«Elecciones YA»: la consigna de una clase política que vive de la miseria que fabricó

Por Marc Tecnólogo.

En 2025, el 68,5 % de los hogares venezolanos estaba en pobreza de ingresos y el 31,7 % en pobreza extrema, sin dinero suficiente ni para la comida. Uno de cada tres hogares no podía comer completo. ¿Cuántos de esos hogares pertenecen a un dirigente político, al que gobierna o al que grita «elecciones YA»?

No se conoce ninguno.

Ahí empieza esta historia. Es la historia de una clase política que lleva 27 años fingiendo una pelea por un país que nunca ha habitado.

El país vive del 3532; la clase política vive de la tarima

Para millones de venezolanos, el mes empieza con un mensaje de texto. Las notificaciones de los bonos llegan desde el número corto 3532 y por la aplicación veMonedero. En 2025, el 76,7 % de los hogares recibió al menos uno de esos bonos del sistema Patria.

Y el bono no alcanza para nada. En junio, una familia necesitó el equivalente a más de tres bonos gubernamentales de 240 dólares solo para alimentarse. A eso se suma el agua: esa familia gastó 13,56 dólares adicionales en agua potable, porque la del grifo no cumple parámetros básicos de potabilidad.

Mientras tanto, en la tarima hay luz, sonido y micrófono. Abajo, apenas el 10 % de los hogares no sufría cortes eléctricos y solo el 19 % tenía agua continua.

Son dos países distintos, y solo uno de ellos aparece en los discursos.

El chavismo convirtió el hambre en nómina

Primero, el régimen. Su obra maestra no fue destruir el salario, sino reemplazarlo. El salario mínimo está fijado desde marzo de 2022 en 130 bolívares, que entonces equivalían a 30 dólares y hoy no llegan a 20 centavos. En lugar de subirlo, el Gobierno sustituyó los aumentos del salario base por bonos, una estrategia que, según los sindicatos, debilitó la protección laboral.

Un salario es un derecho. Un bono es un favor, y el favor se puede quitar.

Además, el favor ni siquiera se reparte bien. Los hogares en pobreza extrema recibieron en promedio 26 dólares en bonos, menos de la mitad de los 53 que recibieron los hogares de clase media. Peor aún: entre los hogares más pobres, la cobertura cayó del 85 % en 2023 al 69 % en 2025. La «revolución de los pobres» le da menos a quien más necesita.

El 88 % de los venezolanos recibe cajas CLAP. El régimen no destruye lo que puede administrar, y la pobreza es lo que mejor ha administrado.

Cuando los trabajadores salieron a reclamar, la protesta por aumento salarial en Caracas terminó reprimida, y los sindicatos llamaron «irrespeto» que la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, considerara las pensiones una «carga».

Cambió el inquilino de Miraflores; el aparato que reparte el monedero sigue en pie.

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La oposición convirtió «elecciones YA» en oficio

Luego, los que dicen ser la alternativa. Veintisiete años de oposición dejan un balance difícil de defender: ninguna estrategia sostenida, muchas consignas recicladas y el mismo puñado de apellidos.

Las elecciones regionales y parlamentarias del 25 de mayo de 2025 lo resumieron todo. Según cifras oficiales, participó el 42,63 % del censo, aunque María Corina Machado aseguró que la abstención fue del 85 %. El chavismo inventaba votantes; la oposición celebraba su ausencia. Como resultado, el chavismo se quedó con el control absoluto de la Asamblea Nacional hasta 2031 y de los poderes regionales hasta 2029.

Y ni siquiera hubo una sola oposición. Un Nuevo Tiempo y Movimiento Por Venezuela llamaron a votar, y Henrique Capriles sostuvo que la abstención había hecho «retroceder» al antichavismo. Eran tres oposiciones con una sola certeza: ninguna sabía qué hacer.

Hoy la escena se repite con otro decorado. Hay caravanas que exigen el regreso seguro de Machado, un cronograma electoral y presidenciales para 2027. Al mismo tiempo, desde la delegación de la Asamblea Nacional de 2015, Jorge Millán dice que las puertas de la mesa están abiertas para Machado cuando ella lo decida.

Unos van en caravana y otros se sientan a la mesa. Ninguno depende del bono.

El manual de 1974 sigue vigente

Nada de esto es nuevo. Carlos Andrés Pérez llenaba plazas en los setenta con la promesa de la «Gran Venezuela» financiada por el petróleo. En 1989, ya en su segundo gobierno, el país le respondió con el Caracazo. En 1992 llegó el intento de golpe de Hugo Chávez, y en 1998 Chávez ganó la presidencia prometiendo barrer con esa misma clase política.

Por lo tanto, el chavismo no cayó del cielo. Nació de la tarima, de la consigna y de la promesa incumplida.

Lo grave es que el antichavismo heredó exactamente el mismo manual: tarima, consigna, promesa, y otra vez tarima. Cambian los colores de la franela, pero el guion es idéntico al que parió el desastre.

«Elecciones YA», ¿para hacer qué?

Pedir elecciones es legítimo. Sin embargo, «elecciones YA» se volvió un rezo de novenario: se repite para no tener que pensar.

Ningún bando ha explicado qué hará el primer lunes con un salario de centavos, con el apagón diario o con el agua que no llega. Tampoco ha explicado algo más sencillo: de qué viven quienes llevan años en campaña permanente, en un país donde la mayoría de los hogares depende de un bono para sobrevivir.

Unas elecciones sin respuestas a esas preguntas no cambian la miseria. Cambian a su administrador.

La única empresa que nunca quiebra

En Venezuela cerraron fábricas, bancos y comercios. La pobreza, en cambio, es la única empresa que nunca ha quebrado. En 27 años ha tenido una sola gerencia: el nefasto chavismo. La supuesta oposición nunca fue la competencia. Funcionó como su departamento de reclamos: recibe la rabia del cliente, promete una solución y deja todo exactamente igual. Ambos viven del mismo negocio: que los pobres sigan siendo pobres.

Por eso, nadie más debería aplaudir desde abajo de la tarima a quien no responda tres preguntas: de qué vive, qué hará con el salario y qué hará con la luz. Mientras no las respondan, «elecciones YA» no es una solución, sino otro turno del departamento de reclamos.

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