantante que locutora porque creo que un rol siempre va de la mano con el otro y que he tenido la oportunidad de complementarlos y crecer profesionalmente y como ser humano combinando todo eso. Sin embargo, es indiscutible que mi faceta de mamá es la número uno, la principal, la que tiene que ver con mi familia, que siempre es mi prioridad. Pero, por supuesto, desarrollarse profesionalmente es algo muy sabroso.

¿Cómo compartes tu vida profesional con tu papel de madre?

Yo fui una niñita que creció jugando con muñecas y con cocinitas, jugando a que yo era la mamá. ¡Jugué con la Barbie hasta los 15 años! Desde pequeña, los juguetes que andaban conmigo eran una cartera, una bebé y un tetero porque soñaba con ser mamá. Crecí con esa ilusión y la vida me dio la oportunidad de ser madre tres veces y lo disfruto muchísimo. Mi familia siempre ha sido mi prioridad. He hecho muchos sacrificios profesionales por mi familia, lo que no quiere decir que haya dejado de desarrollarme profesional o académicamente, pero he tratado de compensarlo. Es difícil para un artista mantener el equilibrio tarima-casa, pero creo que lo he logrado porque he podido disfrutar a mis hijos, verlos crecer; y disfrutar el contacto con el público y mi evolución artística. He podido lograr que las dos cosas vayan avanzando al mismo tiempo.    

Indudablemente, tienes un talento natural para la música, particularmente como cantante. Aun así, ¿has realizado estudios musicales formales?

Curiosamente, contrario a lo que todo el mundo piensa, mi inclinación artística, mi impulso dentro de la música, viene más de mi familia materna que de mi familia paterna. Yo soy la nieta de Juan Vicente Torrealba, soy hija del primer maraquero profesional de Venezuela (Santana Torrealba) y tengo muchos tíos músicos. Pero mi familia materna siempre fue muy melómana, de esas que terminaban las fiestas dando serenatas. Todos tocaban cuatro y guitarra y fue así que yo empecé a cantar realmente. Fueron ellos los que me auparon a que me dedicara a la música, los que me dieron el espacio, los que descubrieron mi talento sin ser ninguno músico profesional.

Obviamente, la vena artística está allí. Sin embargo, nunca he tenido formación académica musical. Estudié locución, relaciones públicas, gerencia de eventos especiales, pero no he estudiado música y creo que eso, de alguna manera, me ha limitado. Creo que mi desempeño sería superior si me hubiese tomado la molestia de estudiar en su momento. Pero yo empecé a trabajar como cantante casi a los 18 años y ese ritmo de vida me fue alejando de los estudios formales en música. Hoy en día le recomiendo a los jóvenes, si tienen un don, si tienen un talento para el mundo del arte y del espectáculo, sea en música, artes escénicas o lo que sea, que deben estudiar con profesionales, que deben tener una base académica porque eso siempre potencia el don o talento natural que se tenga para ese arte.

¿Cómo era ese ambiente familiar?

Yo crecí en una familia muy grande y muy unida, que pasaba junta todas las efemérides, carnaval, Semana Santa, Navidad y vacaciones en Calabozo, en las parcelas, porque pertenecíamos a lo que llaman los parceleros. Crecimos muy en contacto con la naturaleza. Tengo muchas primas contemporáneas – son como dos o tres años menores que yo – que me seguían la corriente en todo. Entonces yo organizaba festivales de canto y de baile, concursos, certámenes de Miss Venezuela – yo era el Osmel Sousa del asunto – hacíamos presentaciones de aguinaldos y villancicos en Navidad, y ellas hacían todo lo que yo les indicaba. Somos muy unidas, crecimos más como hermanas que como primas. De alguna forma ellas fueron mi primer equipo de producción, mi primer elenco, mis primeras compañeras en lo que fue el inicio de mi carrera artística.   

¿Cuál es la lección más importante que aprendiste de tu abuelo?

Hay muchas cosas que se destacan de mi abuelo, pero para mí lo más importante es que fue un hombre íntegro, honesto y auténtico. Creo que son los tres pilares más significativos para mí de Juan Vicente Torrealba, más allá de sus famosas canciones, de su éxito y de su prestigio internacional. Si algo aprendí de él, principalmente, fue su mística de trabajo y el respeto hacia la música venezolana, a hacerlo con calidad, a tratar de buscar sonidos nuevos y de demostrarle a todo el mundo que la música venezolana tiene un gran potencial.

Mi abuelo me dejó grandes lecciones de vida. Por ejemplo, la importancia de los ensayos, de preocuparse y mortificarse por hacer las cosas bien o no hacerlas, de pulir el trabajo para que cuando llegara al público tuviese la mayor calidad posible. Eso fue extremadamente importante para mí, algo que marcó mi vida.    

¿Qué te motiva a ser cantante? ¿Fama, dinero, reconocimiento…?

Cantar me produce una gran felicidad, ya sea que lo haga en mi casa, en mi baño o en mi cocina. Pero he descubierto que a través de mi música puedo abrazar a otras personas en la distancia, puedo inspirarlas, motivarlas y acompañarlas. A lo largo de esta carrera he descubierto, y me sorprende, que hay personas cuyo único contacto con el mundo son la radio, la televisión o la música. Entonces, acompañarlos en sus problemas o en sus dolores o en sus tristezas o en sus soledades ha sido una forma de estar en contacto con sus sentimientos.

No hay una motivación material en cuanto a dinero o fama, porque si fuera eso lo que quisiera no estaría haciendo música venezolana sino estaría haciendo bachata o reguetón.  Yo creo que más allá de hacerlo con algún propósito, esto es un don, es una responsabilidad, una función. Así como Dios encomienda a otros que sean médicos para sanar personas, o encomienda a ingenieros hacer puentes para que los demás nos podamos trasladar, creo que yo tengo la responsabilidad de entretener, de acompañar, de distraer y de poner ese fresquito en el espíritu y en el alma de las personas que lo necesitan.

¿En qué te inspiras para componer tus canciones?

Normalmente en el amor y el desamor. Yo soy superdespechada, romántica, enamorada y empalagosa. ¡El amor en todas sus expresiones es lo que más me mueve! Creo que definitivamente el amor es el principal motor del mundo, es uno de los valores que sostiene la cultura de paz, es una de las razones de nuestra existencia. El amor siempre ha sido una inspiración. ¡Y el desamor también, por supuesto!

¡Entonces has tenido tus despechos!

¡Me he casado tres veces… ya te imaginarás! (Risas) ¡Claro que he tenido despechos, claro que sí! He tenido momentos de tristezas, de rupturas. Hay un montón de situaciones que he vivido que se han convertido en canciones y con el tiempo pasaron a ser algo hermoso. 

¿Cuándo lanzarás tu nuevo videoclip?

Si Dios quiere, el 6 de noviembre, si no hay ningún contratiempo. Lo grabamos siguiendo todas las indicaciones sanitarias y respetando las normas de bioseguridad. Tratamos de ajustarnos a lo que son estos tiempos sin dejar de producir, sin dejar de acompañar al público.

Es un sencillo de música tradicional venezolana con la agrupación Solo Ensamble que no está incluido en el disco “Campesina”. De hecho, es la adaptación de un clásico de música pop de los años 80 que estamos llevando a formato de música tradicional.

¿Y cuál es el título?

¡Eso no te lo puedo decir todavía! (Risas)

¿Cuál es la situación actual del artista venezolano?

El mundo de la cultura no escapa de la actual situación económica, social y política de Venezuela. Pero más allá de eso, el artista folclorista no ha encontrado la forma de evolucionar. Yo soy de las que piensa que la música venezolana necesita actualizarse, así como se actualizan las aplicaciones de los dispositivos digitales; que tiene que refrescarse, porque la evolución es lo que permite que los seres se mantengan en el tiempo. De lo contrario se arriesgan a la extinción.

La música venezolana está enfrentando el fenómeno de lo comercial y lo popular y el mercadeo que hay en cuanto a los géneros, sobre todo los tropicales y los bailables, que arropan un poco a lo que es la parte folclórica. Y no solamente es el caso de Venezuela, sino que es el caso de toda Latinoamérica. Por eso, en mi programa de radio Sonidos de Venezuela me he dado a la tarea no solamente de promover y difundir las diferentes formas de hacer música venezolana, sino de apoyar a nuevos artistas y a nuevas generaciones.

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Contrario a lo que la gente pudiese pensar, a mí me costó mucho posicionarme como artista aun siendo la nieta de Juan Vicente Torrealba.  Y en este momento estoy retribuyéndole a la vida lo que yo he logrado, dándole la mano a los nuevos talentos, tratando de visibilizar las nuevas propuestas de la gente joven que no encuentra cómo canalizar las cosas para que ese talento llegue al público, si se quiere estableciendo un puente entre la tradición y la evolución, entre las propuestas de origen y las de vanguardia. Y, sobre todo, visibilizar lo positivo que es hablar de Venezuela a través de la música, algo que me apasiona profundamente. 

¿Es mejor para los artistas difundir su música a través de plataformas digitales?

Como todo en esta vida, lo bueno siempre tiene algo malo y lo malo siempre tiene algo bueno. Las plataformas son un recurso que ha permitido a los artistas llegar a otros lugares, pero no son todos. Los medios tradicionales – radio, televisión, prensa – siempre deben ser respetados, aunque hoy en día el consumo sea de manera digital también, siempre deben ser importantes para cualquier artista.

Pero ocurre que dentro del folclore y la cultura musical venezolana el artista criollo todavía no entiende el valor de tener presencia digital audiovisual. Por ejemplo, los artistas que hacen música venezolana no le dan la importancia, el respeto que se merece, a la mezcla y la masterización para la calidad final de su producto. Muchos folcloristas no tienen redes sociales, no tienen un canal en YouTube, no tienen videoclips, y eso les limita la presencia y la difusión de su trabajo en otros mercados. Y los artistas de tradición se mantienen alejados del público porque no son amigables con la tecnología.

Entonces hace falta hacer un trabajo de base, dentro de lo que es la parte cultural, para poder exponerlos y tener mayor alcance. Eso es algo que tiene que lograrse con el tiempo, con un cambio de visión y con una comprensión, sobre todo entre los cultores y los artistas folcloristas, que deben entender que el mundo está en constante evolución y que hay que moverse al ritmo de lo que tenemos en nuestro entorno.   

Te has propuesto demostrar que la música folclórica venezolana tiene calidad de exportación. ¿Cómo van esos esfuerzos?

Yo tengo la gran satisfacción personal de poder contar mi historia y hoy en día poder decir que hay algo más allá del apellido Torrealba. Si bien ha sido un gran espaldarazo ser la nieta de Juan Vicente Torrealba, también ha sido un reto demostrar que yo soy mucho más que la nieta de mi abuelo, demostrar que soy una artista con personalidad, con criterio, con algo que ofrecer al público.

Yo estoy muy contenta del respaldo de mi público, de la receptividad que ha tenido mi trabajo, de que hoy en día se me considere más allá de cantante y locutora, como una promotora de la cultura musical venezolana y una defensora del folclore venezolano. Eso definitivamente para mí es una gran satisfacción. Y creo que voy a seguir haciéndolo porque si bien nunca he tenido patrocinantes, ni padrinos o inversores que respalden mi trabajo, siempre he contado con el apoyo de mi familia. Nunca he tenido una estructura, como muchos artistas de otros géneros. He invertido en mis sueños a punta de trabajo. Los logros que he conseguido han sido con muchísimo esfuerzo y creo que eso le da mucho más mérito a mi trabajo. 

¿Hasta dónde quisieras llegar como artista?

Hasta donde Dios me lo permita. Yo doy un paso a la vez, pongo un pie delante del otro para avanzar. Siempre estoy en constante reinvención y evolución de mi propio talento, siempre tratando de avanzar. Son tiempos más difíciles, pero justo por eso hay que ponerle más empeño, porque cuando las cosas están bien todo sale fácil. Pero cuando la vida se nos pone cuesta arriba, cuando nos toca enfrentar una pandemia, una situación económica difícil, cuando hay adversidades que superar, ahí es cuando uno demuestra de qué está hecho, cuál es el temple que tiene. Cuando caminas en plano no tienes que hacer esfuerzo, pero cuando vas cuesta arriba es cuando tienes que ponerle corazón.       

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