El señor del Papagayo: «Nunca hemos perdido el vuelo»

Durante más de 20 años, Rafael Araujo ha recorrido las calles de Caracas elevando papagayos con mensajes directos sobre la crisis política y social del país

El activista detalla los riesgos de su labor cívica en las avenidas, cómo nacen sus frases más impactantes y cómo es su rutina actual, donde divide su tiempo entre el arte, las protestas cortas y el cuidado diario de su madre de 104 años. Rafael Araujo,

Créditos al canal Luis Olavarrieta en YouTube

Rafael Araujo

En un país donde alzar la voz puede costar la tranquilidad, un hombre decidió hacerlo en silencio mirando el cielo. Con papel, madera y pavilo, Rafael Araujo transformó un juego de niños en una línea editorial, la más desafiante de una nación en crisis.

Para muchos es un cronista, para otros un ciudadano indignado, pero para la historia de Venezuela es simplemente el señor del papagayo. Hoy desarmamos la mente y el corazón del hombre detrás de miles de mensajes que flotan sobre la censura.

Mi nombre es Rafael Araujo y me dicen el señor Papagayo. Por la actividad que yo realizo siempre en la calle y por la mis publicaciones.

¿Usted recuerda el primer papagayo que elevó con un mensaje político?

Libertad. El primero entra en la política porque la libertad encierra todo, encierra la actividad del ser humano libremente, plenamente.

Rafael Araujo
Rafael Araujo

¿Qué sintió cuando vio que una palabra tan simple como libertad puede levantar una emoción tan grande en el país?

Emoción y preocupación, porque en un país donde la palabra libertad no la ve muy bien el gobierno de ese momento o en ese país, entonces hay algo que está mal.

Perdón, ¿en qué momento entendió que esto ya no era solo una ocurrencia, sino una forma de vida?

En el momento que la gente lo apreció, lo apreció de diferentes maneras, uno como apoyo a la libertad y a los derechos humanos, de eso se enfocó. Otro porque va con la noticia y la noticia es cultura, debería ser cultura obligada y como una materia desde niños pequeños hasta bachillerato y más adelante, porque eso encierra en que la gente está conectada con el acontecimiento donde está, o sea, tiene los pies sobre la tierra, porque uno no puede estar ajeno a que están sucediendo cosas.

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