Sábado, 23 de mayo de 2026– El habitual murmullo del tráfico en el sureste de Caracas se vio interrumpido de golpe por un zumbido denso, metálico y profundo que hizo vibrar los ventanales de las zonas residenciales aledañas a Valle Arriba. No eran helicópteros convencionales. Dos imponentes aeronaves MV-22B Osprey del Cuerpo de Marines de los Estados Unidos —reconocibles por sus enormes rotores inclinables que combinan la versatilidad de un helicóptero con la velocidad de un avión— cruzaron el espacio aéreo caraqueño de forma coordinada.
A bordo de uno de los titanes de la aviación militar viajaba el General Francis L. Donovan, comandante del influyente Comando Sur de EE. UU. (SOUTHCOM), iniciando así su segunda visita oficial a territorio venezolano. ¿El motivo principal? Supervisar directamente en el terreno un riguroso «ejercicio de respuesta militar» y evacuación de emergencia dentro del complejo de la Embajada estadounidense.

Un despliegue milimétrico con aval oficial
El ejercicio no tomó por sorpresa a las altas esferas políticas, aunque sí generó un fuerte impacto visual en la ciudadanía. Días antes, el gobierno encabezado por la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, había otorgado la autorización oficial pertinente para los sobrevuelos y el despliegue técnico. Desde el Palacio de Miraflores se argumentó que la maniobra formaba parte de los «protocolos regulares de seguridad y protección diplomática» suscritos a nivel internacional.
Las naves operaron con precisión quirúrgica: tras surcar el cielo capitalino, aterrizaron directamente en el amplio estacionamiento de la sede diplomática norteamericana, una fortaleza arquitectónica enclavada en las colinas de la ciudad. Allí, un contingente de tropas operativas estadounidenses ejecutó simulacros de respuesta rápida, contingencia y resguardo ante posibles escenarios críticos.

Diplomacia de alto nivel y tensiones en la calle
Más allá del estruendo de las hélices, la jornada del general Donovan estuvo copada por una agenda política crucial. El Comando Sur ratificó en sus canales oficiales que el alto mando militar sostuvo reuniones bilaterales clave con «altos líderes del gobierno interino» y coordinó estrechamente con el encargado de negocios de la embajada, John Barrett.
El eje de las conversaciones, según la información compartida por Washington, apuntó firmemente a tres pilares prioritarios:
- La seguridad compartida en todo el Hemisferio Occidental.
- El avance del plan de estabilización de tres fases impulsado por la administración de Donald Trump.
- El compromiso estratégico mutuo para garantizar una Venezuela «libre, segura y próspera».
Sin embargo, la presencia de las botas y naves estadounidenses en suelo venezolano no estuvo exenta de fricciones. Mientras las hélices de los Osprey descansaban en la sede diplomática, a pocas calles del perímetro de seguridad se congregaron grupos de manifestantes afectos al ala más radical del chavismo. Con banderas nacionales y pancartas bajo lemas como «¡No nos da la gana de ser colonia norteamericana!» y «Yankee, go home», expresaron su rechazo tajante al simulacro.
La tensión de los sectores disidentes se trasladó rápidamente a las redes sociales, donde figuras parlamentarias como la diputada Iris Varela publicaron mensajes de fuerte contenido retórico en contra del despliegue imperial, tildando la acción como una provocación intolerable a la soberanía patria.

El dato: Las naves MV-22B Osprey utilizadas en este operativo son piezas clave del Cuerpo de Marines para misiones de asalto y rescate debido a su capacidad de despegue vertical en espacios confinados, eliminando la necesidad de pistas de aterrizaje convencionales en zonas urbanas complejas como Caracas.
Al caer la tarde, el rugido de los motores volvió a encenderse. Con el General Donovan a bordo, las aeronaves se elevaron perdiéndose en el horizonte sobre el cerro El Ávila, dejando tras de sí un panorama político complejo que demuestra que las líneas diplomáticas y militares entre Washington y Caracas se están reescribiendo a paso acelerado en este 2026.
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