Laura Chimaras: “Jamás pensé que iba a ser escritora”

28 minutos de lectura
Por Katty Salerno

Laura Chimaras (Caracas, 1991) tenía solo 8 años cuando debutó como actriz de televisión y 15 cuando se enfrentó a un hecho ineludible de la vida: la muerte. Sabemos que la muerte forma parte de la vida, que somos seres mortales, finitos, pero nunca estamos preparados para aceptarlo. Menos cuando se trata de la muerte de nuestros seres más queridos y cercanos.

Eso fue lo que le ocurrió a ella la mañana del 14 de abril de 2007. Ese día, su padre, el conocido actor de televisión, cine y teatro y muy querido por el público venezolano, Yanis Chimaras, murió asesinado por dos heridas de arma blanca. Una de las cuchilladas le atravesó el corazón cuatro centímetros.

El mundo que Laura Chimaras había conocido se vino abajo ese día. Hasta tuvo que convertirse en el sostén de su casa, gracias a su trabajo como actriz. Pero el dolor por la pérdida persistía. Hace cinco años sintió la necesidad de empezar a escribir. Así nacieron sus primeros libros: Pasiones narcóticas, La historia de una adicta y Palabras perdidas que, aunque son obras de ficción, contienen elementos autobiográficos. Ya con 30 años, acaba de lanzar a la venta su cuarto trabajo editorial, Nunca pierdas la fe. Se trata del libro más importante de su vida no solo porque habla de su padre, sino por el proceso transformador que vivió al escribirlo y por las lecciones que aprendió, y que quiere transmitir a otros, que le permitieron, finalmente, sanar el dolor.

Hoy, su vida como actriz es una etapa superada, como aseguró a Curadas.com en esta entrevista exclusiva desde Miami, Estados Unidos, donde reside desde 2016. “¡Jamás pensé que iba a ser escritora! Y cuando te digo jamás es porque nunca me pasó por la cabeza, nunca lo sentí. Esto me pasó hace cinco años apenas. Y cuando llegó la oportunidad de hacer el primer libro tampoco pensé que lo iba a tomar como carrera y que era realmente lo que quería hacer por el resto de mi vida”, nos dijo.  

Nunca pierdas la fe, tu primera novela, ¿es acerca de la vida de tu padre o es tu proceso ante la vida y la muerte de tu padre?
Nunca pierdas la fe es una novela basada en la vida de mi padre. Es una novela real, no tiene nada de ficción. La novela empieza en la clínica, cuando nos dan la noticia de su muerte. Y desde ese capítulo, que es el primero, al capítulo 7, desarrollo mis recuerdos sobre mi padre. En esos recuerdos desglosamos lo que fue la vida de él, lo que hizo, las canchas de baloncesto que recuperó, la ayuda que brindó a otras personas, las lecciones aprendidas, en fin, lo que fue él contado siempre desde mi perspectiva como hija. Evidentemente, hay muchas partes donde está mi mamá, mi hermana, mi cuñado. Un tío aparece en la historia contando y relatando su perspectiva sobre el asesinato, sobre cosas vividas con papá. Mi mamá, como esposa.

Pero esos recuerdos los quise contar en forma de novela para que fuese un proyecto universal. Para que las personas en cualquier sitio puedan leer una novela que muestra que a través de una tragedia se puede sanar, salir victorioso, entrar en un proceso de reflexión más grande y no quedarte sumergido en el duelo. La idea es que las personas, a través de la tragedia y todo lo que nos tocó vivir como familia, tanto las cosas negativas como las positivas, puedan encontrar en este libro una reflexión acerca del duelo y una vía para sanarlo.

Los últimos dos capítulos son más educativos o más inspiradores o transformadores, porque llevan al lector al escenario en el que estamos ahora como familia Chimaras después de 14 años. Cómo logramos llevar el duelo adelante, cómo sonreímos, cómo nos sentimos mejor, cómo hicimos para que ahora recordemos a Yanis como una figura hermosa y bonita dentro de la familia y no con dolor.

Has dicho que escribir este libro ha sido un proceso que te llevó a tu interior, a descubrir quién eras. ¿Tuviste ayuda profesional de algún terapeuta en este proceso?
Con el libro no tuve ningún terapeuta, ninguna ayuda profesional. El libro lo escribí yo. Yo me guio mucho por un gran psicólogo que se llama Jordan B. Peterson, a quien he estudiado bastante. Y actualmente estoy estudiando Psicología. En el proceso de escribir el libro creo que fui mi propia terapeuta. Cuando sentía que no podía buscaba herramientas a través de grandes psicólogos o a través de grandes personas que supieran llevar el duelo. Leía artículos, me sumergía en videos que me ayudaran a seguir adelante.

Creo que fui yo misma la que tuvo esa fuerza para seguir, para sanar, reír y seguir adelante. Yo misma me descubrí en Nunca pierdas la fe. Descubrí que se puede sanar, que se puede reflexionar, que se puede volver a sonreír. Que no a juro hay que estar en ese dolor que uno a veces no sabe cómo sanar. La escritura hizo la mejor terapia en mí y ahora, el conversarlo con tantas personas, creo que completa la terapia.

El proceso creativo

El escritor colombiano Gabriel García Márquez decía que a él no lo inspiraban las musas, sino que su trabajo era el resultado de la disciplina, de pasar siete horas al día ante una máquina de escribir. ¿Eres disciplinada o escribes solo cuando estas inspirada?
He tenido muchos momentos en los que sí he estado muy inspirada y, evidentemente, esos momentos no los suelto, los aprovecho al máximo. Pero parte de eso que citas de Gabriel García Márquez es lo que realmente me llevó a terminar el libro de papá. Hubo un momento donde simplemente no estaba inspirada y no quería continuar, pero la disciplina y la constancia me llevó a escribir. Y a veces pasaba mucho más de siete horas trabajando porque para mí era un libro muy complejo de abordar.

Entonces me podía levantar a las 6 o 7 de la mañana, me tomaba un café y me sentaba y me daban las 5 o 6 de la tarde ante la computadora, claro, con unos pequeños recesos para comer. Sí, pasaba muchas horas sentada y no era solamente por la inspiración de sacar el libro, sino también por la constancia y porque ya tenía un dateline, una fecha para terminarlo y entregarlo. Esa costumbre que me lleva a terminar todo lo que empiezo y gran parte del proceso creativo de este libro fue eso, disciplina. Tuve cierta inspiración al inicio y al final del libro. Una vez que me leí el borrador completo también logré entrar en algo muy bonito y modifiqué muchas cosas. Pero fue la disciplina lo que realmente me hizo terminarlo.

¿Hay algún lugar especial en el que te guste escribir, en el que te olvidas del resto del mundo y te concentras a crear?
Mira, sí. En mi apartamento hicimos un pequeño estudio para trabajar lo más místico, bonito y acogedor posible, donde siempre me sintiera bien, donde nada me perturbara. Si cierras la puerta lo tienes todo ahí. He logrado convertir ese estudio en mi pequeño templo para trabajar. Me puedo sentar ahí a hacer millones de cosas y el día me pasa muy rápido. Me gusta mucho escribir ahí. Creo que lo pude acomodar con todo lo necesario para sentirme bien. Gracias a Dios lo pude construir dentro de la casa.

¿Eres de las que lleva consigo una libreta y va anotando todo lo que se le va ocurriendo?
No, no llevo conmigo una libreta, llevo mi teléfono (risas). Creo que hoy en día la tecnología hace ese trabajo. El teléfono lo llevo siempre conmigo y si me gusta algo o me inspiro en algo lo pongo en “notas” o a veces hasta hago notas de voz porque pueden ser pensamientos muy largos.

Dicen que a escribir se aprende escribiendo y leyendo. Has contado que desde muy joven te gustaba leer, que siempre había un libro en tu mesa de noche. ¿Hay algún autor que te haya marcado en esa época juvenil?
El tema de empezar escribir, de buscar convertirte en un escritor, se hace leyendo y escribiendo diariamente. No es que escribes por tres meses, lo dejas y luego lo retomas. No. Escribir es un trabajo diario, como quien va a la escuela. Hay que hacerlo todos los días.

Sí, siempre tenía un libro mi mesa de noche. Cuando estaba pequeña la mayoría de esas lecturas se inclinaban al tema de la actuación. Recuerdo muchos libros de actuación, aunque no recuerdo a algún autor en particular. También leía libros infantiles. Había uno que era un clásico – no me acuerdo del nombre en este momento – que está dedicado y todo por mi papá. De esa época, ya cuando tenía como 14 años, recuerdo que me marcó Cien años de soledad, de García Márquez. Mi papá me lo compró porque yo tenía que hacer un personaje que hablaba del libro. Me lo puso sobre la mesita de noche y me dijo “bueno, vamos a leerlo”. No fue una lectura muy sencilla para mí, porque era muy joven.

Y en la actualidad, ¿qué tipo de libros lees?
Ahora leo libros un poco más académicos. Por ejemplo, los de Jordan B. Peterson, que es un psicólogo. También estoy leyendo El hombre en busca de sentido (de Viktor E. Frankl, psiquiatra y filósofo austríaco, sobreviviente del campo de concentración nazi de Auschwitz). Ya no leo mucha ficción, sino libros académicos por mis estudios de Psicología.

¿Por qué Psicología? También has hecho estudios de filosofía, cristianismo, literatura religiosa. ¿Qué buscabas en esos textos?
Creo que el primer conato existencial que me dio fue encontrarme a mí misma, saber quién era yo. Y una vez que despiertas hacia un mundo que muchas veces no entendemos, quería entender un poco por qué la gente funciona de cierta forma, por qué piensa de cierta forma, por qué tiene ciertos patrones culturales y sociales. Creo que esas curiosidades que empezaron a florecer en mí, asumiendo y entendiendo también que yo no comprendía y no comprendo todavía, porque lo sigo estudiando mucho, por qué hay personas malas que pueden matar a otros, como pasó con mi papá.

Entonces creo que por esa curiosidad, desde hace cinco años para acá decido estudiar Filosofía. Esta es una carrera que simplemente te invita a pensar, te invita a cuestionar, te invita a saber mucho de la historia de grandes pensadores. Pero la propuesta de este estudio es ponerte un escenario de vida donde puedas cuestionar todo, donde puedas preguntarte todo, y donde, si hay una respuesta inmediata, tú simplemente puedas tener muchísimas perspectivas y variables para así poder crear diferentes realidades.

Fueron tres años de estudio – en línea porque estaba trabajando en ese momento – y me fue muy bien pero me hizo entrar en un pensamiento un poco negativo, un poco complicado, un poco donde las cosas no tenían una respuesta exacta y eso me hizo como colapsar un poco.

En ese proceso encontré a este psicólogo Jordan B. Peterson, que ya he mencionado varias veces. Al empezar a seguir a este psicólogo terminé los estudios de Filosofía e hice un curso de seis meses con él de Psicología. Entonces como que mi mente empezó a entender que necesitaba estudiar algo más científico para poder llevar mis pensamientos a algo que tuviese coherencia y estabilidad. No podía quedarme solo con teorías que no están confirmadas porque estaba entrando en un proceso de transformación de un ser humano un poco complejo, a veces negativo, a veces extraño.

Me conecté con este psicólogo, que es también un gran profesor, con su forma de pensar, por cómo explica. Con él hice mis primeros estudios bíblicos – en YouTube tiene todas sus lecturas bíblicas. Con él me atreví por primera vez a abrir la Biblia. Con él me empecé a inclinar hacia la Psicología.

Para entrar a esta carrera necesitaba una cantidad de créditos y por eso hice esos estudios bíblicos y sobre cristianismo, para tener los créditos. Me fui por lo religioso porque tenía y tengo muchas dudas y muchos pensamientos y muchas cosas que quiero aclarar sobre religión y los patrones que tenemos. Entonces ahí se me fueron juntando una gran cantidad de cosas y estudios que me llevaron también a un escenario que me permitió darme cuenta de que me gustaba la Psicología. Pero no me quedé ahí. Una vez que terminé estos cursos hice uno de Introducción a la Psicología y después empecé la carrera. Este fue el viaje que hice para decidirme estudiar Psicología.

Creo que en un principio fue por la curiosidad de entender la conducta del hombre, de cómo el hombre puede a veces ser muy malo o muy bueno, y por qué tenemos ciertas reacciones. A mí me intriga muchísimo cómo somos los seres humanos, y no solo cómo somos, cómo cada persona, basada en cierta cultura y por cierta sociedad, piensa de manera muy diferente a otra persona que creció en otro lado, cómo te define la cultura, y esa definición de cultura y de religión te hacen crear tu realidad. Imagínate esto en millones de poblaciones y creencias y juntarlas para estudiar el porqué de esas conductas.

¿Alguna vez te viste como escritora?
Ni de niña ni de adolescente pensé en ser escritora. ¡Jamás pensé que iba a ser escritora! Y cuando te digo jamás es porque nunca me pasó por la cabeza, nunca lo sentí. Esto me pasó hace cinco años apenas. Y cuando llegó la oportunidad de hacer el primer libro tampoco pensé que lo iba a tomar como carrera ni que era realmente lo que quería hacer por el resto de mi vida.

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¿Entonces tu carrera como actriz ya está superada o está temporalmente suspendida?
Mi carrera como actriz está superada. No la tengo suspendida, simplemente no quiero volver a actuar. No siento la necesidad de volver a actuar. Entonces creo que está superada.

¿Te gusta más ser escritora que actriz?
Sí, me gusta mucho más ser escritora.

También leí que estás practicando atletismo. ¿Tienes alguna meta olímpica en tu horizonte?
No tengo la meta de convertirme en atleta, no, en lo absoluto. Lo hago para drenar. Tengo la meta de competir el próximo año y hacer algo en ese sentido, pero eso es más por tener un pasatiempo, por estar bien y por tener un equilibrio en la salud, para estar bien físicamente. Creo que es el complemento perfecto que conseguí, porque la vida que llevo es bastante intensa y cada día estamos haciendo millones de cosas. Ese nivel de entrenamiento, nadar, correr, montar bicicleta y juntarlos para competir cuando te provoque competir, me ayuda a tener un buen equilibrio. Por eso hago deportes.

La familia

¿Cómo influyó el ambiente familiar en lo que eres hoy?
Mi niñez influyó en todo lo que soy hoy en día. Eso lo cuento también en Nunca pierdas la fe, porque la mía no fue cualquier niñez. Yo empecé a trabajar cuando tenía 8 años y a los 11 firmé mi primer contrato como actriz. Lo que yo recuerdo de pequeña era que estudiaba y trabajaba, estudiaba y trabajaba… Muy pocas veces recuerdo haber jugado. Aunque si bien es cierto que tenía muchos amigos y la pasaba muy bien, creo que jugaba poco.

Era más el tiempo que estaba grabando que otra cosa, pero gracias a Dios la actuación para mí era como un hobby, como un juego, y me gustaba mucho hacerlo. Evidentemente todo esto influyó muchísimo en lo que soy hoy en día, en lo que escribo, en la visión de mi vida. La forma en que me criaron mi padre y mi madre influye mucho en cómo llevo la vida hoy en día. Creo que eso también es una de las razones por las que estoy estudiando Psicología.

¿Algún recuerdo especial que guardes de tu niñez?
¡Tengo muchos recuerdos! Pero uno particular que guardo es con mi papá en la casa, practicando nuestra primera escena juntos. Eso me marcó muchísimo, es un recuerdo muy valioso para mí.

Tu papá era hijo de padre griego y madre francesa. ¿Queda algo en tu familia de la cultura o de las tradiciones de tus abuelos?
Sí, mi abuelo era griego y mi abuela francesa. Pero solo conocí a mi abuela, Laura, la mamá de mi papá. Con ella sí compartí mucho cuando estaba chiquitica, como hasta los 7 años. La recuerdo bastante, era muy cercana con ella. Creo que lo único griego que aún nos queda en la familia es una comida que se llama falafel, que mi mamá los prepara de vez en cuando. Esa es la única tradición griega que nos queda.

¿Por qué te tocó a ti asumir la manutención de tu familia tras la muerte de tu papá?
Porque en ese momento yo era la única que tenía ingresos económicos porque ya trabajaba como actriz. Mi hermana solamente estudiaba y mi mamá también estaba estudiando, ella es abogada, pero en ese momento estaba estudiando la carrera. La única que trabajaba era yo y por eso me tocó hacerme cargo y ser yo quien llevara la comida a la casa. Pero eso fue solo el primer año, unos 8 o 9 meses. Ya después mi mamá empezó a trabajar y mi hermana también y gracias a Dios estuvimos estables.

Y tu mamá y tu hermana, ¿cómo están?
Mi mamá y yo somos las mejores amigas, igual con Andrea, mi hermana mayor. ¡Nuestra relación es impecable, gracias a Dios! Estamos viviendo las tres en Estados Unidos. Vamos muy bien, aunque cada una tiene su proceso de duelo y cada una lo ha sabido llevar de diferentes formas. No nos metemos en los procesos de cada quien. Sin embargo, el proceso de creación de Nunca pierdas la fe nos llevó a compartir, después de tantos años, algunos sentimientos de dolor, como que volvimos a juntar ese dolor para seguir sanando. Mi mamá es una guerrera, está saludable y trabajando. Lo que tiene son 58 años y es muy echá palante. Mi hermana está casada y tiene una familia hermosa con tres bebés, bueno ya tienen 12, 9 y 6 años.

¿Y cuándo tendrás tu propia familia?
No lo sé, no está en mis planes. Ya tengo dos años con mi esposo y nos casaremos el próximo año. Pero no tenemos planes de tener bebés por ahora.

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