Proteger y brindar afecto: las mejores armas contra la depresión y el bullyng

En Venezuela y el mundo, en general, “estamos en una situación muy dura, donde hay mucho sufrimiento”, a causa de la pandemia y conflictos de todo tipo que hacen que “las personas tengamos distintas maneras de afrontarlo, de acuerdo a nuestra edad y a nuestras condiciones de vida”.


No obstante, la mejor manera de enfrentar estos problemas es a través del apoyo, la protección y el afecto, bien sea de familiares o amigos.


La afirmación la hizo, para Curadas.com, Janet Guerra, psicóloga, especialista es desarrollo infantil y sus desviaciones, quien fue consultada acerca de los motivos de la depresión y casos de bullyng, no solo en Venezuela, sino en otros países.


Tal es el caso de Drayke Hardman, el estudiante del condado de Tooele, Utah (EEUU), quien atentó contra su vida y falleció el 10 de febrero de 2022, como consecuencia de ser víctima del bullyng.


“En el caso de los venezolanos es un sufrimiento muy largo, que viene, por un lado, por la situación país, por la pandemia y también por la migración”, explicó la experta.


“Es un sufrimiento tan grande que estamos experimentando, porque se me fue la familia, me quedé solo o sola. Todo implica preocupación, ansiedad, angustia, dolor, además de un futuro incierto, que hace que las personas se pregunten constantemente: ¿qué hago en estas circunstancias? ¿Qué es lo que me puede pasar?”, alertó.


Guerra explica que las personas preocupadas por estos asuntos, “pueden comenzar a imaginarse distintos escenarios. Algunas piensan de modo realista, pero, la mayoría puede pensar de una manera irreal, como, por ejemplo: ‘Si me voy todo va a ser mejor’, o pueden pensar que no hay nada que hacer y comenzar a tener pensamientos destructivos”.


Agrega que estos pensamientos “dependen que cada quien, de nuestras características, de nuestro entorno y de quienes estemos rodeados”.

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¿Cómo enfrentar esto?


Señala que cuando comienzan a surgir problemas, “algunas personas se deprimen y se paralizan. Otras tienen reacciones de rabia y agresión y otras simplemente se encierran”.


Aclara que cada persona, afectada por estas preocupaciones, tiene maneras de manifestarlas y la forma de enfrentarlas depende de la edad.


“El adulto debe reconocer lo que le pasa. Debe reconocer que algo está cambiando. Puede darse cuenta si se siente mal, si está dejando de trabajar, trabaja en exceso o que la calidad del trabajo disminuye. Cuando descubro qué está pasando conmigo, si logro reconocerlo, voy a poder pedir ayuda y buscarla”, aseveró.


La especialista señala que “esa ayuda se puede conseguir en las personas que están alrededor del afectado y allí es cuando podemos ayudar a alguien a quien vemos que está pasando por ese momento”.


La psicóloga enfatiza en que las personas que logran captar lo que le está ocurriendo al amigo o familiar afectado por el problema, debe hacerse estas preguntas: “¿Qué podemos hacer los que estamos alrededor? Lo mejor es preguntar qué le pasa, escuchar sin juzgar ni calificar o decir: debes hacer esto o lo otro. Solo debes escuchar para acompañar y comprender. Con solo escuchar, la persona va a respirar, se va a sentir acompañada y va a reconocer que necesita ayuda”, manifestó.


Destacó que, como consecuencia de los problemas que nos aquejan a diario, “vivimos buscando resolver estas situaciones y no nos damos cuenta de lo que pasa alrededor”.


Por ello, recomienda que, “en momentos complejos es importante que yo en algún momento del día, me detenga y me pregunte cómo estoy, cómo me siento. Y con base en eso poder reconocer lo que me pasa”.


Pero, aclara que “una introspección no todo el mundo la puede hacer. Puede pasar que la persona ya no sepa qué hacer o cómo detenerse a evaluar lo que le pasa. Por eso, es bueno que haya alguien me pueda preguntar qué me pasa. A veces, con solo saber que hay alguien a quien decirle las cosas y que ese alguien te va a escuchar, es suficiente”, subrayó.

Las señales


Todas las personas, de la edad que sea, dan señales cuando algo les ocurre y esto se manifiesta en los cambios de conducta.


Janet Guerra recomienda estar atentos a estos cambios. “Puede ser que alguien que era muy activo, se torne pasivo o viceversa. Alguien que no cuestionaba nada y ahora protesta por todo, puede ser otra señal. Una persona puede mostrarse alegre y activa y por dentro puede sentir que todo está mal y allí comienza a estar deprimido”.


En estos casos, la especialista insiste en la necesidad de hacerle saber a esta persona que no está sola y de ser necesario invitarla a que busque ayuda.


Asimismo, alerta que, en el momento en que una persona con estos problemas y que haya dado estas señales, mencione o insinúe que no quiere vivir, “hay que buscar que la persona busque ayuda de un profesional, bien sea llamando a las líneas de ayuda o en consulta”.

“Es importante buscar ayuda pronto, y estar pendiente de que la persona lo haga, porque lo que más protege de esto es el afecto. A la persona le hace bien saber que cuenta con alguien. Las personas con principios y convicciones son más fuertes, pero las personas vulnerables estarán más expuestas. Pero, como no hay recetas, por eso hay que prevenir”, afirmó.

Niños y adolescentes


La situación con niños y adolescentes y cómo abordar estos problemas es distinta. Guerra recomienda “fijarse en lo que está ocurriendo alrededor de ese niño que pueda llevarlo a sentirse preocupado o deprimido. Es necesario hacerle saber que no está solo”, expresó.


“Con los niños hay que estar muy pendientes de protegerlos, porque es el deber de los padres. Se le deben brindar espacios saludables y protegerlos de esos problemas, asegurándonos de que puedan jugar, que puedan saber que tiene un adulto que lo quiere y con quien puede contar”.


La psicóloga sostiene que actualmente “casi no les decimos a los niños que los queremos o que nos importan y hay que hacerlo. Si la situación en la casa está dura, el niño de todas maneras debe jugar, tener su espacio saludable. Si no puede salir, podemos ver la televisión con ellos, compartir, preguntarles qué les gusta o qué pasa en el colegio”, indicó.


Igualmente, es “indispensable que el niño tenga una rutina saludable, clara y de bienestar, porque eso protege, ya que la rutina da estabilidad. No se trata de ser rígido, sino de no cambiar las normas que garantizan esa estabilidad que va a beneficiar a ese niño”.


En el caso de los adolescentes es otro modo de proceder. “Ellos tienen que participar, no solamente hay que escucharlos, ellos necesitan sentir que lo que dicen es importante. El adolescente suele estar abierto a escuchar, siempre y cuando se le dé valor a lo que ellos opinan. Ellos deben saber lo que pasa, porque están creciendo, sobre todo de 16 años para arriba”, recomendó Guerra.


En este punto aclaró que a los adolescentes hay que “hacerlos partícipes de las decisiones a tomar en el hogar, pero depende de la decisión, porque hay cosas que no se negocian”.


Un ejemplo claro es lo que ha pasado con la pandemia y las restricciones para salir de casa, situación que ha generado reacciones de rebeldía. En estos casos “los padres pueden decir: ‘Yo entiendo que te sientas así, pero no se puede o hay que hacer esto y lo otro” y eso no se negocia.


Para Guerra, lo importante con los adolescentes es que “haya mucho diálogo y que ellos sientan que tienen a una figura que los escucha, que les da seguridad y protección, porque necesitan sentirse seguros. Si no puede salir, hay que decirle por qué y hacerle saber que es por protegerlos. Ellos quieren estar seguros y le tenemos que dar esa seguridad”.

Bullyng


En cuanto al bullyng y sus consecuencias, Guerra sostiene que los padres deben estar pendientes de los indicadores de cambio en la conducta de los niños o adolescentes.


“Hay que enterarnos de lo que les está pasando. Allí hay una responsabilidad compartida, entre la casa y el colegio, o el lugar donde está ocurriendo el bullyng. No es cualquier situación de violencia en una escuela o no. Puede haber violencia y no ser bullyng. El bullyng o acoso es cuando se genera una relación víctima-victimario”, explicó.


En estos casos “hay alguien que es la víctima y hay alguien que victimiza, que persigue, agrede y que está detrás del odio. Existen los amigos o los partidarios del victimario y los amigos o partidarios de la víctima. Y también están los que son simples observadores, los que no hacen nada”, agregó.


Sostiene que “si como padre yo me entero del posible bullyng, lo primero que debo hacer es averiguar bien, escuchar. No decirle al niño lo que tiene que hacer. Hay que comprender y saber quiénes son los involucrados”.


Y cuando eso pasa, “hay que comprender el malestar. A veces ocurre que los papas les dicen a los niños que es tonto, y le dicen que le caiga al otro. No, lo primero que hay que hacer es proteger, recurrir al maestro, al guía y hablarlo como padre”.


Una vez hecho esto, “hay que intervenir y plantear a la institución lo que está pasando, para hacerlo en un contexto saludable. Tenemos que buscar que las escuelas sean saludables, donde los estudiantes puedan convivir y no estén expuestos. Eso se construye entre la familia, la escuela y la comunidad. Hacer prevención para evitar el bullyng”.

La especialista asegura que “los colegios usualmente tienen una manera de afrontar estas situaciones y los canales para solucionarlas”.


Sostiene que “cambiar al niño de colegio no cambia nada, porque no se sabe si en otra escuela puede repetirse la misma situación. Lo que se debe hacer es prevenir y formar niños para no victimizar ni ser víctimas”.


Asimismo, rechaza las conductas de algunos padres, cuando se enteran de que a sus hijos los acosan. “Pedir que el niño le pegue o devuelva el golpe al que lo agredió no es sano, no protege. Lo que hay que hacer es enseñar a convivir y resolver los problemas de manera saludable”.


Finalmente, concluye que “el afecto y la protección brinda la opción de que la persona, de cualquier edad, sepa que hay alguien que la va a ayudar. Proteger es que yo pueda ayudarte y que sepas que cuentas con alguien que te va a escuchar y que te va a apoyar para buscar salidas. Esa red de apoyo ayuda a prevenir y a que la persona tenga oportunidad de superar el dolor. Además, ayudar al otro a sentirse mejor, puede conducir a que, si no puedes con el problema, busques ayuda profesional”.

Janet Yucra

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