EL ESPEJISMO DE LA INSTITUCIONALIDAD. Por Gustavo Alfredo Domínguez Martínez
He leído por las redes un interesante debate surgido a partir de la publicación en el portal Curadas de un artículo firmado por el Doctor Angel Alberto Bellorin titulado «Nuevo Fiscal y Defensor, viejo fraude a la Constitución»
Tal escrito publicado el día 15 de marzo del 2026, generó una réplica inmediata, plasmada en los comentarios, firmada por la Doctora Neyda Pérez quien se presenta como postulada al cargo de Defensora del Pueblo y aparece en el listado con el número 43.
Tal replica, generó una enjundiosa contra replica del Doctor Bellorin publicada en Curadas en fecha 20 de Marzo del 2026.
A mi parecer, es un interesante debate entre la presunción de Buena Fe de la postulada y el colaboracionismo Implícito que se desprende de la argumentación que sostiene el jurista. Esto ha merecido mi atención.
La postura de la doctora se centra en la ética de la intención. Su argumento es que «intentarlo una y otra vez» es un acto de valentía y esperanza. Sin embargo, desde un punto de vista analítico, su réplica es débil en el plano jurídico-político porque se queda en la superficie al priorizar la ofensa personal percibida por el término «tonto útil» sobre la denuncia de fondo acerca de la falta de transparencia del proceso.
Evade el cuestionamiento al árbitro porque no cuestiona la parcialidad del Comité de Postulaciones ni la ausencia de un baremo público, aceptando participar en un proceso cuyas reglas no garantiza.
El Dr. Ángel Alberto Bellorín eleva el debate del plano personal al plano constitucional y académico. Su respuesta es cruda pero lógicamente sólida dentro del contexto venezolano de 2026, porqué la categoría del «Tonto Útil» no lo usa como un insulto a la inteligencia, sino como una descripción funcional. Define a quien, con buena intención, sirve de «relleno» para dar barniz de legalidad a un proceso que ya tiene resultados predeterminados por el poder político.
El argumento del baremo es el punto más objetivo al señalar que un concurso sin criterios de evaluación públicos (baremo) es, por definición, un fraude. Al no exigir esto, la doctora estaría validando la arbitrariedad.
El ejemplo histórico queda plasmado al citar a Philippe Pétain y el régimen de Vichy, en donde el coronel Bellorín advierte que la historia suele juzgar no la «buena intención» de los actores, sino el resultado de sus acciones: si ayudaron o no a sostener un sistema cuestionable bajo la excusa del «mal menor».

El núcleo del debate no es la capacidad profesional de los postulados, sino la naturaleza del sistema que los convoca. La Dra. Pérez sostiene una visión voluntarista al creer que la presencia de ciudadanos honestos y preparados puede, por sí misma, sanear una institución. Por el contrario, el Dr. Bellorín sostiene una visión estructural, argumentando que un individuo, por más íntegro que sea, no puede cambiar un sistema diseñado para el control político si las reglas del juego (el Comité de Postulaciones) son ilegítimas
Esto ocurre tras 27 años de un modelo político que ha convertido las instituciones en apéndices del Ejecutivo. En este contexto, la participación de «independientes» ha sido utilizada históricamente por el chavismo para proyectar una imagen de pluralidad ante la comunidad internacional. A estas alturas, el desconocimiento de esta dinámica ya no es ingenuidad, sino colaboracionismo implícito.
La Dra. Pérez representa el idealismo romántico que busca soluciones dentro de un marco que ella considera recuperable. Por su parte, el Dr. Bellorín representa el realismo constitucional que considera que el marco está roto y que participar en él solo ayuda a retrasar su sustitución por uno verdaderamente democrático.
Desde una perspectiva de análisis político, la postura del Doctor Bellorín es más robusta porque se apoya en la evidencia histórica y en la rigurosidad técnica de los procesos de selección pública. La doctora, al no responder al argumento de la inconstitucionalidad del Comité y enfocarse solo en su honor personal, termina dándole la razón al Dr. Bellorín: se comporta como un actor que atiende a la forma pero ignora el fondo destructivo del sistema.
Caracas 22 de marzo del 2026.
Gustavo Alfredo Domínguez Martínez