Han pasado tres meses desde que se estrenó Gambito de Dama, la producción de Netflix que se convirtió en un «must watch» en todas las listas, rompiendo los récords de audiencia con su maravilloso planteamiento del ajedrez y su encantadora protagonista. En este análisis de guion y de mercadeo, acompañado por valiosos fotogramas que ilustran su lectura, explicaremos el cómo y el porqué de este fenómeno audiovisual.

Como producción

En primera instancia, nos encontramos con Elizabeth Harmon, interpretada por la mística Anya Taylor-Joy, la clave estelar de la serie. Para entender a «Beth» como personaje, es necesario tomar en cuenta tres aspectos: su pasado (sus traumas, carencias y adicciones desde la niñez), su mente (cómo percibe al mundo que la rodea), y su cuerpo, que en este caso sería su imagen y los gestos que proyecta, obvia e intrínsecamente ligados a Anya y su papel como actriz.

Rechazo paterno

Elizabeth es una niña que fue abandonada por su padre, lo que llevó a su madre a un suicidio en automóvil luego de que este no las reconociera como familia. Esto provocó que Beth, de 9 años y habiendo salido ilesa del accidente, fuese internada en un orfanato, donde comienza la construcción del personaje. Desde este punto, veremos cómo la vida de Elizabeth Harmon es marcada por el rechazo, la decepción y la hostilidad masculina, lo que define su personalidad en gran escala.

Adicción a las drogas

Con la niña ya en el orfanato (en este caso, un orfanato solo para niñas), vemos la relación e interacción de Beth con distintas personas del mismo sexo (femenino), y cómo estas relaciones influyen en su niñez, en especial su amistad con Jolene, una niña unos años mayor que ella. Justo después, conoce al conserje de la institución, el señor William Shaibel, quien después de no permitirle jugar al ajedrez (un reto para Beth), se convierte en su mentor, luego de que esta memorizara los movimientos de cada pieza en el tablero sin ningún tipo de tutorial.

Dentro de la institución, les suministran ansiolíticos a las niñas, y desde ese momento, se crea su adicción a las drogas, lo que, a su vez, le permite concentrarse a la hora de jugar.

Familia adoptiva

Al llegar a sus 15 años, Beth es adoptada por la familia Wheatley, donde se abren dos escenarios: uno, en el que la madre y ama de casa depende del esposo tanto económica como emocionalmente, y otro, en el que el padre es distante, esquivo y frívolo tanto con la esposa como con Beth, que, en este caso, es la hija adoptiva. Aquí vemos otra representación del rechazo masculino hacia la protagonista. Sin embargo, el ajedrez está allí como refugio para ella.

Rechazo y frustración sexual

Este encabezado se divide en cuatro partes por cuatro personajes distintos. La primera parte corresponde a D.L. Townes, un periodista y jugador local de ajedrez que conoce a Beth en su primer torneo y que representa su amor ideal, su «crush«, un hombre apuesto, inteligente, educado y elegante con el que ella se imagina.

Un tiempo después de este torneo y luego de que Elizabeth se hiciera popular por su dominio del juego, Townes es enviado como corresponsal de una revista de deportes a entrevistarla y fotografiarla, y es aquí donde muestran sugestivamente que Townes es gay, luego de que su «compañero de cuarto» ingresara a la habitación.

La segunda, corresponde a «la primera vez» de Beth, y se trata de un chico con el que tiene sexo por primera vez mientras este está ebrio en una fiesta, lo que termina siendo una mala y bochornosa experiencia para ella.

La tercera parte se debe a Benny Watts, otro jugador de ajedrez profesional que vence a Beth en un torneo importante unos años después, y que se impone ante ella como la renovación de su reto, como una persona a la que admira. Desafortunadamente para Beth, Benny le demuestra que el ajedrez es más importante que los sentimientos de ella justo después de tener sexo, lo que representa su tercera frustración amorosa, la incomprensión masculina sobre cómo ella se siente. Es después de eso que decide abrirle paso a su aventura con su amiga francesa «Cleo».

La cuarta parte es, quizás, la de menos impacto, pero también con una gran importancia. Se trata de Harry Beltik, otro jugador con gran potencial que apareció en su primer torneo y que reapareció para ayudarla con sus estudios sobre el ajedrez.

Después de conocer de cerca a Harry, un joven simplón y sin iniciativa a pesar de ser un intelectual del ajedrez, ella no lo admiraba como hombre, pues no representaba una promesa para ella, y es cuando él, sin más nada que enseñarle, decide distanciarse.

La relación con su madre

Su «mamá», su mejor amiga, su compañera, quien comparte sus éxitos, sus fracasos y sus tragos. La afinidad entre Elizabeth y Alma ciernen las bases más sensibles del personaje, aunque ve en ella alguien que no quiere ser: una mujer dependiente de un hombre y que está atada a las banalidades de la vida.

Sin embargo, el amor que siente por ella es genuino por un hecho: es quien está para ella siempre, aun cuando nadie más está. Luego de que su madre muere, vemos esa fuerte añoranza, ese fuerte vínculo que permanece presente mediante el abrigo de su madre.

Su evolución

A través de la trama, Beth desarrolla un intelecto superior al de los demás personajes, logrado gracias a su tiempo de estudio, su esfuerzo y su dedicación. El ajedrez se convierte en su estilo de vida, en su pasión; es el método estratégico y rentable de supervivencia que la llevará hasta la cúspide, pero con un gran costo actitudinal.

Ve entonces en el alcohol un desahogo, un desaforo que le permite librarse de sus frustraciones y de sus formas sociales cotidianas momentáneamente, logrando ese contraste entre su cordura y su locura, también provocada por la pérdida de su madre.

Una escena que marca esta ávida diferencia, es cuando, embriagada, vomita sobre sus preciados trofeos. Es la muestra de que su propia personalidad la lleva al borde, el de ser una rockstar del ajedrez que traza su propio camino y toma sus propias decisiones más allá del ajedrez, y ahora con dinero en sus bolsillos.

El dominio

Describimos entonces la parte mejor pensada del personaje, la psiquis y el cuerpo de Beth Harmon, lo que constituye su poderío silencioso, mediático y resiliente. Elizabeth (Anya Taylor-Joy), es una mujer peculiar: ojos saltones, piel pálida, de alta estatura y rasgos finos, con extremidades largas. Esto le permite sentirse y ser más imponente que los demás personajes a nivel de proporciones.

Allí, el trabajo de fotografía y vestuario es formidable, pues proyectan a la perfección la feminidad de Beth mediante su ropa y su lencería; esa conversión de esta jovencita anticuada y sin elegancia en una verdadera estrella de modas gracias a los escalones que va subiendo, deportiva, social e intelectualmente.

El glamour se vuelve parte fundamental de su vida a través de la ropa, y es así como proyecta seguridad, en una versión mejorada de ella misma. El metamensaje es claro: «yo puedo sola», «este logro es mío», he allí su independencia, en su orgullo y su ego, en sus metas alcanzadas.

La kinésica (estudio de los gestos) está muy bien dirigida, y a través de ella, podemos ver el poder y la presión psicológica que ejerce Beth mediante el juego; esas poses que denotan superioridad, competitividad, curiosidad y pasión en su mirada penetrante y retadora.

En los siguientes fotogramas, vemos con especial atención la relación de la protagonista con sus adversarios, en un hilo tenso que se intensifica según avanza la trama, formando así al personaje como una auténtica cazadora natural.

Para otra muestra, podemos extraer también los fotogramas en los que se enfrenta contra un niño en un torneo en un encuentro de dos días. Una vez nota que el niño la ve embelesado, aprovecha su atractivo físico como ventaja para desconcentrarlo y vencerlo. Una manera muy ingeniosa de utilizar el darwinismo a su favor.

Después de enfrentar todos los obstáculos en su vida y luego de ganar el campeonato mundial, Elizabeth Harmon se consolida como una mujer fuerte e íntegra, logrando su meta más deseada, la de ser aceptada por la sociedad en un «mundo dominado por los hombres» sin depender de uno.

Como producto

¿Qué hace de Gambito de Dama un «best seller«? Si bien el motivo de la serie es el ajedrez, que pareciera ser una propuesta bastante simple para una serie (más allá de la complejidad histórica, académica y deportiva del juego), lo que hace a la serie exitosa va más allá de eso.

La historia y su puesta en escena poseen ese «cliffhanger» que impulsa a los programas de televisión como producto de consumo masivo mundialmente, en lo que ahora denominamos «tendencia«, sumándole una protagonista ideal: una mujer preciosa con valor y agallas para conseguir sus metas a pesar de las adversidades en esa escalera que es su carrera profesional.

El mensaje feminista (que es un tema actual), aunque está presente, no se percibe bajo un ideal burdo del hembrismo ni como propaganda, como se ha visto en otras producciones de Netflix, sino como algo auténtico, que refleja, como mencionamos anteriormente, esfuerzo, admiración, estética, inteligencia, astucia, respeto y un toque de locura.

El formato miniserie también es el adecuado para el consumo de la sociedad hiper acelerada a la que pertenecemos, y con tan solo 7 capítulos, el director Scott Frank pudo plasmar estas ideas tan complejas en una duración bastante corta para tratarse de una serie.

En cuanto a posicionamiento de producto, refiriéndonos al ajedrez, Forbes reportó un aumento del 83% de tableros de ajedrez tan solo en México, y Google anunció que las búsquedas tuvieron un repunte superior al de los últimos 9 años.

The Queen’s Gambit, como se traduce en inglés y según los medidores de audiencia y reproducciones de Netflix, fue vista en 62 millones de hogares en tan solo 28 días, convirtiéndose así en la miniserie más vista de la historia de la productora en el menor tiempo.

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Por Angel Rivero

Periodista, director de marketing, músico y fotógrafo.

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