Cada vez que una solicitud llega a un sistema de inteligencia artificial, se activan miles de cálculos en centros de datos repartidos por todo el mundo
Ese proceso genera grandes cantidades de calor y convierte la refrigeración en un elemento central de la infraestructura digital. En los centros de datos actuales, casi la mitad de la energía se destina a enfriar los microprocesadores. Refrigerar la IA.
Refrigerar la IA
El crecimiento de la IA ha impulsado instalaciones de hiperescala, con un consumo creciente de electricidad y agua. Desde sistemas de refrigeración por evaporación cerca de ríos y lagos hasta ventilación por aire en regiones áridas, la ubicación condiciona el impacto ambiental. Así, ante el aumento de potencia de los chips, la industria experimenta con refrigeración líquida, inmersión en líquidos no conductores e incluso centros de datos submarinos. Todas estas soluciones buscan reducir el consumo de recursos, en un contexto en el que la demanda de IA no deja de crecer.

La IA y el calor de los servidores
¿Qué ocurre al pedir a ChatGPT que reformule un correo electrónico? La solicitud llega a un centro de datos e inicia una cadena de cálculos en cientos de servidores que procesan a la vez miles de solicitudes. Los servidores se calientan, así que los centros de datos recurren a refrigeración líquida y aire acondicionado.
00:00 La IA y el calor de los servidores
01:28 Agua para enfriar la IA
01:40 Centros de datos y recursos naturales
02:00 Refrigeración por evaporación
03:25 Servidores sumergidos en líquido
04:36 Centros de datos bajo el mar
05:36 Fallos, riesgos y límites
06:33 ¿Centros de datos en el espacio?
06:53 Reducir el impacto ambiental de la IA
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