Mi viaje en el tiempo por Andrés Eloy Blanco Iturbe

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Los Símbolos de mi Patria

A mis alumnos del Instituto Cumbres de Caracas

Por decreto del Presidente Rómulo Betancourt, el 12 de marzo se celebra el «Día Nacional de la Bandera», en recuerdo del mismo día del año de 1806 en que fue izada por primera vez en la “Expedición Libertadora de Miranda».

Una tarde fresca, un hombre pregunto a un campesino a la puerta de su conuco: ¡Señor! – ¿No tiene usted frío? ¿Por qué no se arropa?
-El campesino le contestó:
¿Para qué voy a tener frio si no tengo cobija?
-Y pregunto el hombre nuevamente al campesino:
¿Y a sus hijos cómo los protege?
-El campesino contestó:

Su madre los abraza y les canta una linda canción y ellos se duermen con el canto en sus oídos y en sus labios, y su confianza, en que su santa madre, los protegerá siempre.

¡Estos son los símbolos de mi patria!

Mi bandera es mi manta para cobijar mis sueños; Mi escudo, es mi unión con los demás, mi fuerza para luchar por los míos y mi fe en el triunfo de todos unidos; Mi himno es mi canción de cuna para alentar a mis hijos a amar a su tierra, animando nuestra fe en el pueblo venezolano, nuestra esperanza en el futuro y nuestra fuerza para hacer a nuestro país más grande, libre y nuestro. “Gloria al bravo Pueblo…”

En estas palabras encuentro el sentido de este día, la explicación del símbolo y la razón de ser de la palabra Patria.

Cuando viví en el exilio, con mis padres -en esa maravillosa aula- que era México, donde aprendí las primeras letras, descubrí, también los más sentidos símbolos.

Un día nos llevaron mi papá y mi mamá al Castillo de Chapultepec, frente al castillo hay un impresionante monumento formado por enormes columnas que simbolizan a los niños héroes, quienes, envueltos en su bandera nacional, se precipita-ron al vacío, con valentía indescriptible, para no dejarse tomar por la opresión extranjera, consagrando con su gesto, para siempre, la dignidad del pueblo mexicano. Se envolvieron en su sagrada manta tricolor en la que resalta su escudo nacional. Mortaja para su partida, alfombra mágica para el vuelo de su sueño, con el himno en sus labios, como canción de cuna, arrullando el nacimiento de su Patria.

Yo tenía seis años y soñaba con que llegaría el día que volveríamos a nuestra querida tierra venezolana – ya libre- envolviéndonos, mi padre, mi madre, mi her-mano y todos mis amigos en nuestra manta amarilla, azul y roja. Con el verso de mi padre en los labios…

Y hablar así, a los hijos, de la Patria lejana,
En una clase clara, con la ventana abierta:
“Los cuatro que aquí estamos
nacimos en la pura tierra de Venezuela:
amamos a Bolívar como a la vida misma
y al pueblo de Bolívar más que a la vida entera
y a Venezuela, inalcanzable, y pura,
sabemos ir por el “Bendito Seas”.

Mi padre sufrió cárcel y murió en el exilio, lejos de su tierra, para que nosotros, sus hijos, viviéramos libres en Venezuela.

Los hechos históricos no deben olvidarse sobre todo si recuerdan acciones de la libertad, de la fe o de la dignidad. Deben revivirse ante los hombres y ante uno mismo. Tanto hacia afuera como hacia adentro del alma.

Son las voces del silencio…

Quien no ha sentido alguna vez la presencia de lo pasado que adquiere presencia, de lo histórico que nos cubre y nos aplasta, me refiero a la fuerza sugestiva y magnética de la responsabilidad histórica, la que nos convoca a pensar en: ¿Para que estamos aquí? ¿Para qué estudiamos? ¿Para qué nacimos? ¿Por qué viviremos? y ¿Por qué causa sería hermoso morir? Por un ideal, por mi fe cristiana, por mi libertad…, y sobre todo por mi dignidad…, porque sin dignidad no vale la pena vivir.
Estas, señores, son mi bandera y mi escudo.

Señores estudiantes. Señores profesores, señores padres, amigos.

Frente a la Bandera ondeante, contra ese cielo azul les digo:» Aquí y en todo lugar somos el mismo pueblo venezolano, igual, libre y amigo, el de los mil colores, el de las mil banderas y en nuestras manos tremola con orgullo la bandera tricolor.

Por ella, bajo su amparo, busquemos la unión para el esfuerzo, para el trabajo, para la lucha…, para el triunfo, para nuestra grandeza.

Digámoslo: ¡Primero mi Tierra!
Vamos jóvenes – a escribir la historia de mañana, hoy.

Jóvenes, ustedes no son un sueño tranquilo, ustedes son el despertar y no hay más tiempo para soñar sino para actuar. Ustedes son una decisión; un ¡Ya!; un ahora; una marea que los arrastra y un viento que los empuja; son una vela que se hincha con los colores de la bandera con un rumbo claro alumbrado por ocho estrellas, con un timonel abordo y un destino en la proa. ¡Venezuela!

Andrés Eloy Blanco Iturbe

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