Juan Requesén es Inocente, por Jesús Peñalver

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3 minutos de lectura

Sin más vueltas: me refiero al caso de Juan Requesens, diputado legítimo confinado (desde antes de la pandemia) a una mazmorra militar, y luego en su casa, por supuestos delitos que no ha cometido. Imposible probar lo que no ha ocurrido, por eso se habla de “presuntos” y “supuestos”.  Lo que no está en el expediente, no existe.

El joven parlamentario debió salir en libertad por la sencilla razón de que no ha delinquido  tampoco ha debido ser condenado a 8 años de prisión por la supuesta comisión del delito de conspiración. Su pecado está en ser líder opositor, su delito tener firmeza en sus convicciones democráticas, su yerro el afán libertario a toda prueba. Por dicha tiene una familia amorosa y comprometida con los valores democráticos que lo sostienen en este proceloso momento.

Lejos de desprestigiarlo, de hacer mella en su anhelo de libertad, de hollar en su integridad ciudadana y personal, de disminuirlo en su firme convicción democrática, de horadar su bizarra juventud, la peste solo ha logrado enaltecer, aún más, la figura del cautivo diputado.

Este caso emblemático y revelador puede darnos cuenta de la situación difícil en que nos encontramos; del laberinto que significa no contar con instituciones que seria y responsablemente nos garanticen nuestros derechos y nuestras garantías, como lo establece el ordenamiento jurídico vigente o lo que queda de él.             

Las certezas se tienen o no se tienen. Se sabe que aunque sean lo menos alentadoras, conviene tenerlas claras ante cualquier panorama. Decirle sí a lo que es y no a lo que no es, a lo que no existe. De Perogrullo, pero conviene puntualizarlo, eso creo.

No tengo certezas sobre lo que políticamente ocurre hoy en Venezuela, sino percepciones o presunciones sobre lo que, lejos de favorecer un clima de confianza o resolución, solo podrían ennegrecer aún más el escenario. Es decir, por no poder pintar bien mis creyones sobre el lienzo de la actualidad, ni agregar matices que mejoren el paisaje, prefiero abstenerme. Ello no significa recurrir al silencio, eso nunca es opción. Me refiero a no enrarecer el ya laberíntico tono que nos muestra la geografía nacional. Como dice el Poeta Mayor: “No tengo puntos de vista, yo tengo ojos”.  Tampoco quiero limitarme a deciros que hoy una de mis certezas es que la palabra justicia rima con malicia, y que el tapaboca –en tiempo de pandemia– no impide que la mirada hable por nosotros y sonría, y aun más, “los ojos nos besen más de veinte veces”, como en Las coplas del amor viajero.

Dentro de la libertad integral que posee la persona humana, debe entrar de una manera especialísima la libertad de conciencia, pues el misterio de la trascendencia late incesantemente en el corazón del hombre y es ese misterio, acicate hacia la perfección total.

Queda claro que con las violaciones de la libertad por razones políticas, por pugnas de opiniones o el desmedido propósito de mantenerse en el poder a todo trance, se comete una grave injusticia que merece el rechazo de las mayorías. Inadmisibles resultan las lesiones que se infligen a la justicia con respecto a aquellos que padecen persecución, acoso y encierro por su forma de pensar; que se ven sometidos constantemente y de mil modos por parte del aparato del Estado.   

El hombre debe, conforme con la verdad y la justicia, gozar de su dignidad responsable, no movido por coacciones, sino guiado por la conciencia del deber.

Procuremos entender la democracia como la rectitud de conciencia como base del sistema, la honestidad como norma permanente, la pulcritud en las ideas y en las formas de comportamiento.

Abrazo la certeza de que llegará el día del juicio, todos entrarán a la sala dispuesta, la justicia terrena juzgará sus crímenes, se oirán gritos y consignas, otros callarán sus penas y sus culpas, la justicia y los letrados harán su trabajo, quizá reos condenados por sus fechorías lloren o se burlen al escuchar la sentencia. Comenzará la reconstrucción.

Jesús Peñalver

Curadas / Vía Jesús Peñalver

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2 Comments

  1. Muy acertadas sus observaciones, este joven Juan Requesen a pesar de su juventud y lo poco conocido en la política a mi me lució muy sincero y coherente y su delito : expresarse apacionadamente en la asamblea.

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