Abordo bien temprano la línea 1 del metro para dirigirme a mi trabajo. Pero, en este sistema de transporte masivo donde ya nada es una sorpresa sino una consuetudinaria anomalía, me topo con otra contingencia: el vagón se encuentra en plena oscuridad.
Como si en lugar de ingresar al tren estuviese haciéndolo a los túneles, observo entre las sombras que la mayoría de las luminarias están apagadas.
La penumbra parece sumir a las personas en silencio lo cual hace más «desolador» el ambiente, cómo no, abarrotado de usuarios cual es su principal característica.
Por lo demás, mientras en una estación incide una parada más extensa que de costumbre, por el sistema de parlantes internos se escucha la frase «reanudaremos la marcha en breves momentos». Aquí me atrevo a hacer una corrección gramatical: cualquier momento es breve, por lo tanto el anuncio es redundante.
Y así reanuda su tránsito el convoy, con su vagón «noctámbulo» por lo caliginoso del ambiente interno.
Como se ve, ya es tradición que en el Metro de Caracas la eficiencia «no vea luz».
Redacción Pedro Beomon.
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