Caída que provoca risa

Reímos cuando alguien se cae. ¿Por qué?

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Observamos un tropezón del cual somos testigos directos o apreciamos a través de un video y enseguida, sin medirnos, nos expresamos con una carcajada. ¿Es motivo para indignarnos de tal comportamiento o consecuencia de un acto inconsciente?

Reímos cuando alguien se cae. ¿Por qué ocurre esto?

¿Es que somos crueles, burlones o nada solidarios?

¿Debemos sentirnos mal por eso?

¿O, simplemente, no tenemos la culpa de nuestra actitud?

Vamos a averiguarlo con argumentos convincentes.

Reímos cuando alguien se cae: Hecho común y corriente

Se trata de una reacción instantánea que casi todos exhibimos ante el inesperado percance que puede ocurrirle a otro.

Puede darse en un contexto en el cual el que se va al piso se encuentra contiguo a nosotros, lo conozcamos o no.

O al revisar un video que registra una situación de esta naturaleza.

De hecho, si buscamos en Internet, por ejemplo en YouTube, un sitio que se describa como «caídas divertidas», en español, o su equivalente en inglés, «funny fall», encontraremos innumerables reproducciones.

El efecto que causa en nosotros una escena así va desde una espontánea sonrisa hasta una sonora carcajada.

Pero, la pregunta que cabe formularse es por qué ocurre semejante reacción, de dónde viene tan inmediata respuesta a un percance que, de por sí, ha sido aleatorio y no una acción fingida o dramatizada.

Reímos cuando alguien se cae

Reímos cuando alguien se cae: Revisándonos por dentro

Hay que indagar en las causas psicológicas para conocer el motivo de las risas tras similares incidencias.

Asimismo, en las razones por las cuales no las reprimimos, aunque racionalmente puedan traducirse como una falta de respeto o de mofa hacia quien ha sufrido el raudo tropiezo.

Lo cierto es que nadie se inhibe al momento de expresarse con la muestra de jocosidad.

Es que el observador acusa una estimulación inconsciente.

Reímos cuando alguien se cae

Reímos cuando alguien se cae: Cuestión de incongruencia

En la revista estadounidense de investigación Scientific American, el psiquiatra norteamericano William F. Fry, quien fuera profesor emérito de la Universidad de Stanford – fallecido en 2014 -, ofreció una explicación al respecto.

El facultativo indicó que reírse por la caída de una persona estriba en que el humor se basa en gran medida en la incongruencia. Esperábamos algo y hubo otra consecuencia.

Es del mismo modo cómo funcionan los chistes: en parte por la sorpresa que causan pues llevan a una dirección pero luego cambian de rumbo.

También tiene que operar la «distancia» con el protagonista de nuestra hilaridad: si alguien cae y reímos no será, precisamente, de nuestra madre.

Asimismo, cuando despierta en nosotros la súbita risa el cerebro no lo asocia con un riesgo de alto grado.

Es decir, no es lo mismo que alguien se vaya de repente al suelo resbalando al caminar o bailar, por ejemplo, que observar una caída desde un piso alto, la cual puede acarrear consecuencias catastróficas.

Reímos cuando alguien se cae

Reímos cuando alguien se cae: Enunciados que dilucidan

Por su parte, el también investigador estadounidense contemporáneo Scott Weems, egresado de la Universidad de California, y conocido por su trabajo como neurocientífico cognitivo, ha expuesto su postulado al respecto.

En su libro «Ja, la ciencia de cuándo nos reímos y por qué», el especialista manifiesta que el humor es de naturaleza confrontacional.

«Para que algo te provoque una carcajada tiene que superar cierto umbral de incomodidad», constituye el principio de su enunciado.

De hecho, señala Weems, «el conflicto entre querer reírnos y no estar seguros» alimenta el humor.

Subraya lo habitual de reírse de caídas, como una forma muy básica de humor.

«La sorpresa nos hace reír, pero no es lo único. Es la forma en que nuestro cerebro trabaja en el conflicto que evidencia la situación».

Como dato curioso, cita experiencias que muestran que tanto en la resolución de un problema de lógica como cuando algo resulta gracioso se emplean los mismos músculos del rostro.

«La risa mejora la salud cardiovascular y la respuesta inmunológica. Mas, la causa podría estar no tanto en la propia risa como en el efecto socializador que tiene», acota.

Aunque advierte la excepción de que no todo el mundo se tuerce de la risa con una caída ajena: establecen una empatía, es decir, se ponen en el lugar del otro en una situación de tal categoría, lo que hace que se instaure una cercanía emocional.

Aclaraciones diversas

Entretanto el catedrático británico Richard Wiseman, profesor del Entendimiento Público de la Psicología en la Universidad de Hertfordshire, propugna otra teoría.

Wiseman, quien publicó la obra «Quirkology» – «Rarología», llevada al castellano -, estima que la incongruencia no es la única razón sobre el humor nacido de una caída.

Él habla de «superioridad»; en determinado evento que te pueda hacer sentir superior, también te puedes reír.

La verbigracia más clara en este sentido es que la pérdida aparatosa del equilibrio corresponda a alguien rico y famoso.

Todo lo expuesto tiene una variante: que el que se ría sea el que se cae.

La doctora en Psicopedagogía Begoña Carbelo Baquero, profesora del Centro Universitario de Ciencias de la Salud San Rafael-Nebrija, en Madrid, España, dice «si te caes y te ríes de eso, te puedes sentir mucho mejor».

«El humor tiene que ver con la actitud en general ante la vida y forma parte de nuestra personalidad. La gente que encaja las vicisitudes de la vida con la relatividad que da el humor, enfrenta mejor cualquier situación», sentencia.

No paran las investigaciones

También queremos referirnos a una prueba realizada por científicos de nacionalidad italiana, confirmando, tal cual ya expusimos, que la risa que surge cuando vemos a alguien caerse proviene de la incongruencia, no del sufrimiento.

A estudiantes se les enseñaron varias clases de fotografías: retratando rostros que indicaban dolor, rostros de desconcierto y estampas en la que no se podían distinguir las caras. También se incluyeron fotos de paisajes.

De acuerdo con información procedente de electroencefalografía, las caras desconcertadas fueron las que parecieron divertidas y desataron hilaridad.

Esto es, repetimos, por la incongruencia, dada la presencia de dos elementos que no van juntos: una caída sin gravedad y un aire de perplejidad que se parece a nivel de la mirada al miedo.

De tal conjunción brota la risa.

Y si es usted el que fue víctima del resbalón sea consciente de que, mientras estallan las risas, lo más lastimado después de levantarse será el orgullo propio.

Tomado de Verne, Radio Buap, Nuevo Periódico, Harmonia, RTE News.

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