Wilfrido Vargas en las Vivencias de Milagros S. Castro

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Cuando se habla de música bailable, para mí es un placer bailar al son del merengue. Aunque no lo hago muy bien, me encanta disfrutar mis dos pies izquierdos con éxitos de muchos intérpretes. Especialmente si se trata de las creaciones del maestro Wilfrido Vargas.

Y es que este dominicano me encantó desde que escuché por primera vez sus canciones, con ese ritmo tan especial. Fue a principios de la década de los ochenta, comenzando mis estudios de Comunicación Social en la ilustre Universidad Central de Venezuela.

Primeramente, recuerdo los temas “Abusadora” y “El Comején”, los cuales bailé bastante en las discotecas de la época. En esas noches caraqueñas cuando, con todo el “grupito” de la universidad, salía a «echar un pie”.

Recuerdo al Club New-York New York, The Flower, México Típico, The Seasons. Genesis, City Hall, Le Club, entre otras más o menos exclusivas. Todo dependía de la “vaca estudiantil”.

A medianos de esa década, sonaron otros temas del afamado músico que nos invitaban a seguir la rumba, como “El Africano” y “El Jardinero”. Eso fue en 1984.

El maestro Wilfrido Vargas.

Malas noticias en contra de mis aspiraciones

Pero para mí el mejor año fue 1987. No solo porque fue la época “La Medicina”, “El Mono” y “A Mover la Colita”, sino que como redactora de espectáculos del diario El Informador de Barquisimeto, me tocó entrevistar al mismo Wilfrido Vargas.

Y para mí fue lo máximo.

Desde que comencé a vivir en la capital musical de Venezuela, mis compañeros me comentaban que a las orquestas nacionales e internacionales les fascinaban presentarse en esta ciudad, por la calidez, cariño y respaldo del público. Era de muy buena suerte comenzar una gira de presentaciones en Venezuela tocando primero en Barquisimeto.

Me alegré mucho con ese comentario, que con los años certifiqué, porque pensé que sería fácil encontrarme con el maestro Wilfrido Vargas y entrevistarlo a mis anchas.

Pero de una, me dijeron que era muy difícil, porque a veces viajaban o vuelos privados o en los autobuses de la orquesta, o llegaba en horas no comerciales para ir directo al hotel.

Esa explicación derribó todos mis sueños, pero no los deseos de bailar al son de Wilfredo Vargas en los clubes barquisimetanos, como el Hogar Canario Larense o el Club Hispano Venezolano, entre otros.

Así que no perdía la oportunidad de ir a los eventos bailables con mi “grupito”, pero esta vez de periodistas y reporteros gráficos amigos.

El dominicado Wilfrido Vargas.

Pero pasó lo que nunca imaginé

Un día, del año 1987, un promotor de espectáculos me informó que presentaría a Wilfrido Vargas en el Hogar Canario Larense.

Sin pensarlo mucho, mi “grupito” y yo comenzamos a programar nuestra presencia en la primera mesa. Era un show imperdible, tomando en cuenta que el Maestro dominicano estaba en la cúspide, con sus innumerables éxitos.

Recordé el comentario de lo difícil de entrevistar a este tipo de músicos y preferir dejarlo así y no insistir en mi onda investigativa.

Pero, una mañana, pasó lo que menos imaginé. Le cuento.

Wilfrido Vargas y yo en una amena entrevista

Resulta que en esas guardias periodísticas que yo cumplía todas las mañanas en el Aeropuerto Internacional Jacinto Lara de Barquisimeto, para entrevistar a las personalidades que salían de esta ciudad o llegaban de Caracas, yo estaba esperando el vuelo de Avensa, procedente de Maiquetía.

Y cuando desembarcaron, vi que uno de los pasajeros, que viajaba de incógnito, era nada más y nada menos que el maestro Wilfrido Vargas.

Cuando lo vi no lo podría creer. Era realmente él. Le dije a Julio, mi compañero reportero gráfico: “Epaleee, ese es Wilfrido Vargas. Vamos a entrevistarlo”.

Inmediatamente me acerqué y me presenté con la sonrisa más amplia que tengo. Y para mi sorpresa, me respondió con una sonrisa mucho más amplia.

Ese fue el inicio de una entrevista cordial, amena e informativa. Me contó sobre su más reciente gira musical y los éxitos del momento. Además de los proyectos que tenía previstos para los próximos meses.

La tradicional fotografía del recuerdo

La tradicional foto del recuerdo con Wilfrido Vargas en el Aeropuerto Internacional Jacinto Lara de Barquisimeto.

Al culminar la simpática conversación, aceptó con gusto tomarse la foto. Le expliqué que es una costumbre dejar evidencia fotográfica de los personajes famosos que entrevisto. Y por supuesto, él formaba parte de mi álbum de gente admirada.

Esta fotografía fue captada por mi amigo y hermano Julio Colmenarez en el Aeropuerto Internacional Jacinto Lara de Barquisimeto en 1987.

Finalmente, nos invitó al show bailable, con la promesa de no dejar de disfrutarlo. Lo que no le dije es que ya el “grupito” tenía todo controlado.

Otros bailes al son de Wilfrido Vargas

Comovino varias veces a Barquisimeto, pude entrevistarlo en unas tres ocasiones y siempre me recibía con esa simpatía y cordialidad que transmite en el escenario.

Al entrevistar a Wilfrido Vargas en el Hogar Canario Larense con la colega y amiga Maybi González.

Agradable, caballeroso y siempre con una sonrisa en el rostro, respondía a cada pregunta.

Sin duda, fue un placer entrevistarlo y disfrutar de cada uno de sus bailes. Una magnífica experiencia durante mi ejercicio profesional como periodista.

Por eso, Wilfrido Vargas siempre estará en mis valiosas Vivencias, con mi sincero deseo que sigan sus éxitos.

Hasta la próxima.

Saludos y bendiciones.

Milagros S. Castro

@milicas33

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