Claustrofobia

Vencer la claustrofobia: ¡Sáquenme de aquí!

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Es una de de las fobias más comunes. Puede llegar a distorsionar la vida de quien la sufre. Por eso, para vencer la claustrofobia es necesario tratarla.

Vencer la claustrofobia: ¡Sáquenme de aquí!

Tal es la expresión identificativa de quienes padecen dicho trastorno.

Y la verdad es que es bastante angustiante.

Se trata de un fenómeno fóbico situacional que desencadena un miedo irracional e intenso a los lugares pequeños, cerrados o abarrotados.

El miedo a los espacios cerrados puede manifestarse por distintos miedos:

  • Miedo a la restricción
  • Temor a no poder moverse
  • Miedo a la asfixia

Esto, al creer el claustrofóbico que se quedará sin aire mientras persiste la causa que origina la alteración.

Es común la sensación de sentirse prisionero en un ataúd.

Vencer la claustrofobia: ¡Sáquenme de aquí! Terror al máximo

De los sitios que se estima no se puede salir fácilmente destacan una habitación cerrada, sin ventanas; un ascensor; o un túnel.

Pero también se puede experimentar una situación de claustrofobia encontrándose el individuo en una vía automotor congestionada.

Inclusive, mientras un paciente se somete a una resonancia magnética o una tomografía computarizada.

“Me ahogo”, “no puedo respirar”, “voy a morir” o “me estoy quedando sin aire”, son algunas de las manifestaciones verbales de quien padece la claustrofobia.

Esas son las maneras de emitir las reacciones de alerta y las características que tiene el miedo, después de revivir un episodio desagradable en un espacio pequeño.

Es decir, que cuando se experimentan los síntomas de la fobia se puede sentir como si se estuviera atravesando un ataque de pánico.

Claustrofobia: ¡Sáquenme de aquí!

Pare vencer la claustrofobia hay que conocer sus manifestaciones

Algunos de los signos son sudoración, estremecimiento, sofocos, ansiedad, dificultad para respirar, hiperventilación y ritmo cardíaco acelerado.

Asimismo, dolor u opresión en el pecho, náuseas y sentirse débil o aturdido, confundido o desorientado.

Todo esto, por supuesto, junto con la sensación de miedo extremo.

Para algunos, nada de metro o ascensor…

Cuando se sufre un capítulo de claustrofobia la persona trata de evitar situaciones desencadenantes tales como viajar en avión, en el metro o tomar el ascensor.

Para ellos siempre será preferible subir los pisos de un edificio por las escaleras o emprender a pie la distancia que más fácil y rápidamente cubre el subterráneo.

Siempre buscan de manera automática y compulsiva las salidas en cada espacio al que ingresan.

Claustrofobia: ¡Sáquenme de aquí! Lugares «amenazantes»

Mientras se hallan en una habitación se sienten asustados cuando las puertas se cierran. O se paran cerca o directamente en las salidas al estar el sitio abarrotado.

Esto último ocurre principalmente en el marco de una fiesta.

Además, como detalle no menos importante, estar parado en un armario también desataría una situación de claustrofobia.

Otros lugares donde se puede igualmente experimentar el trastorno son baños públicos, establecimientos para lavar vehículos, puertas giratorias, probadores de ropa y entrepisos.

Es básico saber que las áreas pequeñas o confinadas son definidas de manera distinta por las personas. Esto se debe a que tienen un único sentido de espacio personal o «cercano».

Un estudio determinó que los individuos con espacios «cercanos» más grandes alrededor de sí, tienen mayor probabilidad de sentirse claustrofóbicos cuando ese círculo se ve amenazado.

Claustrofobia: ¡Sáquenme de aquí!

Claustrofobia: ¡Sáquenme de aquí! Causas

Entre las causas de la claustrofobia los factores ambientales juegan un papel preponderante. La claustrofobia procede de experiencias de la infancia y la adolescencia.

Se relaciona con la disfunción de la amígdala, que es la parte del cerebro que controla la manera en la que se procesa el miedo.

Algunas de situaciones del pasado que «marcan» a la persona incluyen haber sido encerrado en un espacio estrecho durante un largo período, sufrir una turbulencia en un avión, acusar un castigo encerrado en un baño o quedar atrapado en un closet.

Igualmente, hay posibilidades de desarrollar claustrofobia si se creció con un progenitor que la sufría. O si un niño vio a un ser querido asustado en un lugar cerrado empezará a asociar el temor a situaciones similares.

Un diagnóstico médico al respecto puede ayudar a controlar los síntomas.

Claustrofobia: ¡Sáquenme de aquí!

Atención especializada

Para ello, el facultativo debe levantar un historial de temor excesivo a fin de determinar que no está relacionado con otra afección.

Asimismo, que puede ser causado por un evento futuro y precisar en qué manera interrumpe las actividades normales y cotidianas.

La psicoterapia trata al claustrofóbico para que supere su temor.

En primer lugar tenemos la terapia cognitivo conductual que enseña al paciente a controlar y alterar los pensamientos negativos.

Por su parte, la terapia racional emotivo conductual se enfoca en el presente, en las emociones, actitudes y comportamientos no saludables para rebatir las creencias irrealistas.

Además, existen técnicas de relajación y visualización que incluyen ejercicios como contar de forma regresiva desde 10 o imaginar un espacio seguro.

Y, por último, en la terapia de exposición se coloca al paciente en una situación no peligrosa que genera la claustrofobia para confrontarla y superarla.

Los principales medicamentos que se prescriben en situaciones de claustrofobia son los antidepresivos o ansiolíticos.

Entre los consejos contra la claustrofobia, cuando no se puede evadir la causa, se encuentran respirar lenta y profundamente, enfocarse en algo seguro y recordar repetidamente que el temor y la ansiedad pasarán.

Así que resulta aconsejable para superar esta condición incapacitante acudir al especialista.

Él adoptará los mecanismos para que el paciente supere la ansiedad, reemplazando los pensamientos negativos por positivos.

Tomado de Salud Emocional Medicina TV, Healthline, Cinfasalud.

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