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Bolivia Bocaranda: “Ser abuela es divino”

Por Katty Salerno

Para Bolivia Bocaranda octubre es especial. Es el mes en que cumple años y en el que, en 1999, le diagnosticaron cáncer de mama, un hecho que cambió su vida. Desde entonces se ha dedicado a crear conciencia sobre la importancia de la detección temprana de esta enfermedad y a la fundación Senos Ayuda, que se activa mucho más por estos días por ser el Mes de la Sensibilización del Cáncer de Mama. Pero este octubre es aún más especial para ella: espera el nacimiento de su primer nieto varón, un acontecimiento por el que está sumamente feliz. Tanto, que nos pidió programar con tiempo esta entrevista porque cuando nazca el bebé se dedicará por completo a atender a su hija Cristina y al nuevo miembro de la familia. “Ser abuela es divino”, dijo a Curadas la también esposa del conocido periodista Nelson Bocaranda.

“Voy a tener un nieto, un niñito, y se llamará Simón José. Ya tengo dos nietas, Sofia y Alexandra, de 6 y 4 años, de mi hijo Nelson Eduardo. Este es el primero por el lado de mi hija Cristina. Estoy muy feliz con la noticia de volver a tener un nieto chiquitico. A mis nietas las disfruto muchísimo, juego muchísimo con ellas, cuando voy a su casa lo que hago es jugar, jugar y jugar. Son la mejor terapia para uno divertirse, para uno rejuvenecer, para recordar los momentos de cuando uno también fue niño”, dijo.

¿Cómo te sientes frente al hecho de ser abuela?

Ser abuela es divino, porque los consientes, en el buen sentido de la palabra, disfrutas con ellos, juegas, hablas, fantaseas. Yo viajo con ellas imaginariamente. Entonces es muy rico poder disfrutar ese lado tan divino y tan nutriente de los nietos y dejar a sus padres las responsabilidades de educación y formación.

¿Las abuelas de hoy son diferentes a las de antes?

Sí, creo que lo somos, aunque yo tuve la suerte de tener una abuela muy especial, una abuela que me nutrió muchísimo, que me enseñó muchísimo, una abuela que estaba avanzada para su época. Así que con ese parámetro no me importaría en absoluto que mis nietas me compararan con las abuelas de antes, si es un tipo de abuela como la que yo tuve. Ella me enseñó a apreciar muchísimas cosas, a disfrutar, a viajar, a leer, a compartir con ella.

Las abuelitas de ahora somos diferentes porque estamos metidas en otro mundo. Tenemos nuestra actividad propia, no estamos en la casa ni tejiendo ni cocinando, sino trabajando y echándole pichón a la vida, con unas agendas propias también como mujeres y desarrollándonos. Mi abuela de verdad fue fuera de serie y quisiera que mis nietas me recuerden en un futuro de la misma forma en que yo recuerdo a la mía”.

Bolivia nació en Caracas el 26 de octubre de 1954. Es la hija del medio entre dos varones. Se graduó en Relaciones Industriales en la UCAB y se fue a Nueva York a hacer una maestría. Lo que no imaginó fue que allá conocería a quien es hoy su esposo y que se convertiría en madre de dos hijos. “A Nelson lo conocí apenas llegué a Nueva York. El mismo día que lo conocí me dijo que se quería casar conmigo. Al oír eso, lo primero que pensé fue que él estaba un poco mal de la cabeza. Empezamos a salir, pero sin yo pararle mucho. Después de tres años nos casamos.

¿Qué te enamoró de él?

Su sentido del humor, además de que admiraba mucho el trabajo que hacía. Pero básicamente fue su sentido del humor y su personalidad, es una persona con la cual es muy fácil convivir. Lo que me enamoró sigue presente y es lo que ha mantenido el matrimonio durante tooodos estos años desde que nos casamos en el ochenta y… ¿En qué año fue que me casé…? ¡Ya no me acuerdo! (Risas)

En esa época no había celulares y él me vacilaba mucho por teléfono. En ese momento yo estaba buscando apartamento y me llamaba, haciéndose pasar por un árabe o un italiano, ofreciéndome apartamentos fabulosos, un penthouse en la Quinta Avenida, por ejemplo, por cuatro dólares mensuales. Yo muchas veces no lo reconocía hasta que él soltaba la carcajada. El humor siempre ha estado presente en nuestra relación. Una amiga mía que estaba viviendo en Nueva York en ese momento, Marta Rodríguez, me dijo un día que me casara con él porque me hacía reír muchísimo y que eso era muy importante. Hoy creo que ella tenía toda la razón.

¡Y todavía me siguen divirtiendo sus ocurrencias! Durante todo este tiempo de la pandemia me he dado cuenta de que tenemos una muy buena relación, respetándonos cada uno nuestros espacios de trabajo, nuestros espacios de vida, admirando cada uno lo que hace el otro y además disfrutando de la vida en pareja.

¿Recuerdas qué sentiste la primera que lo viste?

Cuando lo conocí, él ya tenía mucho tiempo viviendo en Nueva York y me parecía chévere que conociera muy bien la ciudad. Yo tenía unas ganas inmensas de vivir, de estudiar, de comerme la ciudad, de conocer, pasear, disfrutar, de tener la experiencia de vivir sola. Él era así como la referencia del que tenía muchísimos años y estaba al tanto de las últimas novedades, de las ultimas noticias de lo que pasaba en Nueva York y que te podía dar una idea perfecta de los lugares a donde ir». 

Después de que se casaron, Bolivia Bocaranda mantuvo un bajo perfil, ayudando a Nelson en su oficina. Así fue hasta octubre de 1999, cuando le diagnosticaron cáncer de mama. “En ese momento decidí hacer algo por la mujer venezolana, hacer algo por la falta de información que yo misma enfrenté cuando me diagnosticaron. Así nació la fundación Senos Ayuda”.

Háblame de tu vivencia como sobreviviente de cáncer de mama.

Cuando tenía 45 años, al regreso de un viaje a Estados Unidos, venía bombardeada con todo lo del mes rosado. Yo siempre he sido muy metódica en todo lo que tiene que ver con rutinas de exámenes y cuidados desde el punto de vista médico. Para no olvidarme de hacerme mi control ginecológico, todos los años, en octubre, antes de mi cumpleaños, me hacía mi chequeo de rutina. Así que me fui a hacer mi chequeo. A los dos días llamaron a Nelson y le dijeron que debía repetirme la mamografía. Lo hice, pero me dijeron que me quedara tranquila, que la habían repetido porque el aparato no estaba bien calibrado, que habían visto algo pero que en realidad no era nada. Que esperara hasta el próximo año para mi siguiente chequeo.

La verdad fue que yo dudé del diagnóstico que me dieron. Pero fue más fuerte mi parte racional que la intuitiva y no me hice otro chequeo en ese momento porque no sabía si podía hacerme una nueva mamografía tan seguido. Me dije que no debía estar inventando con eso de volverme a chequear porque ya los médicos me habían dicho que me quedara tranquila. Y lo dejé así.

Al año siguiente, cuando iba a cumplir 46 años, volví a hacerme mi chequeo. Me lo hice antes del 12 de octubre, que era feriado largo, y dejé de última la mamografía porque también me estaba haciendo unos exámenes preoperatorios porque me quería quitar las arruguitas de los ojos. Pero el técnico que me hizo la mamografía me dijo que se veía muy claro el carcinoma en la mama izquierda.

Fue de esta manera que me enteré, un fin de semana largo de octubre, que tenía cáncer de mama. Tuve que esperar a que pasara el feriado. Llamé a mi hermano, que es médico, y le dije que había un diagnóstico positivo y que ni siquiera debía esperar una biopsia para reconfirmarlo.  La imagen confirmaba lo que se había visto en la mamografía del año anterior.

Así que me activé de inmediato y para el 26 de octubre, día de mi cumpleaños, ya me había operado y estaba en mi casa sin drenaje, con un panorama claro de lo que tenía, pues ya me habían dado los resultados de la biopsia, y al tanto de que tenía que hacer tratamiento.

En ese momento me apoyé muchísimo en una amiga del gimnasio, Beatriz de Ottengo, que había pasado por un cáncer de mama, quien fue mi muleta durante todo este proceso. Las dos nos dimos cuenta de que había que hacer algo. Fíjate, por ejemplo, que yo no tenía información de si me podía repetir la mamografía, de si las radiaciones me iban a afectar.

¡Quedé asombrada de las estadísticas de incidencia por cáncer de mama! Empezamos a trabajar y luego se unió Ingrid Borges, también como voluntaria, y comenzamos a dar nuestro testimonio como sobrevivientes de cáncer de mama. Luego se unió Tania Sarabia, también sobreviviente. Así fuimos formando lo que es hoy Senos Ayuda.

¿Había antecedentes en tu familia?

En mi caso no había ningún factor de riesgo conocido. Creo que fui la primera en la familia con ese diagnóstico, aunque estoy consciente de que muchas veces uno no sabe de qué murieron las tías o abuelas porque antes, en muchas familias, ese era un tema tabú. Pero por la investigación que yo hice en mi familia, no encontré antecedentes. No había un factor de riesgo importante que yo pudiera considerar como para estar alerta. En mi caso fue un hallazgo muy incipiente y sin ningún tipo de antecedente.

¿Cómo cambió tu vida ante este hecho?

Esto nos cambió la vida a todos en la familia. Para mis hijos, que estaban adolescentes en ese momento, fue un shock emocional muy grande, todos buscamos apoyo. Yo me apoyé en una prima que es psiquiatra, mis hijos también fueron al psicólogo. Poco a poco tuvimos que ir enderezando las cargas porque el tratamiento de radio y quimioterapia duró un año.

Nelson tuvo una presencia muchísimo mayor en la familia, se ocupó de muchas cosas que yo hacía. Me acompañaba a las sesiones de radioterapia y quimioterapia, por lo que faltó muchas veces a su programa de radio. Un día estaba haciéndole una entrevista a alguien de la Sociedad Anticancerosa y trataron el tema del cáncer de mama. Yo me di cuenta de que a Nelson se le quebró la voz en ese momento. Lo llamé y le dije que consideraba que era el momento de decir públicamente por qué había faltado al programa y él me respondió que no podía hacerlo. Entonces le pedí que me pusiera al aire y lo expliqué. Así fue que la gente empezó a llamarme y se fueron uniendo amigos a la causa, así nació el voluntariado que permitió crear la fundación.

Además del tratamiento médico, ¿en qué otras cosas te apoyaste?

Como te conté, mi abuela fue una persona muy especial. Ella me enseñó desde chiquitica a visualizar. Entonces, en el momento de las radio y quimioterapias, hice muchas visualizaciones y las reforzaba con la teoría y práctica de la Psiconeuroinmunología, de la doctora Marianela Castés. Eso me ayudó muchísimo. Además, yo tenía una actitud muy chévere. Yo me cambié al horario del grupo de los hombres que estaban haciendo tratamiento por cáncer de próstata y así no veía a personas con cáncer terminal. Eso me ayudó a estar en un ambiente que no me resultaba depresivo dadas mis condiciones.

Organizaba planes para los fines de semana, porque mis sesiones terminaban los jueves. Hacía las maletas para salir para algún lado, para pasear, para conocer, para irnos a la playa, entonces siempre tenía la ilusión de que al llegar el fin de semana iba a hacer cosas que me resultaban gratificantes. 

Otra cosa que creo que me ayudó muchísimo fue llevarle siempre un paso adelante a la enfermedad.  Si me hacía una radiación, la contaba como una menos que me faltaba.  Cuando se me empezó a caer el cabello, no esperé, sino que me lo corté antes de que se cayera del todo. No es lo mismo estar en el proceso de que se te está cayendo el pelo a cuando ya se me cayó y tengo una peluca puesta. Era adelantarme a procesos que podían ser largos y en los que psicológicamente uno está incómodo. La caída del cabello fue el momento más duro en cuanto a imagen porque es ver el cáncer retratado en el espejo y ya no hay manera de esconderlo ni de disimularlo. Está allí y todos los días te lo recuerda.

Pero resolví vacilarme la peluca y cuando salía con mis hijos me la quitaba en los lugares más inauditos, en un centro comercial, por ejemplo, y todos nos moríamos de la risa. Entonces fue como vacilarse ese hecho y adelantarse a los acontecimientos”.

Desde que Bolivia Bocaranda fue diagnosticada, hace ya 21 años, la situación ha cambiado drásticamente para los pacientes de cáncer de seno en Venezuela. De acuerdo con cifras difundidas por la Sociedad Anticancerosa de Venezuela (SAV) sobre el pronóstico de incidencia y mortalidad del cáncer en el país, para 2019 se estimó un total de 7.093 nuevos casos y 2.819 decesos por cáncer de mama, lo que quiere decir que, en promedio, cada día mueren ocho personas a consecuencia del cáncer de mama en nuestro país. Los datos reflejan un aumento significativo en las cifras que se han venido observando desde 2015.    

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Cifras de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) indican que si el cáncer de mama es detectado en las primeras fases, las posibilidades de curación ascienden a 97 %. Las tasas de supervivencia difieren ampliamente: van desde 80 % o más en América del Norte, Suecia y Japón a 60 % en países de medianos ingresos y a menos de 40 % en países de bajos ingresos. “Las bajas tasas de supervivencia en los países menos desarrollados se deben principalmente al diagnóstico tardío”, asegura el organismo.

“Es terrible lo que hemos estado viendo últimamente en la fundación Senos Ayuda – prosigue Bolivia Bocaranda. Casos de mujeres en estadios demasiado avanzados, ya con los senos brotados. Se presentó incluso una señora que ya tenía gusanos porque no había recibido tratamiento a tiempo, venía del interior del país. ¡Eso nunca lo vi en los primeros años en que empecé a trabajar! La escasez de medicamentos, la falta de lugares para hacer quimio o radio es algo que me da muchísima tristeza. Los esfuerzos de la fundación para recaudar fondos son cada vez más grandes.

Durante estos meses de pandemia se registró un aumento del 40 % de solicitudes en la fundación, lo cual indica lo mal que está el sistema de salud pública que no está dando respuesta a las mujeres que han sido diagnosticadas con cáncer de mama. Ya venía no dando respuesta, pero ahora se agravó por la pandemia de coronavirus.

El 60 % de los hogares venezolanos está atendido por mujeres mayores de 40 años, que es la edad en la que hay mayor incidencia de cáncer de mama, y con un salario mínimo como el de Venezuela es imposible que puedan realizarse todos sus exámenes de prevención para lograr diagnóstico precoz. Y tampoco existen posibilidades en el sistema de salud pública para que una mujer pueda ir a hacerse una mamografía y diagnosticar un cáncer a tiempo. Todo esto agrava muchísimo la situación de los pacientes oncológicos y lo más probable es que esto incida en una mayor mortalidad por esta causa.

La situación más fuerte que enfrentamos ahorita en la fundación es la gran cantidad de solicitudes que nos llegan de parte de mujeres que no tienen con qué hacerse el tratamiento, con qué comprar los medicamentos. Por eso son los esfuerzos cada vez más grandes que hacemos para recaudar fondos, sobre todo en este mes de octubre, para poder apalancar recursos y poder ayudar a las mujeres en sus exámenes de diagnóstico mamario.

Es muy difícil y dolorosa esta situación. Muy triste. Es inaudito que organizaciones de la sociedad civil, como lo es nuestra fundación, sean el reducto que tienen las mujeres con cáncer de mama para solucionar este problema, cuando debería ser el Estado venezolano el que cumpla con el derecho a la salud que está contemplado en nuestra Constitución. Nosotros hacemos todo el esfuerzo posible para ayudar, pero la responsabilidad debe ser del Estado.

Indigna que cada día más y más personas acudan a organizaciones como la nuestra buscando una ayuda, una respuesta que no consiguen en las instituciones públicas. Da rabia, impotencia, frustración y tristeza porque tener un diagnóstico de cáncer ya es una preocupación inmensa para, además, ser ruleteado de un lugar a otro para buscar un medicamento para el tratamiento, sin saber si te vas a poder hacer la radioterapia porque no sabes dónde ni qué es lo que está funcionando, sin poder contar con los recursos. Es muy doloroso, pero es la realidad con la que nos estamos enfrentando todos los días.

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Una respuesta a «Bolivia Bocaranda: “Ser abuela es divino”»

Bolivia y Nelson!!…Estoy muy…pero… MUY contesta con este mensaje que envían!!!
Soy una admiradora de ustedes dos, así como de lo que hacen!!!
Me siento muy satisfecha de ser su amiga, además el par de hijos que tienen, me terminaron de “comprar” para siempre!!!

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