Por Marc Tecnólogo
Viernes 9 de octubre, Washington. Dinorah Figuera entra al Departamento de Estado. Marco Rubio le estrecha la mano frente a las cámaras y anuncia que ella y su equipo tienen el respaldo más firme del gobierno de Trump.
Sábado 10 de octubre, Ciudad de Panamá. María Corina Machado habla con un canal local en plena calle, junto a un centro de acopio. Le preguntan cuándo vuelve a Venezuela. Responde: «Hasta ahora no ha sido posible».
Una tiene la mesa. La otra tiene los votos.
En esas dos escenas, separadas por un día, cabe toda la transición venezolana. Y la pregunta que casi nadie se hace en voz alta: si los votos son de María Corina, ¿por qué la mesa es de otra?
Rubio lo dijo en enero: primero el petróleo, después las instituciones, al final los votos
El 3 de enero, EEUU capturó a Nicolás Maduro. Cuatro días después, Rubio explicó el plan. Tres fases: estabilización, recuperación y transición.
La primera, que el país no cayera en el caos. La segunda, que empresas estadounidenses y occidentales tuvieran acceso al petróleo venezolano. La tercera, la transición política.
Nueve meses después, el 9 de octubre, Rubio le puso orden a esa tercera fase. Las elecciones importan, dijo, pero no alcanzan. Por eso, Washington quiere instituciones que sostengan la democracia más allá de quien gobierne. Una democracia «que pueda gobernar».
Es decir: primero las reglas. Después, el voto.
Y quien negocia esas reglas es Dinorah Figuera.
Dinorah Figuera no tiene los votos. Tiene el aval de Washington
Desde 2023 preside la Asamblea Nacional elegida en 2015, la última que la oposición considera legítima. Vivió en el exilio en España y regresó a Venezuela en junio. Además, el Departamento de Estado le encargó dialogar con el chavismo.
El 18 de junio se sentó por primera vez frente a Jorge Rodríguez. Luego, el 7 de agosto, instalaron la mesa formal. Finalmente, hoy, 14 de octubre, arranca la tercera ronda.
La agenda de Dinorah Figuera calza con la de Rubio. La jefa de la delegación opositora habla de reinstitucionalizar el Tribunal Supremo y el CNE antes de llevar al país a votar. Y Washington ya presume resultados: avances hacia un Tribunal Supremo independiente y más de 1.200 presos políticos liberados.
La presidenta de la AN de 2015 no ganó la primaria de 2023 ni encabezó la victoria de 2024. No tiene los votos. Tiene algo que hoy pesa más en Venezuela: el aval de Washington.
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Delcy viaja, Jorge sale de la lista y el petróleo sube
Al otro lado de la mesa, el chavismo no se está preparando para salir. Se está acomodando.
El 21 de septiembre, Delcy Rodríguez aterrizó en Nueva York. Primero habló ante la ONU, se reunió con Guterres, con el FMI, con el Banco Mundial y con el BID. Al día siguiente se fotografió con Trump. De esa foto escribí hace tres semanas: Trump eligió a Delcy.
Este miércoles, el día en que arranca la tercera ronda, el Tesoro de EEUU borró a Jorge Rodríguez de su lista de sancionados. A Delcy, de hecho, la había borrado el 1 de abril. Los dos estaban allí desde septiembre de 2018, sancionados por el primer gobierno de Trump.
Con eso volvieron los rumores. Una publicación extraoficial asegura que Delcy y Diosdado Cabello dejarán el poder antes de diciembre, que Dinorah Figuera presidirá un gobierno provisional y que habrá elecciones el 20 de junio de 2027. Sin embargo, quienes la revisaron no encontraron una fuente seria que la respalde. Nadie ha anunciado que la negociadora vaya a presidir nada: lidera la delegación, y ella misma dijo que el resultado de la negociación se presentaría hacia diciembre.
Mi lectura, y es solo una lectura: a quien están preparando para salir no se le limpia el expediente. Se le limpia a quien todavía van a necesitar. Ojalá me equivoque.
Más barriles, menos luz
Mientras tanto, la fase dos avanza a toda máquina. Delcy anunció 1,23 millones de barriles diarios, la cifra más alta desde 2019, aunque la OPEP contó 1,117 millones en julio. Además, el secretario de Energía de EEUU calcula que la producción ya supera los 1,2 millones, frente a algo menos de un millón en enero.
La luz de la gente no corre con la misma suerte. El gobierno promete sumar 1.300 megavatios este trimestre, pero el país apenas genera 13.000 cuando la demanda pasa de 15.000. De hecho, el economista Alejandro Grisanti advierte que la crisis eléctrica empeorará antes de mejorar.
El petróleo tiene prioridad. El venezolano que se queda diez horas sin luz, no.
María Corina pidió la mesa en mayo. En octubre la sigue pidiendo
Lo digo sin rodeos: que a una venezolana le impidan entrar a su propio país es indefendible. Y María Corina tiene algo que nadie le puede quitar. Ganó las primarias de 2023 con más del 90% y arrastró la victoria opositora de 2024 tiene el liderazgo más importante del país.
Sin embargo, en esta etapa los votos no deciden quién se sienta. Lo decide Washington. Y Washington ha ido en otra dirección desde el primer día.
El 3 de enero, horas después de la captura de Maduro, María Corina exigió que Edmundo González asumiera de inmediato y que la Fuerza Armada lo reconociera como comandante en jefe. En cambio, Washington se quedó con Delcy. En marzo, Trump reconoció formalmente su gobierno.
En mayo, María Corina reunió en Panamá a casi toda la oposición. Un cónclave a puerta cerrada que, según la prensa panameña, generó reservas por los políticos tradicionales que se sentaron en él. De ahí salió un manifiesto: negociar con el régimen interino, con acompañamiento de EEUU.
Pidió la mesa.
En junio, la mesa existió. Pero se sentó Dinorah Figuera. María Corina insistió en que a ella le correspondía «la responsabilidad de dirigir» la negociación. Al final, la mesa siguió sin ella y sin Edmundo González.
El 5 de octubre, su vocera todavía ofrecía negociar directamente con Delcy Rodríguez. Directamente. Con una mesa que lleva cuatro meses funcionando y ya va por su tercera ronda.
Es como un niño que exige la medalla de una carrera que corrió otro, y se queda mirando cómo se la cuelgan a alguien más.
Una oposición que se contradice sola. Y Washington toma nota
El 7 de julio, María Corina prometió en X: «Voy a volver». Para finales de septiembre, su equipo contaba al menos siete intentos fallidos. En cambio, ese mismo mes, Claudia Macero, su jefa de comunicaciones, aterrizó en Maiquetía y la recibieron decenas de activistas en el aeropuerto. La vocera entró. La líder, no.
María Corina culpa a Delcy: dice que teme su regreso. Pero si Delcy sigue las directrices de Washington, ¿quién decide de verdad quién entra? Por un lado, Trump niega haberle pedido que no volviera. Por otro lado, The New York Times reportó en marzo que le aconsejó no regresar por ahora. Ahí empieza la especulación, y ahí me detengo.
Lo que la oposición ofrece mientras tanto es un estribillo: fecha de elecciones y que vuelva María Corina, repetido como rezo de novenario. El propio Guanipa admite que los estadounidenses «no están tan urgidos». La respuesta es gritar la fecha más alto.
Y después, la frase. El 23 de septiembre, Guanipa llamó a Delcy «dictadora interina» y le recordó una dictadura que destruyó la vida de millones. El 13 de octubre, según los medios que recogieron sus palabras, planteó que ella, Jorge Rodríguez y Diosdado Cabello tendrían que asumir el papel de oposición. Veinte días para pasar de acusarlos de destruir millones de vidas a ofrecerles un puesto en la oposición. Por su parte, Cabello ya le contestó: el chavismo está listo para medirse «sea quien sea y cuándo sea».
Yo no quiero ver a ningún chavista en la oposición. Quiero verlos rindiendo cuentas ante la justicia y fuera de la vida política para siempre.
Por eso Washington eligió a Dinorah Figuera
Una dirigencia que promete volver y no vuelve, que pide la mesa mientras otra la ocupa y que en veinte días pasa de «dictadora» a «oposición» no le sirve a quien necesita resultados. Esa es mi lectura de por qué Washington la dejó fuera. Y no es solo una impresión: en julio, según medios que citaron a Axios, funcionarios del propio gobierno de Trump llamaron el intento de regreso de María Corina «oportunismo político grotesco».
Washington no busca a quien grite más. Busca a quien le muestre avances. Y hoy esos avances los presenta la presidenta de la Asamblea de 2015.
El régimen no destruye lo que puede administrar. Washington tampoco.
Dinorah Figuera tiene la mesa. María Corina, los votos
Vuelve a las dos escenas.
Viernes, Washington: Dinorah Figuera, con el aval de Rubio, camino a la tercera ronda.
Sábado, Panamá: María Corina, en una calle, respondiendo que hasta ahora no ha sido posible.
Los votos siguen siendo de ella. Pero en esta etapa, la mesa la reparte Washington, y Washington reparte según su propio orden: primero el petróleo, después las reglas, al final el voto.
Quien no entienda ese orden seguirá repitiendo el estribillo mientras otros escriben las reglas con las que se va a votar.
Dejen de preguntar cuándo vuelve María Corina. Empiecen a preguntar quién está escribiendo esas reglas, y para quién.
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