Luis Herrera Campíns en las Vivencias de Milagros S. Castro

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Durante mi trayectoria como periodista, además de dirigir una página de espectáculos, tuve la oportunidad de cubrir diversas fuentes. Y recuerdo con especial satisfacción los trabajos especiales que redacté sobre política nacional, entre los cuales destaca la entrevista al expresidente venezolano Luis Herrera Campíns

Confieso que no fue fácil, por la cantidad de compromisos políticos que tenía el exmandatario en todo el país, al momento de la pauta periodística. Me refiero al mes de junio de 1993. Un año candente políticamente hablando. Era la época de la segunda presidencia de Carlos Andrés Pérez.

Recuerdo que en mayo de ese año, el escenario en todo el país era muy difícil, por la crisis económica, política y social. A eso se le sumó la destitución de Pérez, como presidente de Venezuela. ¿El resultado? Un gran caos nacional, con saldos realmente lamentables.

Esta situación trajo como consecuencia, que la presidencia de nuestro país fuese ocupada, de manera interina, por Octavio Lepage y Ramón J. Velásquez, desde mayo de 1993 hasta febrero de 1994. Y en diciembre de ese año, se realizaron las elecciones, resultando ganador Rafael Caldera, lo que se convertiría en su segundo período presidencial hasta 1999.

Una espera que desespera

Entonces, volviendo a junio de 1993, cuando trabajaba en el diario El Informador de Barquisimeto, mi jefe de información en ese tiempo, el periodista Rafael Jorquera, se enteró, de buena fuente, que el expresidente Luis Herrera Campíns se encontraba en el estado Portuguesa.

Estaba casi de incógnito, dirigiendo diversos encuentros políticos. Después tenía pautado reunirse con dirigentes larenses, para luego regresar a Caracas.

Mi misión era entrevistarlo en el Aeropuerto Internacional Jacinto Lara de Barquisimeto, con el objetivo de conocer su opinión sobre la situación que vivía Venezuela en esos momentos. Y la posición del partido Copei, ante las actuaciones del presidente de la República.

Pero no la tenía fácil. Los dirigentes copeyanos de Lara no querían dar información sobre el expresidente. Y aunque yo cubría la fuente del Aeropuerto todos los días, desde las ocho hasta las diez de la mañana, ya eran las once y contando.

Por supuesto, no hay nada peor que la incertidumbre. Desconocer cuándo llega un personaje que debes entrevistar, es horrible. O sea, que es obligado y debes morir en el lugar hasta que aparezca.

Llegó con una inmensa sonrisa

Finalmente, el expresidente Herrera Campíns apareció, pasadas las doce del mediodía. Al verlo subir al primer piso del terminal aéreo, donde estaba ubicado el restaurante VIP, olvidé mis ganas de almorzar, el cansancio y la ansiedad. Solo quería realizar la entrevista e ir a la oficina.

Luis Herrera llegó con su amplia sonrisa.

Los dirigentes socialcristianos larenses que le acompañaban ya sabían que lo estaba esperando. Y me facilitaron todas las condiciones para que cumpliera con mi labor, sin interrupciones. Lo prometieron. Como no había un periodista de otro medio, eso quería decir que iba a dar un “tubazo”.

Conocer a Luis Herrera Campíns

Yo tenía mucha curiosidad por el personaje. Era la primera vez que lo veía en persona. Cuando me lo presentaron, me vio con una enorme y grata sonrisa. En ese momento pasó una película por mi mente. Recordé todo lo vivido durante su mandato presidencial. Y los innumerables comentarios, buenos y malos, sobre su gestión. Yo era muy chama, pero de algunas cosas me acordaba.

Y una de esas era la propaganda en la que una humilde señora se quejaba del gobierno adeco, porque la trasladaron con su familia a un rancho a Caucagüita, estado Miranda. Era Carlota Flores, con su hija Aleyda Josefina, quienes le aportaron mucha popularidad y votos a quien sería el próximo presidente, dejando atrás a Luis Piñerúa Ordaz.

En ese momento me llamó la atención, que a pesar del estrés, del cansancio y las preocupaciones, Luis Herrera tenía el optimismo a flor de piel y el ánimo de presentar su mejor sonrisa.

Pues, yo también le presenté mi mejor sonrisa y, luego de sentarnos y pedir unos jugos, comenzamos a conversar.

Mucho que analizar y planificar

Los temas no eran fáciles. Todo estaba relacionado con la crisis social y económica que estaban viviendo los venezolanos… Definitivamente, el tema de nunca a acabar.

Me comentó que precisamente por esa razón es que se encontraba realizando una gira política por las principales ciudades venezolanas. Estaba interesado en escuchar las propuestas de cada sede copeyana.

Y fijar la posición de su partido ante las acusaciones contra el presidente de Venezuela en ese momento.

Fue una conversación interesante, agradable y hasta académica. En todo momento fue claro ante la gravedad de la realidad. Incluso, en la necesidad de tomar acciones inmediatas y contundentes para mejorar la calidad de vida de los venezolanos.

Fue presidente de Venezuela desde 1979 hasta1984.

Durante una hora escuché cada una de sus propuestas, análisis y reflexiones. Era la primera vez que realmente estaba atenta a sus señalamientos. Recuerdo que cuando ganó las elecciones para el período presidencial 1979-1984, yo estaba en Caracas. Primero, egresé como bachiller del Liceo Urbaneja Achelpohl y, luego, sin perder tiempo, ingresé como estudiante en la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Central de Venezuela.

Un Toronto para el recuerdo

Al momento de la despedida, le agradecí la entrevista, pese a su cansancio por las innumerables reuniones en Acarigua y Barquisimeto y por la espera del avión que lo trasladaría a Maiquetía. Por su parte, me agradeció el tiempo de espera y las preguntas tan precisas que le formulé, acordes con la situación que se estaba viviendo en ese tiempo en el país.

Y para que mi almuerzo fuese más agradable, sacó de su chaqueta un Toronto y me lo entregó. Ante mi cara de grata sorpresa, le pregunté, Toronto en mano: Entonces ¿Es verdad lo que dicen?

Y sonriendo me contestó con una pregunta, ante todos los presentes: “¿Y a quién no le gusta un Toronto?

Todos reímos y en ese mismo momento se escuchó cuando aterrizó el avión de Avensa, que lo trasladaría a la capital del país. Otra sonrisa para decir adiós. Y la mejor pose para la foto del recuerdo.

La despedida con la correspondiente fotografía.

Posteriormente, al terminar de almorzar, me senté en mi máquina de escribir para redactar la entrevista que mi jefe Jorquera comenzó a pedir desde las tres de la tarde.

Una vivencia grata, al igual que tengo con conocidos personajes de la política, la cultura, los deportes y del mundo del espectáculo. Y que comparto con todos, como un bonito recuerdo, una hermosa experiencia, que me da muchas satisfacciones.

En fin, feliz de compartir con ustedes estas Vivencias con el expresidente Luis Herrera Campíns.

Hasta la próxima.

Saludos y bendiciones.

Milagros S. Castro

@milicas33

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