Violeta Alemán: “Mi vida es cantar y actuar”

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Por Katty Salerno

Violeta Alemán tuvo la dicha de crecer en la Venezuela en la que era posible hacer realidad los sueños. Nacida en el seno de una familia numerosa – nueve hermanos – del bloque 14 de Monte Piedad, en el 23 de Enero, se formó con reconocidos maestros del bel canto en Italia y en Juilliard, la exigente escuela de arte de Nueva York que figura entre las instituciones universitarias con las “más bajas tasas de admisión” de Estados Unidos. ¡Es que hay que ser muy bueno para poder entrar a Juilliard, por eso muy pocos lo logran!

“Mi vida es cantar y actuar. Por eso doy gracias a Dios todos los días, porque me ha permitido poder hacerlo hasta el presente”, dijo a Curadas.com la soprano y actriz, quien dista mucho de las poses de prima donna que le suelen atribuir a las cantantes líricas. Muy por el contrario, la cualidad más distintiva de su personalidad es la sencillez.

Las oportunidades no han cesado hasta el presente. De pequeña actuó en el programa El universo de los niños, que conducía el periodista Trino Muñoz en la Televisora Nacional, el antiguo canal 5. Y también formó parte de dos conjuntos de aguinaldos, Los Criollitos y Los Caminantes del Este, ambos del 23 de Enero.

Cuando entró al liceo Fermín Toro formó parte del orfeón, que en ese entonces lo conducía el maestro Servio Tulio Marín; y del grupo de teatro, que dirigía el gran actor Carlos Subero. Allí hizo dos obras de teatro: Se solicita asilado y Juventus caoticus y con la segunda ganó el premio a la mejor actriz liceísta.

“Como te habrás dado cuenta – insistió – mi vida siempre ha estado vinculada al canto y al teatro. Siempre soñé con ser artista, no solamente cantante, sino también actriz. Yo creo que uno nace con esa vocación, con ese talento por dentro”.

¿Y cómo llegó a Juilliard?

Gracias a una beca del Concejo Municipal de Caracas y del Rotary International.

Yo debuté en la ópera en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela con la obra Rigoletto, en el papel de Gilda, en 1977. Canté al lado de Alfredo Sadel (considerado el intérprete popular y lírico más importante en la historia musical venezolana) y de Sherrill Milnes (barítono estadounidense, famoso por sus interpretaciones de papeles verdianos).

Luego la gente empezó a decirme que debía seguir formándome, ahora en el exterior. Muchos me aconsejaban que estudiara en la Manhattan School of Music, pero cuando me informé sobre Juilliard decidí que sería esta. Hice mi audición y me aceptaron en 1978. Allí tuve la gran suerte de estudiar con Rose Bampton, una de las más grandes cantantes de la Ópera Metropolitana de Nueva York.

Ella era la consentida de Arturo Toscanini, el gran director de orquesta italiano. Interpretó el papel de Leonora para la versión de radio de la ópera Fidelio, la única que compuso Ludwig van Beethoven, que dirigió en 1944 Toscanini, considerada una de las mejores”.

Pero antes de esa experiencia, aunque era muy joven, Violeta Alemán ya había comenzado a darse a conocer, ya había hecho conciertos en Caracas de la mano de su profesor, Luis Contreras, con quien luego se casó y de cuyo matrimonio nació su único hijo, Luis David, su “mayor tesoro”.

Al terminar el bachillerato comenzó su formación vocal en la escuela de música Prudencio Esaá, en El Paraíso. Paralelamente estudiaba en la Escuela Nacional de Hacienda, en El Marqués, donde obtuvo el título de licenciada en Ciencias Fiscales. “Tuve que hacer un esfuerzo muy grande porque estaba todo el día en la Escuela Nacional de Hacienda y después me iba a la escuela de música. Pero fue un esfuerzo que bien valió la pena”.

Eso de Ciencias Fiscales no parece tener mucho que ver con usted…

¡Pero te digo que me encantó! (Risas). Y aunque no lo creas, fui muy buena estudiante en esta carrera. Solamente tres mujeres de esa promoción – Crisa Chimaras, la hermana de Yani Chimaras, el actor; María Teresa Serrano y yo – fuimos seleccionadas para trabajar en Caracas, los demás se tuvieron que ir a trabajar a otras regiones del país. Por eso ingresé a trabajar en el Ministerio de Hacienda, en la sección de fiscalización, en Los Ruices. Trabajé dos años en eso, pero después lo dejé para dedicarme por completo a la ópera.   

Cuando llegué a Juilliard yo ya tenía una muy buena formación vocal adquirida en Venezuela porque el profesor Contreras había estudiado en Italia con una gran maestra, Ginna Maria Rebori, con quien adquirió una gran formación técnica que después nos transmitió a sus alumnos.

También aprendí mucho con la profesora Bampton y, sobre todo, me dio una gran confianza en mí misma. Estuve dos años en Juilliard. Como sabía que mi beca no me iba a durar para siempre y quería tener la experiencia italiana, me fui a Italia y estudié con la profesora Yolanda Magnoni, una reconocida soprano dramática. También fue una etapa maravilla. De ahí viene mi formación operística italiana. Cuando empezó la crisis económica de Venezuela a principios de los 80 tuve que regresar. Fue a partir de allí que empecé a tomar parte en las grandes temporadas de ópera que se hacían entonces en el país.

Canté con la Ópera Metropolitana de Caracas y con la Ópera de Caracas, que dirigía Isabel Palacios. Don Pasquale y Lucía de Lammermoor, de Gaetano Donizett; La traviata, de Giuseppe Verdi, son algunas de las muchas obras en las que he actuado. También actué en el estreno en Caracas de Los cuentos de Hoffmann, donde interpreté el papel de la Reina de la Noche. ¡Fue una actividad bien intensa y bien importante!

Estando en ese mundo operático, un día me invitó Isaac Chocrón a hacer una obra con la Compañía Nacional de Teatro y así me reconecté de nuevo con el teatro. Después mi compadre Julio César Mármol me invitó a actuar en televisión. Debuté en la pantalla chica con la telenovela El desprecio, que se estrenó en 1991.

Me pongo a revisar los recortes de prensa de la época y la verdad es que me emociono muchísimo. Había mucha información, la prensa le dedicaba mucho espacio a la actividad cultural. Las reseñas llegaban tempranísimo. Ahora que las estoy viendo de nuevo me doy cuenta de que yo como que era la gran estrella de la ópera en esa época. ¡Hoy me siento halagada al ver la importancia que tenía mi participación como cantante lírica!

La formación que recibí en el grupo teatral del liceo Fermín Toro me sirvió muchísimo después. Luego continué mi formación teatral con talleres de expresión corporal. También aprendí mucho con la obra El acompañante, que dirigió Antonio Costante, porque fue la primera vez que trabajé acompañada de un gran actor de las tablas, como lo fue Amado Zambrano. Con esa obra fuimos al Festival Cervantino en México y tuvimos excelente crítica.

Como te habrás dado cuenta, voy de un punto al otro porque se me cruzan los recuerdos. ¡Me emociono muchísimo porque me doy cuenta de tantas cosas que he hecho y ahora como que las estoy recopilando al responderte tus preguntas!

¿Usted tiene algo que ver con Fedora Alemán?

Sí, tengo mucho que ver con Fedora Alemán. Siempre nos tuvimos mucho cariño y una gran admiración mutua. Tuve el placer de cantar en el Museo del Teclado cuando ella era la directora y de verla sentada en primera fila. Me sentí muy feliz de que esa mujer tan maravillosa estuviera allí viéndome. Sin embargo, aunque llevamos el mismo apellido, nuestra relación fue solamente artística y profesional.

¿Es cierto – o es un mito – eso de que el peso corporal tiene que ver con los registros de los cantantes de ópera? Hay una leyenda que dice que María Callas perdió la voz cuando bajó de peso…

¡Eso es una leyenda urbana! Lo que sí puede pasar es que si un cantante construye una voz con un peso, y lo baja de repente, eso puede influir muchísimo en lo que llamamos el apoyo de la voz, en la musculatura necesaria para apoyar la voz al cantar. Ya quedó atrás el mito de que las cantantes de ópera deben ser personas con un gran volumen. Ahora las cantantes de ópera se cuidan muchísimo, como en cualquier otra disciplina, porque ahora todo el mundo lo hace principalmente por razones de salud.

¿Qué siente cuando canta, qué le gusta transmitir a sus oyentes?

Para mí cantar es un placer sublime. Yo soy muy feliz cuando canto. Le doy gracias a Dios todos los días por este don maravilloso que me dio y que todavía me da, porque todavía canto. Al cantar, especialmente, quiero trasmitir amor, paz, felicidad a la gente. Me complace mucho ver a la gente feliz cuando yo estoy cantando. Combinar la parte mía que es actriz con la de cantante y viceversa me hace muy feliz, porque, te repito, mi vida es cantar y actuar. Y por eso le doy gracias a Dios todos los días porque me ha permitido hasta el día de hoy poder hacerlo.

Así es, todavía sigue muy activa. Hace poco la vimos en los Monólogos de la vagina. ¿Qué otros planes tiene?

Yo no he parado, lo que se ha detenido es la actividad cultural por la pandemia, que nos ha afectado muchísimo. Yo creo que el sector más afectado por esta situación es el sector cultural. Justamente, cuando declararon la pandemia aquí en Venezuela se estaba preparando una actividad artística intensa en el teatro Santa Fe y hubo que detener todo. Ojalá se reactive. Poco a poco se han ido activando los teatros. Pero sí tengo proyectos, tengo invitaciones. Sigo muy activa en el canto y en la actuación.

En el canto, Violeta Alemán también ha descollado como intérprete de boleros, un género que nunca pasa de moda. En este ámbito actúa con la Caracas’ Latin Jazz Band, cuyo director musical es Frederich Gómez, su actual pareja sentimental. “He aprendido muchísimo con él, por ejemplo, del género del jazz. Ha sido un maestro para mí. Pero hay muchísimas otras cosas que compartimos. Esta relación me ha hecho creer en la importancia de la pareja. Me siento afortunada de saber que tengo un amor bonito y que lo estoy disfrutando al máximo”.

¿Cómo pasó del canto lírico al bolero?

Yo siempre he cantado música popular, desde niña me he defendido como pez en el agua en este género. Cuando estaba muy activa en la ópera, te estoy hablando de los años 90, mi amigo Hernán Marcano, actor y director también, me invitó hacer una obra que se llamaba Señor bolero, donde también actuaba María Alejandra Martín, Verónica Cortés, Rolando Padilla, Enrique Ibáñez. Se presentó con mucho éxito en el Patio del Centro Latinoamericano de Creación y Investigación Teatral (Celcit), en San Bernardino. Así fue como me reconecté con la música popular. 

¿Hay diferencia entre el público que va a la ópera y el que es amante del bolero?

Tengo muchos amigos que son amantes de la ópera pero que también son amantes del bolero y lo disfrutan igualito. De repente, lo que puede suceder es que el público de ópera es como más entendido. Si tú vas a la ópera tienes, por lo menos, que saber de qué se trata, conocer su argumento, saber quiénes son los intérpretes. Y quienes disfrutan los boleros es porque tienen una sensibilidad especial para este tipo de música. La gente que va tanto a la ópera como a un concierto de boleros va a disfrutar de la música, y eso es lo más importante. Por eso uno debe esmerarse en hacerlo bien, siempre pensando en satisfacer el gusto de los melómanos.

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¿Cuál es su cualidad más distintiva?

Mi cualidad más distintiva y mi peor defecto… creo que esta es la pregunta más difícil de responder… Creo que soy una persona muy sencilla, diría que esa es mi cualidad más distintiva. Yo veo a todo el mundo por igual, a todo al mundo lo trato con muchísimo respeto y muchísimo cariño.

¿Y su peor defecto?

Tal vez sea que me tomo las cosas muy a pecho. Por ejemplo, la situación tanto de mi país como la del mundo, me afectan demasiado. Eso lo estoy trabajando porque realmente me hace daño, sufro mucho por esas cosas…

¿Es una mujer que dice siempre lo que piensa o es más bien diplomática?

Yo siempre digo lo que pienso, lo que pasa es que no me gusta herir a las personas, siento mucho respeto por los demás. No estoy de acuerdo con esas personas que dicen lo que piensan sin importarle si la otra persona se siente mal. Eso no lo voy a hacer nunca. A lo mejor en eso soy diplomática, que no es ser hipócrita, porque, en ciertas circunstancias, por ejemplo, si creo que se ha cometido un irrespeto, pues no lo permitiré. Si hay una situación de irrespeto o de abuso contra niños o contra personas más débiles, por darte un ejemplo, ahí verás que me voy con todo para defenderlos. Para mí lo más importante no es tener siempre la razón, sino estar tranquila, estar en paz conmigo misma y con mi conciencia.

¿Qué le resulta más placentero en la vida?

¡Estar con mis nietos! Mis nietos Luis Alejandro, de 11 años, y Mía, de dos. Tengo también otra nieta bellísima, Andrea, pero vive en Portugal. Tengo un hijo maravilloso que se llama Luis David que me ha dado estos nietos maravillosos a los que adoro y que han llenado mi vida de felicidad. Soy feliz cuando estoy con los seres que amo. Estar con mi pareja es sumamente placentero. Disfruto al máximo las veladas con los amigos, una buena copa de vino, una noche de música. Estas son las cosas más placenteras para mí.

¿Añora su pasado? ¿O es de las que piensan que lo mejor está por venir?

Del pasado añoro lo mejor, o sea, las experiencias que para mí han sido importantes y que me han hecho crecer. Es imposible que me olvide de mi formación en Juilliard, es imposible que me olvide de la experiencia que tuve con mi maestra Rose Bampton, con la maestra Yolanda Magnoni, con el maestro Luis Contreras… Son momentos imposibles de olvidar.

Tampoco puedo olvidar el día en que me convertí en madre. ¡Fue el día más glorioso de mi vida y lo celebro a diario! Lo rememoró cada 22 de junio, solsticio de verano, cuando nació mi hermoso varón en Nueva York. Esos son los momentos que siempre son bonitos de recordar. Y los recuerdo con felicidad, con alegría, no con tristeza. Creo que lo mejor es recordar el pasado con emoción y sacar provecho de las buenas experiencias. Y por supuesto que lo mejor siempre está por venir. Pero, aun así, lo más importante es el presente, el aquí y el ahora. No podemos construir un futuro pensando en el pasado. Tenemos que anclarnos en el presente porque es el único tiempo que existe.

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