El espejo, como utensilio de tocador y objeto manual, fue muy usado en las civilizaciones egipcia, griega, etrusca y romana. También en la cultura hebrea, como parte de la fuente de metal que estaba a la entrada del Tabernáculo de la Reunión
El espejo ocupa un lugar importante en la mitología y supersticiones de muchos pueblos. La imagen que en él se refleja se identifica a menudo con el alma o espíritu de la persona: de ahí por ejemplo que los vampiros, cuerpos sin alma, no se reflejen en él. Cuando un moribundo está a punto de dejar este mundo, es común que se cubran los espejos, por temor a que el alma del agonizante quede encerrada en ellos.
El espejo se concibe, así, como ventana al mundo de los espíritus. La leyenda urbana de Verónica aprovecha ejemplarmente esta visión. Viceversa, el mundo de los espíritus tiende a imaginarse como una contrapartida especular del de los vivos. Lewis Carroll desarrolla magistralmente la idea del espejo como entrada a un mundo inverso en la segunda parte de las aventuras de Alicia.

Es también un objeto frecuente de consulta: se le juzga capaz de mostrar sucesos y objetos distantes en el tiempo o el espacio.
En el cuento de Blancanieves, tiene la facultad de hablar y responde a las preguntas que le fórmula la madrastra. J. R. R. Tolkien retoma con su célebre «espejo de Galadriel» la tradición del espejo capaz de mostrar el futuro. En la novela Harry Potter y la piedra filosofal, de J. K. Rowling, aparece el espejo de Oesed (Deseo leído a la inversa), que no refleja la imagen de quien lo contempla, sino sus deseos más profundos.
Por supuesto todo esto son mitos, costumbres o cuentos. Pero no deja de ser sorprendente lo que el espejo es capaz de hacer.
Te has preguntado ¿Por qué el espejo refleja? ¿De qué color es realmente? o ¿Por qué aparecen las cosas al revés?
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