El punk: historia del movimiento y su significado

El punk: historia del movimiento y su significado

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El punk, en primer lugar, fue un fenómeno estético-musical, que generó una moda generacional en 1970. Más tarde fue tomando la forma de un movimiento estético-filosófico, que se convertiría en una cultura

La expresiva vestimenta y la política anárquica del punk se consideraron una afrenta general al conservadurismo de Inglaterra a mediados de la década de 1970. El movimiento continuó como cultura durante la década de 1980 y más allá.

Todo el mundo conoce el sonido del punk: sin filtro y sin aliento. Un asalto de claustrofobia sónica, capturado sin pulir en un estudio o garaje, sala de estar, o tal vez un callejón. Los riffs de las guitarras son afilados y revoltosos, impulsados por una batería que repiquetea en torno a una línea de bajo arenosa y decisiva. Las voces eran poco pulidas y expresivas, gritando letras cargadas de temas de actualidad por encima de los instrumentos. Agresión, frustración, sarcasmo burlón… y todo ello berreando.

Todo el mundo conoce también el aspecto del punk: cortes de pelo a modo de declaración, ropa rasgada, insignias, chapas y tachuelas, maquillaje y cuero. Para sus creadores y su público, el punk era la identidad cultural de la ira, la privación de derechos y la rebelión.

El punk
Un hombre vestido al estilo punk es aparentemente amonestado por un hombre en Londres a mediados de la década de 1980. La expresiva vestimenta y la política anárquica del punk se consideraron una afrenta general al conservadurismo de la Inglaterra media a mediados de la década de 1970, y el movimiento continuó como subcultura durante la década de 1980 y más allá.
Fotografía de ROGER HUTCHINGS / ALAMY

El auge y el apetito por la escena punk a finales de los 70 y principios de los 80 no se limitó únicamente a la música. Se convirtió en una ideología que generó literatura, poesía, moda y rebeldía política. Pero, como se explica en la nueva película biográfica de Disney+, Pistol (estreno en España el 7 de septiembre), fue la música la que se convirtió en su punto de gravitación, dando un ritmo y una identidad a un género que explotaría, implosionaría y se reinventaría durante décadas en todo el mundo.

Definir lo indefinible

El punk como movimiento (quizá de forma apropiada) desafía la definición. Definido por Monika Sklar en su libro Punk Style, el punk era una «nueva forma vital de interpretar las ideas subculturales. Incorporaba su propio arte, música, vestimenta y estilos de vida… comúnmente arraigados en aquellos que de alguna manera están privados de derechos en la sociedad».

La palabra punk, originalmente, fue un término arcaico para referirse a una prostituta (el término «Puncke» lo utilizó Shakespeare como tal en Medida por medida, aunque de forma ambigua). Más tarde fue un término de argot común para designar a cualquier tipo de malhechor, o amenaza carismática e inútil para la autoridad; como los personajes interpretados por James Dean o Marlon Brando en películas como Rebelde sin causa y El salvaje. También se utilizaba mucho en el argot carcelario para designar a una víctima de insinuaciones sexuales depredadoras.

Punk
Personas vestidas de punk caminan por King’s Road en Londres en los años 70.
Fotografía de HOMER SYKES / ALAMY

No se sabe con exactitud cuándo se le puso música, aunque es probable que fuera mucho antes de lo que la mayoría cree. Una nota del San Francisco Call del 3 de octubre de 1899 recogía los indignados comentarios de un tal Otto Wise, que reseñaba el canto de un compañero en una casa de hermandad como «la canción más punk [gamberra] jamás oída en un salón».

En este contexto y otros posteriores, la palabra se utilizaba como adjetivo para describir cualquier tipo de música auténticamente desgarrada o sin pulir. Así se daba a entender que quienes la hacían también eran algo toscos.

Lejos de ser una simple expresión de ideas alternativas, o de música simplemente de baja calidad, para cuando el «punk rock» fue algo reconocido, se percibía como si su misión fuera provocar deliberadamente. Miriam-Webster definió la música como «marcada por expresiones extremas y a menudo deliberadamente ofensivas de alienación y descontento social», aunque la palabra no se utilizaba ampliamente cuando el movimiento estaba encontrando su voz. Sin embargo, ya existía.

En la edición de mayo de 1971 de la revista musical Creem, el periodista Dave Marsh, en una retrospectiva de los grupos estadounidenses de la década de 1960 y The Mysterions, describió su producción como una «exposición histórica del punk rock», una de las primeras veces que se acuñó el término como género.

Los Sex Pistols en Estados Unidos, 1978. El punk rock creció al mismo tiempo en Estados Unidos y en el Reino Unido, aunque el movimiento musical comenzó en Estados Unidos con grupos como los New York Dolls y los Stooges, que ayudaron a preparar el terreno para lo que vendría después. Las canciones de los Stooges formaron parte del repertorio de los Sex Pistols.
Fotografía de PICTORIAL PRESS LTD / ALAMY

Grupos estadounidenses como los New York Dolls y los Ramones («rock neoyorquino»), los Stooges y los MC5 de Detroit («rock de garaje») tenían la onda de la fanfarronería y la musicalidad desnuda grabada en sus ADN.

Pero el uso generalizado de un término tan asociado a gamberros de un tipo u otro estaba mal visto, y lo utilizaban sobre todo los periodistas para clasificar elementos de su música. Un artículo de 1976 de John Ingham en la revista Sounds del Reino Unido se titulaba Welcome to the (?) Rock Special [Bienvenidos al especial de (¿?) rock], el signo de interrogación era una clara declaración de que nadie sabía cómo llamar al nuevo movimiento que estaba surgiendo en Estados Unidos, Australia y el Reino Unido.

El punto de partida

Llegan los Sex Pistols. La escena punk de mediados de la década de 1970 en el Reino Unido llegó en un momento de declive económico y disturbios civiles. La recesión estaba en pleno apogeo, la policía y la gente vivían enfrentamientos en las calles por diversos temas, Gran Bretaña estaba descendiendo en la lista de potencias económicas y (con el telón de fondo de un Imperio que se desvanecía y era cada vez más costoso) las perspectivas para los jóvenes eran sombrías.

Un «Estado fallido» ingobernable, como resumió el periodista Simon Jenkins, que escribió: «La palabra ‘huelga’ estaba en todas las páginas de todos los periódicos casi todos los días. Los servicios públicos estaban colapsados. Este país era un desastre de verdad».

Frente a este panorama, a mediados de los años 70, la aparición de una colorida contracultura de bandas que parecían articular las frustraciones del país fue un tentador pararrayos para los jóvenes sin derechos.

La musicalidad del punk-rock (o, como se percibe en algunos sectores, la ausencia de ella) fue en sí misma una reacción. Aunque artísticamente, las canciones a veces sonaban como si la banda apenas supiera tocar sus instrumentos (una crítica de 1973 de The New York Dolls comparaba el sonido de la banda con el de las cortadoras de césped), era una réplica consciente a las bandas grandiosas que llenaban estadios tocando prog-rock y empleando interpretaciones operísticas e indulgentes.

Punk
Los Sex Pistols actuando en Noruega, 1977. La banda utilizó las fechas europeas para enfatizar su notoriedad «prohibida en el Reino Unido», aunque en realidad la banda nunca fue prohibida; simplemente sus canciones fueron excluidas de la lista de reproducción de emisoras conservadoras como la BBC, lo que se cree que limitó su éxito comercial. Muchos creen que el controvertido single God Save the Queen alcanzó el número 1 en la lista de singles, pero se le negó el galardón, perdiendo frente a I don’t want to talk about it de Rod Stewart.
Fotografía de NORWAY NATIONAL ARCHIVES

El punk rock, cuando llegó, era nervioso, breve y sin pulir. Con actuaciones en directo imprevisibles y caóticas que a veces provocaban la violencia de las multitudes.

Se acabaron los solos virtuosos y las puestas en escena brillantes: la musicalidad pasó a un segundo plano frente a la actitud y la sensación de accesibilidad, de que los que estaban en el escenario no eran estrellas de rock engreídas y mimadas, sino alguien con luchas, frustraciones y algo que decir. Las letras solían estar politizadas o ser críticas con lo que se consideraba cada vez más un país dirigido por instituciones arcanas y regresivas.

Ese sonido áspero pero carismático también generó su propia moda a prueba de recesión. El aspecto ascético y desaliñado de grupos de rock estadounidenses como The Ramones y Television y de artistas como Lou Reed y Patti Smith se extendió al otro lado del Atlántico y se convirtió en estilos individualistas que eran, por definición, una declaración única. Aunque fue imitado por los fans, el movimiento emergente proporcionó una plataforma para la autoexpresión que era auténtica, harapienta y accesible para cualquiera.

Algunas de las declaraciones más atrevidas fueron elaboradas por Vivienne Westwood, que por aquel entonces mantenía una relación con el diseñador de moda y promotor de música a tiempo parcial Malcolm McLaren.

Después de que este último pasara una temporada en Estados Unidos dirigiendo a los New York Dolls, se interesó por dirigir una banda local llamada The Strand, que él y Westwood utilizaron como una especie de cartelera musical para su boutique de moda de Chelsea. Con el aumento de la popularidad de la ropa fetichista, Westwood y McLaren cambiaron el nombre de la boutique de Too Fast To Live, Too Young To Die [Demasiado rápido para vivir, Demasiado joven para morir] a SEX, y el de The Strand a Sex Pistols, y McLaren describió su estética deseada para la banda como «jóvenes asesinos sexys».

La antítesis de la humanidad

Era una incómoda contradicción que el éxito y la popularidad fuesen la antítesis de la filosofía del punk, pero también la consecuencia inevitable de la conexión con un gran número de compradores de discos sin derechos. Esto llegó a un punto escandaloso en diciembre de 1976, cuando el presentador de la BBC Bill Grundy pareció cuestionar a la autenticidad antimaterialista de la banda al señalar que había aceptado 40.000 libras (46 541 euros) por un contrato discográfico.

El cantante John Lydon, también conocido como Johnny Rotten, murmuró una palabrota en voz baja que Grundy le pidió que repitiera, desafiando las estrictas políticas de la BBC. Después de tira y afloja, el guitarrista Steve Jones se puso a increpar al presentador. Todo se transmitió en directo. La carrera de Grundy nunca se recuperó y los Sex Pistols se hicieron famosos al instante.

La tienda de Westwood y McLaren en The King’s Road en 1976. Al principio se llamaba Let it Rock, luego Too Fast To Live Too Young To Die, después SEX, y más tarde The Seditionaries, y finalmente World’s End, que sigue siendo hasta hoy.
Fotografía de TRINITY MIRROR / MIRRORPIX / ALAMY
Malcolm McLaren y Vivienne Westwood en Londres, 1977. Westwood lleva la obra de arte original de God Save the Queen en su camiseta. Los diseños de Westwood pretendían deliberadamente escandalizar y provocar, y la influencia de ella y McLaren sobre los Sex Pistols los convirtió en una de las principales responsables tanto de la música como del aspecto del género.
Fotografía de TRINITY MIRROR / MIRRORPIX / ALAMY

Bernard Partridge, miembro del Gran Consejo de Londres, describió a la banda como la «antítesis de la humanidad». Añadió que el punk rock en general era «nauseabundo, repugnante, degradante, espantoso, sórdido, prurito, voyeurista y, en general, nauseabundo… Creo que la mayoría de estos grupos mejorarían enormemente con una muerte repentina».

Anarquía en el Reino Unido

La percepción de la amenaza que el punk rock representaba para la sociedad se enmarcó perfectamente con la publicación de lo que se convertiría en un himno antisistema. Su objetivo, como jefa de Estado que preside un país que abraza la austeridad, la Reina era aparentemente tan buena como cualquiera.

Aunque la banda negó que el disco fuera una maniobra, el disco God Save the Queen de los Sex Pistols fue diseñado por McLaren para ser lanzado durante el Jubileo de Plata de la Reina, el 27 de mayo de 1977.

Promocionado originalmente con un retrato de la Reina con un imperdible en el labio y con una funda de disco rotulada con letras de rescate sobre sus ojos y su boca, la canción fue vista como un ataque a la familia real y sus valores.

Prohibida por la BBC, fue un éxito popular, pero también convirtió a la banda en objetivo de los partidarios de la monarquía. El baterista Paul Cook fue atacado a la salida de una estación de metro por seis hombres armados con cuchillos. John Lydon fue agredido con cuchillas de afeitar a la salida de un pub de Highbury, dejándole heridas en la mano y la cara.

Punk
La funda del single God Save the Queen (1977). La canción se llamaba originalmente No Future, y las variaciones de la ilustración, diseñadas por el artista Jamie Reid, incluían imágenes de la Reina con un imperdible en el labio y esvásticas sobre los ojos.
Fotografía de PHOTOGRAPH BY ROBERT LAZENBY / ALAMY

Lydon ha opinado que la canción, que originalmente se titulaba No Future, fue malinterpretada. En Isle of Noises, Lydon dijo al autor Daniel Rachel que la canción captaba «la idea de estar enfadado, de la indiferencia de la Reina hacia la población y de la distancia e indiferencia hacia nosotros como personas». Pero en 2022 declaró lo siguiente a The Times: «No tengo ninguna animosidad contra ningún miembro de la familia real. Nunca la tuve. Es la institución lo que me molesta y la suposición de que debo pagar por ello»

45 años después de su lanzamiento, una reedición de la canción alcanzó el número 1 en las listas del Reino Unido por primera vez. El 4 de junio de 2022, el fin de semana del jubileo de platino de la Reina.

La provocación inherente a las declaraciones antisistema, anticapitalistas y anticonformistas del punk se adentró inevitablemente en un territorio más oscuro. Esto profundizó la división entre la generación más antigua y conservadora y los propios punks. Como escribió el teórico cultural Dick Hebdige en Subculture: The Meaning of Style… «Ninguna subcultura ha buscado con más determinación desprenderse del paisaje de las formas normalizadas. Ni hacer caer sobre sí misma una desaprobación tan vehemente que los punks «.

La violencia era una característica de muchos conciertos de punk, tanto dentro de la multitud, como entre la multitud y la banda. También entre el público más estricto, que buscaba una pelea con una subcultura vista como una verdadera amenaza para el estilo de vida británico. A pesar de su reputación de desenfreno, los punks también se convirtieron en objetivos.

“El punk rock es nauseabundo, asqueroso, degradante, espantoso, sórdido, prurito, voyeurista y, en general, nauseabundo… Creo que la mayoría de estos grupos mejorarían enormemente con una muerte súbita.” por BERNARD BROOK PARTRIDGE

«Las actitudes y posturas transgresoras y chocantes de los punks hicieron que la cultura normativa reaccionara con saña contra ellos», escribió Andrew H. Carroll en ‘Running Riot’: Violence and British Punk Communities, 1975-1984: «y los aisló aún más de la sociedad normativa; las reacciones contra ellos empujaron a los punks a adentrarse más en su comunidad alternativa».

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