Por Marc Tecnólogo.
El 5 de enero, dos días después de que fuerzas estadounidenses capturaran a Nicolás Maduro en Caracas, María Corina Machado le agradeció a Donald Trump su «firmeza y determinación». Ya le había dedicado el Nobel de la Paz. Semanas después, le entregó la medalla. Diez meses más tarde, la misma Machado, excluida de las negociaciones que Washington patrocina en Caracas, se lo reprocha.
Lo dijo desde Panamá, en una entrevista con The New York Times.
¿En qué momento creyó que quien hizo el trabajo le iba a pedir permiso para decidir cómo se reparte?
Antes de seguir, lo que no se negocia: el chavismo es lo más nefasto que ha pisado Venezuela. Pero esta pieza no va de él. Va de quienes llevan 24 años prometiendo sacarlo, y que hoy se quejan de que otro lo sacó sin consultarles el menú.
Machado, excluida de las negociaciones: un berrinche con Nobel incluido
Hay niños que pasan meses suplicando que les compren una bicicleta. Cuando llega, lloran porque no es del color que querían. Y se niegan a montarla.
Eso es, palabra por palabra, la entrevista de Machado.
Primero, el llanto. Dijo que todo esto se ha podido hacer sin Delcy Rodríguez, porque es parte de la estructura criminal. Después apuntó contra Alejandro Betancourt, el empresario que Washington escogió para quedarse con el 21,5 % de las reservas petroleras a través de su empresa Nabep. Lo acusó de una «corrupción obscena». Propuso una comisión de la verdad y tribunales especiales. Prometió volver «antes de lo que se imaginan».
Luego, la confesión. En la misma entrevista admitió que entiende la lógica de por qué el plan de tres fases de Washington avanza lento. Y garantizó que respetaría los contratos petroleros que cumplan con la ley venezolana.
Es decir: la bicicleta no le gusta, reconoce que rueda y promete seguir pedaleándola si se la prestan.
Eso no es una estrategia. Es una pataleta con buena prensa internacional.
Machado, excluida de las negociaciones que ella misma rechazó
Ahora, lo que el berrinche omite.
El 26 de julio, Machado y Edmundo González marcaron distancia del mecanismo de diálogo que, desde el 1 de agosto, sentaría a la Asamblea Nacional de 2015 con el régimen bajo patrocinio estadounidense. Fue una decisión suya, por escrito, en un comunicado.
El Departamento de Estado sostiene hoy que Vente Venezuela fue invitada. Ella dice que no la incluyeron. Las dos versiones no pueden ser ciertas a la vez. Sin embargo, la de julio no la escribió Washington: la firmó ella.
Y no era la primera puerta que cerraba. A comienzos de 2025 rechazó reunirse en persona con Richard Grenell, el enviado personal de Trump, y aceptó solo una llamada. Mientras tanto, Delcy Rodríguez llevaba años trabajando tras bastidores para ganarse a Trump.
Una se dedicó a tener razón. La otra se dedicó a tener interlocutor.
Hay que concederle lo que es cierto, porque es cierto: Machado dice haber intentado regresar siete veces y que se lo bloquearon. Delcy Rodríguez le advirtió en febrero que, si vuelve, tendrá que responder. Eso es persecución, y es del chavismo.
Sin embargo, que te cierren la puerta del aeropuerto no explica que tú cerraras la puerta de la mesa. Una cosa no borra la otra.
«Elecciones ya»: el novenario de la oposición falsaria
Ahora se entiende la campaña.
El 26 de julio, Machado se bajó de la mesa. El 28 de julio, Vente Venezuela sacó a su gente a la calle en Caracas, en la primera movilización de ese tipo que el partido convocaba en la capital en todo el año. Desde entonces, las marchas se repiten y el partido presume estar activo en los 335 municipios. Las consignas no cambian: «elecciones ya», «María Corina, vente, tu pueblo está presente», «pongan la fecha, nosotros ponemos los votos».
Dos días. Eso tardaron en pasar de rechazar la mesa a rezarle a la calle. Hoy, Machado, excluida de las negociaciones, le llama movilización a ese rezo.
Eso es un novenario: el rezo colectivo por un muerto que ellos mismos dejaron morir. La campaña no pide entrar a la mesa que rechazaron. Pide que la mesa vaya hacia ellos: la fecha que ellos digan —Machado ya propuso el 24 de julio de 2027— y el regreso de la líder en sus términos.
Y quede claro a quién va la crítica. El derecho a manifestar es intocable, y quien se pone la franela bajo un régimen que persigue arriesga algo real. La crítica es para la dirigencia que convirtió esa energía en un coro de plañideras al servicio de su pataleta.
Porque eso es la campaña: el berrinche con megáfono. Si no se hace como yo digo, pongo a la gente a corear. Y lo exige una dirigencia que en 24 años no logró sacar al chavismo, a quien sí lo sacó en una noche.
Mientras el coro reza en la calle y Machado en Panamá, en Caracas se firma. Washington levantó las sanciones a Delcy Rodríguez el 1 de abril y a Jorge Rodríguez el 14 de octubre, el mismo día que arrancaba el tercer ciclo del diálogo. Además, ambos países restablecieron relaciones y anunciaron en agosto un acuerdo petrolero sobre una cuarta parte de las reservas.
Los rezos no levantan sanciones. Las firmas, sí.
El 3 de enero, Machado dijo que estaban preparados para hacer valer el mandato y tomar el poder. Diez meses después, el mandato sigue ahí y el poder también: en manos de los Rodríguez. Un mandato sin fuerza es un diploma enmarcado. Se ve bien en la pared. No abre ninguna puerta.
Y Trump se lo dijo desde el primer día, en la rueda de prensa del 3 de enero en Mar-a-Lago: muy amable, pero sin el respeto necesario dentro del país. Puede ser injusto. Pero era el dueño de la operación hablando, y nadie en el entorno de Machado tomó nota.
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Washington hizo en una noche lo que ellos no lograron en 24 años
La oposición venezolana no se quedó quieta durante dos décadas, y sería falso decirlo. Lo intentó. Y fracasó, una vez tras otra. El Carmonazo de 2002. Un gobierno interino desde 2019 que la propia Asamblea de 2015 —AD, Primero Justicia y Un Nuevo Tiempo— liquidó a finales de 2022. Unas primarias en 2023. Una elección en 2024 que terminó, otra vez, con Maduro en Miraflores.
El 3 de enero lo resolvió otro, y Machado aplaudió. Diez meses después, aquella Machado, excluida de las negociaciones, descubre que el aplauso no compraba silla.
No se puede aplaudir al cirujano por la operación y después quejarse de que no te dejó sostener el bisturí.
Eso es lo que la oposición falsaria no termina de entender. Quien pone los soldados pone las condiciones. Siempre fue así. Lo que cambió es que, por primera vez en 24 años, la operación funcionó, y no la hicieron ellos.
Dos mitades inútiles de la misma oposición
Que nadie lea esto como un aplauso a quienes sí se sentaron.
La contraparte opositora en la mesa es la Asamblea electa en 2015, con Dinorah Figuera al frente: un Parlamento que prorrogó su propio mandato año tras año y que hoy negocia con el respaldo de Marco Rubio, quien le prometió el mayor apoyo posible desde los más altos niveles de su gobierno. Sin ese respaldo, no tendría silla.
Entonces el cuadro queda así. De un lado, una oposición con mesa y sin votos. Del otro, Machado, excluida de las negociaciones, con votos y sin mesa.
El chavismo, entre las dos, con mesa, con firma y sin sanciones.
La pataleta no es estrategia
El chavismo no sobrevivió 24 años por ser fuerte. Sobrevivió cada vez que la oposición confundió tener razón con tener poder.
Machado, excluida de las negociaciones, puede tener toda la razón sobre Delcy, sobre Betancourt y sobre la justicia que les deben a las víctimas. Pero desde Panamá, la razón no firma nada.
Quien quiera la silla, que se siente. Quien prefiera el púlpito, que deje de reclamar la silla.
Y usted, lector, no confunda el berrinche con firmeza. Pídales resultados. Lo demás es novenario.
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