Historias reales de personas extraordinarias que, sin buscar cámaras ni reconocimiento, sostuvieron (y siguen sosteniendo) a todo un pueblo
En este programa especial de Héroes anónimos de La Guaira, nos adentramos en la increíble resiliencia de aquellos que se convirtieron en faros de luz en medio de la peor de las catástrofes. Así, conectamos el pasado, el impacto humanitario actual y la hermandad de los equipos de rescate internacionales.
Héroes anónimos de La Guaira
Recuerdo que me levanté de la cama esa tarde y al parar me sentí como que estaba mareado y será que estoy mareado y cuando me asomo en el pasillo veo las cuerdas donde mi mamá guinda la ropa moviéndose y corro hacia el pasillo de la sala y agarró mi mamá, mamita le digo está temblando y me agarró de la reja y yo, «Wow, me quedé aquí solo, sin nada.
» Empecé a caminar y llegué a residencia Las Palmas. Eh, me metí en un rescate y bueno, rescatamos esa persona con vida. Así, fueron dos que sacamos, de las primeras dos personas que saqué y que muchos de ellos necesitan. Es lo más importante tener fe, tener una persona y que diga, mira, no estoy sola, yo creo que estás personas necesitan tu compañía. Claro, es que estás sola. Te sientes, tienes esa sensación de que los primeros días teníamos todo el mundo aquí abajo ayudando y ahora no los vemos, vemos las calles vacías.

Mi mayor mensaje es que no nos olviden. Ah. los ciclos de las noticias pasan. Eh, bueno, todo el mundo tiene que volver a su vida a trabajar, pero aquí hace falta mucha ayuda, y mucha ayuda a largo plazo.
El día del terremoto me encontraba en mi casa con mi mamá y mi hermanito de 4 años. Gracias a Dios pude sacarlos ese día. En cuestiones de segundo el apartamento de moverse así, se movía muy fuerte. Recuerdo que le dije a mi mamá, «Quédate aquí, voy a correr a la mesa porque la llave de la reja estaba en la mesa y voy a buscar la llave.
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