En febrero de 1926, el biólogo ruso Iliá Ivanov partió hacia África para realizar uno de los experimentos más estrambóticos de la historia: cruzar un simio y un humano. ¿Por y para qué?
Iliá Ivánovich Ivanov fue un biólogo soviético y ruso que se especializó en el campo de la inseminación artificial y la hibridación interespecífica de animales. Estuvo involucrado en los polémicos intentos de crear un híbrido humano-mono.

Sus estudios más polémicos fueron sus intentos de crear un híbrido hombre-mono. A comienzos de 1910 presentó en el Congreso Mundial de Zoólogos en Graz en el cual describió la posibilidad de obtener un híbrido hombre-mono a través de inseminación artificial.
En 1924, mientras trabajaba en el Instituto Pasteur en París, Ivanov obtuvo permiso de los directores del instituto para usar la estación experimental de primates en Kindia, Guinea Francesa, para tal experimento. Ivanov intentó ganar apoyo para su proyecto del gobierno soviético. Envió cartas al Comisario del Pueblo en Educación y Ciencia Anatoli Lunacharski y a otros oficiales. La propuesta de Ivanov despertó finalmente el interés de Nikolái Gorbunov, jefe del Departamento de Instituciones Científicas. En septiembre de 1925, Gorbunov ayudó a destinar 10.000 dólares a la Academia de Ciencias para los experimentos de hibridación humano-mono en África.
En marzo de 1926, Ivanov llegó a la instalación de Kindia, pero solo estuvo un mes sin éxito. Resultó que no tenía chimpancés sexualmente maduros. Volvió a Francia donde mandó cartas al gobernador de la Guinea Francesa para establecer experimentos en los jardines de Conakri.
A su regreso a la Unión Soviética en 1927, Ivanov comienza un esfuerzo para organizar experimentos de hibridación en Sujumi usando esperma de mono y hembras humanas. Finalmente en 1929, gracias a la ayuda de Gorbunov, obtuvo el apoyo de la Sociedad de Biólogos Materialistas, un grupo asociado con la Academia Comunista. En la primavera de 1929, la Sociedad creó una comisión para planificar los experimentos de Ivanov en Sujumi. Decidieron que se necesitarían al menos cinco mujeres voluntarias. Sin embargo, en junio de 1929, antes de que se hiciera ninguna inseminación, Ivanov descubrió que el único mono macho (un orangután) que había superado la pubertad en Sujumi había muerto. No llegarían más monos a Sujumi hasta el verano de 1930.
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