La campaña hacia la Casa de Nariño sumó un capítulo tan inédito como encendido. Una jueza de la República ordenó una medida cautelar provisional que prohíbe de manera inmediata al candidato presidencial Abelardo de la Espriella, y a su movimiento político, utilizar, exhibir o vincular la camiseta oficial, los colores o los emblemas de la Selección Colombia en sus actos proselitistas, redes sociales y publicidad.
La decisión judicial abrió un profundo debate nacional que transita entre la protección de la igualdad electoral y el derecho fundamental a la libre expresión y la identidad cultural.

El origen de la polémica
El origen de la restricción se remonta a las denuncias de sectores de la oposición, liderados entre otros por el senador Iván Cepeda, quienes criticaron que De la Espriella y su fórmula vicepresidencial, José Manuel Restrepo, convirtieran la prenda deportiva en el «uniforme» distintivo de su propuesta de campaña.
Ante este panorama, el ciudadano Wilman Ramiro Bocanegra Calderón interpuso una acción de tutela que fue admitida por el juzgado. Los argumentos que sustentan la prohibición judicial se centran en:
- Garantía de igualdad: El despacho consideró necesario proteger el derecho a la igualdad, la no discriminación y el libre ejercicio del voto, evitando que un candidato use un elemento de profunda identidad nacional para influir o parcializar al electorado frente a sus contendientes.
- Desvirtuación del símbolo: El fallo argumenta que la indumentaria fue diseñada para eventos deportivos y unidad nacional, por lo que su uso proselitista arriesga convertir un símbolo de cohesión en una herramienta de confrontación política.
La paradoja de la Federación
Días antes del pronunciamiento judicial, la Federación Colombiana de Fútbol (FCF) ya se había visto obligada a emitir un comunicado ante las preguntas de la opinión pública. En un plano puramente institucional, la FCF aclaró que carece de la facultad legal para prohibir que un ciudadano compre o use la prenda en espacios públicos, al ser un producto comercializable.
No obstante, la Federación fue enfática en un llamado ético que coincide en espíritu con el fondo del debate judicial:
“La Selección Colombia es un ícono de unidad. Solicitamos mantenerla al margen de los debates políticos o electorales para que la contienda no la convierta en un elemento más de la confrontación”.
Una batalla jurídica en desarrollo
La respuesta del candidato de la Espriella no se hizo esperar. Tras tildar la medida como «equivocada» e «insólita», argumentó junto a su equipo de defensa que la camiseta no es propiedad exclusiva de nadie y que vestirla representa una manifestación legítima de orgullo patrio, asimilable a usar una ruana o un sombrero vueltiao. Aseguró que dará la pelea en los estrados judiciales para revertir la orden y, mientras tanto, invitó a sus simpatizantes a seguir portando el color amarillo de la selección de forma libre.
El ambiente se tensó aún más con la presentación de denuncias penales y disciplinarias en contra de la jueza que emitió el fallo, bajo acusaciones de presunto prevaricato y extralimitación de funciones.
Mientras el juzgado evalúa los argumentos de fondo para determinar si levanta o mantiene en firme la restricción, las plazas públicas y las redes sociales de la campaña se ven obligadas a guardar, al menos temporalmente, la prenda que tradicionalmente une a todo un país.
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