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Pollo Sifontes: “Componer es una pasión”

Por Katty Salerno

Al Pollo Sifontes le pusieron ese sobrenombre porque era el niño más rubio de la escuela donde estudió la primaria en Ciudad Bolívar. Sus antepasados, naturales de Córcega, isla francesa del Mediterráneo, migraron a Venezuela y se asentaron en San Juan de los Galdonas, desde donde se fueron ramificando hacia otras zonas del estado Sucre. En memoria a uno de sus abuelos, José María Galdonas, bautizaron al hoy compositor como José María Sifontes Oliveros.

Hasta donde sabe, en su familia no ha habido músicos, aunque sí poetas. Su interés por la música le nació escuchando baladas románticas en los discos de 78 revoluciones que sus padres hacían sonar con el tocadiscos. Sin embargo, la música se convirtió en su vida, por lo que hoy es uno de los más reconocidos compositores del país. Componer “es una pasión”, nos dijo en esta entrevista con Curadas, donde nos contó acerca de su vida, de éxitos tan conocidos como Anhelante, y de los incontables y buenos amigos que ha encontrado en este camino. También nos habló de sus nuevos proyectos, como la gaita Guillermito que acaba de lanzar en homenaje al muy querido animador Guillermo “Fantástico” González, y de las producciones en las que está trabajando.

¿Cómo se siente con el lanzamiento de su gaita Guillermito?

Muy emocionado, es algo muy sentido, muy emotivo porque se trata de un gran amigo mío, un fraterno amigo con quien tuve una hermosa relación familiar de más de 40 años. Una historia muy bonita porque él decía que mi esposa (la cantante, compositora y actriz Raquel Castaños) era su hermana menor. Cuando Raquel empezó en RCTV, en el programa de Renny Ottolina, siendo una niña, quien la llevaba al canal era su abuelita. A veces, cuando tenía que hacer diligencias, se la encargaba a Guillermito para que la cuidara y él lo hacía y hasta la ayudaba a hacer las tareas del colegio.  Desde entonces se ha mantenido esa hermosa relación de amistad, más bien familiar.

¿Y cuándo conoció usted a Guillermo González?

En 1976 exactamente. Ese año mi canción Anhelante se hizo muy popular en la voz de Gualberto Ibarreto y me di a conocer de una manera más amplia en el medio. En ese entonces yo era muy tímido y huía de las entrevistas (risas). Por ese tema gané varios premios, uno de ellos el Guaicaipuro de Oro, como compositor. Así empecé a tener más roce con los medios y con la gente del medio artístico, entre ellos Guillermito. En ese momento yo también estaba en plan de conquistar a Raquel. Era mi amiga, pero ella no quería saber nada de mí como novio, ¡para nada!

¿Entonces le escribió la canción para enamorarla?

¡Por supuesto! Si analizas la letra te das cuenta de que eso era lo que buscaba. En ese momento realmente me conformaba con mirarla, aunque fuera un instante. Y al final digo que esperaría por ella y en efecto tuve que esperar, hasta que por fin nos casamos en 1978. ¡Finalmente logré mi anhelo! (Risas).

Guillermo fue una persona muy importante en mi vida, además de la amistad que lo unía a Raquel. Fue una amistad muy bella, compartimos mucho. Él siempre fue muy alegre, siempre celebrábamos todo.

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¿En persona era igual de alegre a como lo veíamos en televisión?

¡Era peor! ¡Un loco. Tenía cada ocurrencia! (Risas). Guillermo era una fiesta permanente. Su cumpleaños era el 8 de junio y cada 8 de junio era una gran parranda, todos los años.

¿Esta es la primera gaita que usted compone?

Sí. Nunca me imaginé que escribiría una gaita, porque mi fuerte son más bien las canciones románticas, las baladas, boleros, música pop. Y menos en estas circunstancias, para despedir a un amigo tan querido. El día que Guillermo se fue, el 30 de junio pasado, nos llamaron como a las 2 de la mañana para avisarnos. Él estaba en España desde hacía tres años. Se había ido para compartir con su única hija, Guillermina, y sus nietos, y siempre mantuvimos el contacto. En diciembre de 2019 le diagnosticaron el cáncer de páncreas y estuvimos apoyándolo, pese a la distancia.

Cuando me dieron la noticia no pude dormirme de nuevo. Estaba muy triste. Me levanté, preparé café y me puse a escribir. Ya al mediodía tenía la canción lista, letra y música. Y fue una gaita porque Guillermito era muy gaitero, le encantaban las gaitas, amaba al Zulia. Y dije que tenían que interpretarla los grandes de la gaita, como Ricardo Cepeda, Neguito Borja, Gustavo Aguado, Betulio Medina, que también fueron grandes amigos de él.

Pero además llamé a otro poco de gente que también era amiga de Guillermo, como Toña Granados. En todos sus cumpleaños siempre estaba Rudy Márquez, Raquel, Nancy Ramos… Y también su sumó gente más joven, como Antonietta y Delia. Annaé Torrealba, que concursó y ganó en Cuánto vale el show. La amistad entre Guillermo y Chelique data de los años 60. Orlando Urdaneta, la Malandra Elizabeth, Miguel Ángel Landa, Mirtha Pérez, Toco Gómez. Yo logré reunir a todos estos panas.

Fue un trabajo hermoso y sobre todo muy complejo porque se grabó a distancia debido a que muchos están fuera del país y otros están confinados en su casa, por el tema de la pandemia del coronavirus. Por ejemplo, del grupo gaitero, La Nueva Conga, Sergio Brito vive en Lima, Perú. Él grabó la flauta y mezcló el tema en un pequeño estudio que tiene allá. El pianista vive en Colombia, la percusión se grabó en Maracaibo… Fue un trabajo interesantísimo, la verdad. Las imágenes de Guillermo que aparecen al final del videoclip son de Luis Guillermo Rangel, también muy amigo de él. La satisfacción es enorme. La idea es recordar a Guillermo, hacerle un tributo y mantener vivo su recuerdo porque él le dio mucho a Venezuela.

¿Cuántas canciones ha compuesto?

¡No tengo idea! Uno va componiendo y componiendo, pero hay canciones que nunca se han grabado, por eso no se conocen. Tampoco me he dado a la tarea de buscar quien grabe mis canciones.  Surgieron algunas oportunidades y así fue como se fueron grabando…

¡Pero no para nunca, por lo visto!

No, esto es una disciplina, es algo de todos los días. Es una pasión. Todo proceso creativo tiene su encanto. A mí el confinamiento no me ha pegado. Yo me siento en el piano todos los días. A veces toco las canciones viejas, otras las que están en tránsito, las que se están madurando. Siempre tenemos que estar activos. Eso nos llena la vida y nos hace más llevadera esta situación.

¿Qué hace falta para componer: inspiración, talento, sentimiento o conocimiento…?

Un poco de todo. Siempre debe haber una inspiración, un motivo. Con el tiempo, eso se convierte en una disciplina, como te dije, y entonces ya no hace falta que estés inspirado. Te planteas desarrollar un tema sobre alguna situación, algo que esté sucediendo, y te sientas y lo desarrollas. Claro que a veces hay situaciones o sentimientos particulares que te motivan a hacerlo, como me pasó con la gaita a Guillermito, que fue un hecho para mí muy triste, terrible, en lo personal. Pero hay otra forma de escribir en la que simplemente te sientas y creas la historia, porque las canciones son eso, pequeñas historias.  A veces las dos cosas surgen simultáneamente, la música y la letra.

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¿Cómo se dio cuenta de que usted tenía este don para la composición?

Todo comenzó cuando yo era muy pequeño, de 3 o 4 años, y escuchaba en mi casa la música de esa época, sobre todo romántica, que escuchaban mis padres. Artistas como Alfredo Sadel o Lucho Gatica. Esos discos eran mi juguete. Escuchar ese tipo de música fue mi referencia, fue algo que tuvo mucha influencia en mí. Pasaron los años y ya cuando tenía 8 o 10 años comencé a escribir y poco a poco fui desarrollando ese talento o don, por llamarlo de alguna forma.

Ya cuando tenía 12 o 13 años hice Ciudad Bolívar, que fue la primera canción mía que se grabó y que hoy en un tema emblemático de esa ciudad. Serenata Guayanesa la incluyó en su primer disco, en 1971. Nos conocíamos porque cantábamos juntos serenatas y parrandas. A ellos se les presentó la oportunidad de grabar ese disco que fue financiado por la gobernación del estado con fines corporativos. Allí incluyeron también el merengue El burro parrandero.  Así nació todo.

Poco después Chelique Sarabia quiso que ese grupo se hiciera más conocido y logró que a través del sello disquero El Palacio de la Música se grabara de nuevo ese disco, pero esta vez con fines comerciales. En ese se incluyó El sapo, que fue el primer gran éxito de Serenata Guayanesa.

La familia

El Pollo Sifontes nació en Caracas el 11 de febrero de 1949, aunque sus padres son de Río Caribe, estado Sucre. Sus abuelos también son de Río Caribe, pero sus tatarabuelos y bisabuelos nacieron de inmigrantes llegados de Córcega. “Tengo un abuelo, el que crio a mi mamá, que era apellido Galdona. Él se llamaba José María Galdona. Yo me llamo así por él. Mis antepasados, cuando llegaron a Venezuela, se establecieron en San Juan de los Galdonas, donde fundaron haciendas de cacao. De Caracas nos mudamos a Carúpano. Luego, a mi papá le surgió una oportunidad de trabajar en Ciudad Bolívar, donde crecí y estudié hasta bachillerato. Allí me hice parrandero y serenatero”.

¿Y de dónde le viene lo de músico?

En mi familia no hay músicos, pero sí poetas. Ese abuelo del que hablaba, era poeta. Pero músicos, que yo recuerde, no.

¿Cómo se conectó con la música?

Como te dije, de niño escuchaba mucha música en casa, recuerdo que eran discos de 78 revoluciones. También tenía una tía, mi tía Ofelia, hermana de mi papá, a la que le gustaba tocar cuatro y tenía uno que guardaba en un escaparate. Ella me enseñó los primeros pasos en Río Caribe, a donde íbamos de vacaciones. Pero ella no era músico, solo le gustaba tocar el cuatro. Recuerdo que la primera canción que me enseñó a tocar fue Compadre Pancho (risas). Después en Ciudad Bolívar estudié algo de música. Pero mi gran escuela ha sido el roce con los músicos a través del tiempo.

Al terminar el bachillerato me vine a Caracas para seguir la universidad. Comencé a estudiar Administración, pero abandoné. Sabía que lo mío era la música. Entonces busqué la manera de relacionarme con gente vinculada a ese mundo.

Chelique Sarabia tenía un programa en Radio Capital que se llamaba Venezuela, buenas noches, que salía al aire todos los días de 8 a 9. Y a continuación venía otro, también de Chelique, que se llamaba Junto a una guitarra.  Este era un programa más íntimo donde lo acompañaba un guitarrista, Ángel Melo, un genio, un hombre con un talento superextraordinario. Como en este programa la gente podía cantar, un día me arriesgué y fui. Me presenté y dije ´soy fulano de tal´.  Claro, ya Serenata Guayanesa había grabado esas canciones que te comenté y por eso Chelique me recibió muy bien. Ahí comenzó mi relación y mi amistad con Chelique. También me hice amigo de Ángel Melo. Fue con él que estudié cuatro.

Chelique también tenía un estudio de grabación, Estudios del Este, donde conocí a Alí Agüero y a Carlos Moreán. Logré hacer click con ellos y así terminé formando parte del grupo Los Cuñaos, con el que grabé dos discos comerciales. En uno de esos discos están Anhelante y Tu ternura, otra canción mía. Estar en un grupo polifónico como Los Cuñaos me permitió aprender técnicas para cantar, para respirar, para modular. Ese grupo fue una verdadera escuela para mí.

Simultáneamente también incursioné como cantante de comerciales. Uno de los primeros que hice fue uno de Pepsi-Cola, producido por Chelique. En esa época, para cantar cuñas se exigía el certificado de locución – yo aún no lo tenía – y los cantantes de comerciales cobrábamos los honorarios a través del Sindicato de Radio y Televisión. Por eso, quien firmó mi primer contrato como cantante fue Carlos Moreán, que también fue un gran amigo. Luego saqué mi título de locución y tuve mi propia productora de comerciales. Así me abrí camino en otros ámbitos de la música.

Después grabé un disco muy lindo a dúo con Raquel, del cual casi todas las canciones las compuso ella, que se llamó “Mi buen amigo”, una canción que hoy se canta mucho en las iglesias porque es un tema muy espiritual. Antes de ese había grabado un disco con un amigo mío, Farid García, en Ciudad Bolívar, con el sello RCA, con canciones compuestas por mí. Allí incluimos una muy particular, El cafecito, un merengue venezolano que le compuse a la señora Margot Jiménez. Yo me hice muy amigo de un gran músico, un tipo sumamente talentoso que se llama Trino Jiménez, un gran productor musical, ahora residenciado en Tennessee, Estados Unidos. Yo iba mucho a su casa en Los Teques y su mamá siempre me recibía con una taza de café riquísimo. Por eso le dediqué esa canción a ella.

Otro de mis maestros, y lo llamo así porque aprendí mucho de él, escuchando su obra, es Aldemaro Romero. Yo era fanático de él. En Ciudad Bolívar, cuando daba serenatas, cantaba sus canciones. Esa que se llama Así eres tú, yo la cantaba en las serenatas cuando aún no conocía a Aldemaro. Y después de que lo conocí nos hicimos panas. Compartí muchísimo con él.

Serenata Guayanesa incluyó en su tercer álbum otra canción mía que también se convirtió en un éxito, el Cumpleaños venezolano. Para ese momento me llamó Luis Alfonso Larraín, director de orquesta, y me pidió que trabajara con él en la Sociedad de Autores y Compositores de Venezuela (Sacven). Ser directivo de Sacven me dio la oportunidad de conocer a muchísima gente. Así fue que conocí a Aldemaro y a otros grandes maestros de la música, como Italo Pizzolante y Luis Felipe Ramón y Rivera.

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¿Nunca se animó a cantar como solista?

No me llamaba la atención, la verdad. Nunca me atreví a hacerlo solo. Pero Aldemaro me montó el chichón de que yo tenía que cantar mis canciones. Y yo le respondía a él que estaba loco. Pero, para hacerte corto el cuento, Aldemaro muere, algo que también fue muy doloroso para mí, y me di cuenta de que nunca lo complací con eso de grabar un disco cantando yo mis canciones.

Un día estábamos varios amigos en un estudio de grabación y empezamos a contar anécdotas y les conté acerca de esa insistencia que tenía Aldemaro para que yo grabara mis canciones.  Entonces estos amigos retomaron la idea y se empeñaron en que lo hiciera. Y me animé a grabar. Rafael Medina, un genio musical, hizo algunos arreglos, algunos de canciones nuevas, inéditas.

Pero cuando monté la voz de la primera de esas canciones, tiré la toalla. No me encontraba, no me gustaba el sonido de mi voz. La gente del estudio, que fue muy amable y muy condescendiente conmigo, me animó a que lo intentara de nuevo y fijamos una nueva pauta. Tuvimos que hacerlo varias veces. Como a la cuarta pauta fue que pude interpretarla. Es una balada muy linda, con un arreglo espectacular, pero muy complicada. Se llama De por vida.

Después de que grabé esa canción fue como si se hubiera abierto una puerta. Me identifiqué con mi voz, empecé a asentar mi voz, y así pude montar la voz a las demás canciones. Son arreglos orquestales fabulosos, algunos sinfónicos. Cuando otros amigos se enteraron de que yo estaba haciendo esto, porque no se lo había contado a nadie, lo estaba haciendo encapillao porque no tenía la seguridad de si iba a poder hacerlo, me llamaron. Se enteró, por ejemplo, Yasmil Marrufo, quien me dijo que no quería quedar afuera de este proyecto.

Total, que ya grabé 20 canciones con nueve arreglistas, todos espectaculares, entre ellos Chuchito Sanoja, Vinicio Ludovic y Trino Jiménez, quien también es el productor de este proyecto discográfico. Hasta tengo una canción de Aldemaro, que fue el que me metió en este rollo. Es un poema que él escribió cuando tenía 18 años porque se enamoró pero la novia lo botó, y nunca le puso música. Yo se la puse y la convertí en una balada-bolero, con arreglo de Trino Jiménez, que quedó preciosa. Esto va a ser un tributo a Aldemaro.

Los mejores músicos del país están conmigo en este proyecto.  No son solo los arreglistas, hay también varios invitados. Hay un arreglo que hizo Gustavo Caruccí, quien toca la guitarra como los dioses, uno de los mejores arreglistas, de un tema en pop latino que comparto con Antonietta, la bolerista. Raquel también participa en este proyecto. Hice una versión de mi canción Quisiera (también popularizada por Gualberto Ibarreto) que interpreto con Los Cuñaos. La canción Cuando era niño, con la que participé en 1979 en el festival de la OTI y que interpretó Delia, también está incluida, interpretada ahora por Delia y por mí. María Teresa Chacín interpreta Canción de cuna para una estrella, un tema que compusimos Raquel y yo para ella cuando estaba embarazada de su hija Mariaté. 

Es un proyecto en el que estoy trabajando desde hace años, creo que ya llevo como ocho. No tengo prisa. Esperamos que salga el próximo año. También estoy terminando una producción de temas románticos para Raquel, compuestos por ella, que incluye una nueva versión más pop de Abrázame. Esta también saldrá el año que viene. Estamos ya en proceso de mezcla, tanto de este como del disco mío. Sacaremos algunos sencillos y luego lanzaremos el disco.

Estando en ese ambiente, con amigos, con gente con la que he aprendido tanto, fue que se dio el éxito de Anhelante. Es una canción mágica que todavía hoy la siguen grabando. Ya son más de 100 las versiones que se han hecho, incluyendo a gente muy joven… Ha sido grabada por una gran cantidad de talentos. Yo, de verdad, me lleno de satisfacción y orgullo porque veo que la canción ha quedado. Me sorprendí cuando me llegó la versión de Vikki Carr, por ejemplo, preciosa versión, grabada por una orquesta sinfónica en ritmo de huapango; con instrumentos clásicos de la música mexicana con el marco de una orquesta sinfónica. Oscar D´León la grabó en bolero. Ilan Chester, Simón Díaz, el Pollo Brito también la grabaron…”   

Como productor, Pollo Sifontes también guarda grandes satisfacciones. Una de ellas es por “Abrázame”, disco que produjo para Raquel y que fue muy exitoso. El tema que da el título al álbum estuvo meses en los primeros lugares de la cartelera. Otra es por “Yo lo quiero conocer”, un disco de temas navideños que produjo en 2013 para Luis Guillermo Rangel y que fue muy alabado por maestros como José Antonio Abreu e Inocente Carreño.

Ese mismo año lanzó el videoclip de la canción Me voy a regalar, escrita por Raquel y con música del Pollo Sifontes, dedicada a Venezuela, tema que se convirtió en bandera de Globovisión. Varios de los más conocidos periodistas que trabajaban para ese canal en esa época, entre ellos Gladys Rodríguez, Roland Carreño, Carla Angola, Aymara Lorenzo, Ana Karina Villalba, participaron en la grabación de una versión en la que también aparecen Mirla Castellanos y el mismo Sifontes.

¿Le gusta la vida que le ha tocado?

Claro que sí me ha gustado y espero que lo que venga sea superior, sea mejor. Es una satisfacción enorme cuando uno hace una canción y la canción se proyecta, porque al final del cuento las canciones dejan de ser de uno y pasan a ser de todos, cuando el público las hace suyas.  Y además del público, la otra gran satisfacción han sido los amigos que te quieren y te respetan como músico. Eso me gusta, aunque no me gusta que me digan maestro, ¿sabes?

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