Durante los descansos, el cerebro, por ejemplo, repite una versión 50 veces más rápida de los movimientos utilizados para tocar una canción, una y otra vez.
El cerebro necesita pausas en el proceso de aprendizaje.
Requiere de descansos para consolidar el conocimiento y transformarlo de un recuerdo transitorio a uno duradero.
El cerebro aprovecha los descansos para efectuar una repetición mental súper rápida de lo que acaba de aprender.
Lapsos productivos: El cerebro necesita pausas
Esos lapsos pueden ser productivos para quienes practican movimientos nuevos, diminutos y repetitivos, tales como atletas músicos o, incluso, pacientes que buscan recuperar las habilidades perdidas.
“Imagínate un escenario en el que una persona aprende a tocar una nueva canción en el piano”.
“Descubrimos que durante las pausas, el cerebro repite una versión 50 veces más rápida de los movimientos utilizados para tocar la canción, una y otra vez, lo que refuerza la conexión de neuronas en las áreas asociadas a esa nueva memoria”.
Esto lo dice el investigador brasileño Leonardo Claudino, quien estudió el asunto en los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos.

El cerebro necesita pausas: Experimento con voluntarios
Claudino y un grupo de colegas registraron la actividad cerebral de 33 voluntarios diestros, mientras aprendían a escribir una secuencia de números con la mano izquierda en el teclado.
Las personas debían escribir las secuencias durante diez segundos y luego descansar diez segundos.
Los especialistas se percataron de que tras los intervalos, los voluntarios mejoraban la velocidad y precisión.
Observaron las rápidas “repeticiones” que el cerebro hacía de lo que acababa de aprender.
Descubrimos que “Una habilidad de dos segundos se repite en el cerebro en la escala de milisegundos”, dice Claudino.
El cerebro consolidaba el aprendizaje con estas repeticiones.
Transferir la memoria: El cerebro necesita pausas
El examen implica transferir la memoria desde el hipocampo, donde están guardados los registros temporales, a áreas del neocórtex, donde se sitúa la memoria más duradera.
Hasta el hallazgo se creía que solo durante el sueño se producía este proceso de consolidación.
Ahora es posible percibir que los recuerdos también se consolidan casi en simultaneidad con la práctica.
“Todavía no se sabe mucho, y ciertamente son fisiológicamente diferentes. Pero quizás el sueño codifica una experiencia más completa: todo el contexto, quién estaba allí, cómo era el entorno”, manifiesta.
“Una pausa rápida puede registrar detalles más minuciosos: la sinergia entre los dedos al teclear, el movimiento. Es una hipótesis para que alguien investigue en el futuro”.

El cerebro necesita pausas: Evitar la práctica hasta el agotamiento
“Veo un uso más directo cuando pienso en prácticas deportivas o musicales, que implican sesiones en las que el deportista o artista realizará varias veces el mismo movimiento”, expresa el científico.
Claudino señala que hay que tener en consideración que «cuando se empiece a aprender una nueva técnica, hay que evitar practicar hasta el agotamiento, hasta el fracaso. Es mejor tomar descansos”.
“La perfección llegará más rápido si se le da tiempo al cerebro para consolidar (el aprendizaje) en lugar de practicar sin cesar para la perfección”.
Acota que lo idóneo es que en vez de practicar hasta el agotamiento, se haga diez veces, por ejemplo, para luego tomarse un descanso y empezar nuevamente.

Activo a pesar del descanso
Argumenta que en un entorno de enseñanza quizá el profesor puede pensar en la sesión de aprendizaje como si incluyera estos descansos.
“Es importante que el estudiante tenga estos períodos de descanso, porque su cerebro estará activo, a pesar del descanso, este es nuestro descubrimiento».
«Su hipocampo y su corteza estarán realizando estos intercambios, que consolidarán el aprendizaje reciente”, destaca el diplomado.
Lo que todavía se ignora es el período óptimo de descanso.
En las pruebas los investigadores determinaron que la ganancia de aprendizaje era mayor cuando la práctica y los descansos tenían una duración similar.
Por ejemplo, diez minutos de práctica y diez minutos de descanso.
No obstante, Leonardo Claudino recuerda que se trata de actividades de laboratorio, por lo cual las conclusiones no necesariamente pueden trasladarse con exactitud a la vida real.
También puede interesarte: El cerebro está programado para ignorar a los padres a temprana edad.
¿Te gustó el contenido? Tenemos mucho más para ti. Únete a Curadas haciendo clic en este enlace.