Fantasmas en Caracas. Diez historias de las noches caraqueñas.

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¿Fantasmas en Caracas?

Los espectros habitaron la ciudad de Caracas hasta que el siglo XX disminuyó la creencia en el más allá.

La superstición y el sombrío aspecto que envolvía a la ciudad durante las noches arraigaron el miedo a la existencia del maligno, así como el temor a las “almas en pena”, que eran aviso del castigos de Dios. El mundo de lo desconocido y lo tétrico, de los premios y castigos de las almas después de la muerte, estuvo presente en Caracas cuando la creencia en los cuentos de ultratumba y lo sobrenatural atormentó a sus pobladores, al punto de que muchos sitios y esquinas llevan nombres asociados al pavor de esos recuerdos.

Por eso existen las esquinas de: El Muerto, Animas, El Cristo, Cristo al Revés, del Rosario, Candilitos, con clara alusión a eventos sobrenaturales. Otros lugares están asociados a apariciones y sucesos fantasmales, como El Diablo, La Dientona, La Sayona, La Mula Manía, El Cochino Congo, La Llorona, que hacían su aparición en cualquier sitio de la ciudad para espantar a los transeúntes nocturnos, guiados por la luz de sus antorchas, o por la tenue claridad de los escasos faroles que eran encendidos por el farolero que a su paso por las oscuras calles gritaba: «¡la de afuera!…que la de adentro está segura». Al transitar de noche por la Esquina de La Torre se podía ver El Enano.

Hacia El Conde estaba El Narciso. En la Esquina de El Mamey, La Sayona; por La Trinidad (actual Panteón), el famoso Carretón del Diablo, que también hacía su aparición en la Urbanización El Conde, donde además, se veía el espectro decapitado del Conde de San Javier, en veloz carrera a caballo.

El caraqueño evitaba asomarse por el Cerrito del Diablo, El Calvario y el Puente de los Suspiros, no vaya a ser que se le apareciera el espíritu de la parricida Encarnación López, el Tirano Aguirre o la Sayona errante. Otros eventos aterraban a los caraqueños: Entierros de morocotas, doblones, pelucones, joyas. El hallazgo de estos tesoros, que le resolvió la vida a más de uno, estaba asociado con aparecidos, luces fantásticas y espantos. Señales de la existencia de unos reales enterrados dentro o fuera de las casas.

Después de la Guerra de Independencia, especialmente como consecuencia del terremoto de 1812 y la evacuación de los pobladores de la ciudad al año siguiente, hizo que Caracas adquiriese una fisonomía fantasmal al quedar muchas casas destruidas y desoladas.

Este ambiente sombrío creaba el escenario propicio para relatar a voz muy baja, pero con el suficiente suspenso, los hechos macabros que acontecían en la ciudad. Algunos aseguraban haber visto un espectro que los saludó antes de desaparecer al pie del frondoso mamón de la casa de fulano de tal; otros confesaban que habían escuchado caer una suerte de bolsa repleta de reales que se esparcían por todos lados, pero no había nada.

También eran frecuentes los ruidos que semejaban a alguien cavar un hueco en la pared, oían lamentos, rezos, salmodias, llantos de niños, cadenas que eran arrastradas por almas en pena, lluvias de piedras sobre los tejados de las casas o brujas que adquirían el aspecto de un pavo gigantesco.

Aquí tienes una selección de fenómenos paranormales y lugares tenebrosos, antes de que la electricidad, la radio, la televisión y el Internet espantaran a los fantasmas de Caracas.

La Mula Maniatada (Vulgo, mula maniada) Acontecía a menudo, según cuentan, que el galán que, arrimado a una ventana sostenía por entre los hierros de la reja dulcísimo coloquio con su querida beldad, si no era muy avispado, veíase expuesto a ser atropellado por una gigantesca mula que, dando saltos a la cozcojita, se le venía encima cuando menos lo esperaba la enamorada pareja.  La mula maniada, imitando unas veces el relincho de un caballo, o el rebuzno de un asno, otras, se restregaba en las ventanas y paredes maltratando a las personas que a su paso encontraba.  Era este monstruoso animal el terror de las viejas y de los enamorados pacatos, y para muchos era la imagen viva de Lucifer; empero la opinión más generalmente admitida sostenía que la bestia era ni más ni menos que una mujer maligna, muerta años atrás, a quien en castigo de su excesiva curiosidad Dios había transformado en mula y condenándola a  hacer bajo aquella figura lo que como ser racional había practicado en vida.

La fantasma La Sayona o la fantasma, que bajo ambos dictados se conocía esta visión, era un espectro de dimensiones gigantescas que corría majestuosamente las calles de la capital desde el toque del Angelus, que convida a las oraciones de la noche hasta el último tañido de la campana que pone fin a la queda.  A favor de la semiclaridad que producían las tenues luces de algunos pocos farolillos colocados de trecho en trecho en una que otra casa, se distinguía a la fantasma, cubierta de un largo sayal negro, cuya cola barría el suelo.  Sus cóncavos ojos despedían siniestro fulgor rojizo, y en su pecho y en su rostro veíanse estampadas las huellas de la muerte; a lo que se agregaba, completando tan horrible aparición, un ruido semejante al de huesos que se chocan, que al moverse despedía el espectro.

El hermano penitente

Generalmente tras la Sayona se presentaba el hermano penitente, que era un espectro blanco con una camándula de grandes cuentas también blancas en el cuello y una enorme cruz del mismo color en la siniestra mano; y el cual con voz goza salmodeaba en jerga que quería ser latina, un rezo ininteligible, interrumpido a intervalos por grandes lamentaciones y alaridos, con que acompañaba la confesión pública de los pecados que el espantajo aseguraba haber cometido en vida y que, después de muerto hacían penar su alma.

El carretón de La Trinidad

El carretón de la Trinidad era otra de las versiones pavorosas de Santiago de León.  En las noches oscuras y en horas ya avanzadas se disipaban en la ciudad a favor de la tenue luz de las estrellas las correrías del carromato que generalmente se extendían desde la plaza del actual Panteón Nacional (antigua iglesia de La Trinidad) hasta dos o tres cuadras al sur del puente que lleva el mismo nombre; o bien desde las dos pilitas hasta la plaza de La Pastora, en la parte norte de la población.

La esquina del Muerto

La aparición del muerto, tétrica visión que le ha dado el nombre a la esquina situada dos cuadras más abajo del puente de Curamichate, en la parte meridional de la ciudad se verificaba en años atrás cuando aquel barrio era poco frecuentado.  Era un espectro que en las noches más oscuras se descolgaba del balcón de una casa situada cerca de la indicada esquina y que unas veces columpiándose, otras estirando las descarnadas y descomunales piernas hasta tocar la acera opuesta, interceptaba el tráfico por aquella cuadra e infundía pavor a cuantos desde lejos veían al muerto y oían la especie de traqueo que los huesos del esqueleto producía al entregarse a sus caprichosos ejercicios.

La dientona

La dientona no tenía lugar fijo:  tan pronto se la encontraba en un punto como en otro; y aunque parece que sus excursiones se extendían a toda la ciudad, gustándole mucho, sin embargo, los barrios más excéntricos.  Cuando más descuidado iba el transeúnte, tropezaba en una esquina o en la puerta de un zaguán con una mujerona que, abriendo la boca le mostraba unos dientes de los del tamaño de un burro, y no faltaba quien dijera que no eran menores que los colmillos de un elefante.

Esquina del Cristo

El Diablo anduvo suelto un poco de tiempo según cuentan, por los alrededores de la esquina que en la actualidad lleva el nombre de ‘El Cristo’ y la cual queda tres cuadras al norte del puente de la Reivindicación.  Parece que en una de las casas allí situadas, vivía algunos años ha un sujeto que, en el manejo del pequeño establecimiento de comestibles de que era dueño, mostraba no tener conciencia.  Era costumbre en él estafar a los compradores, sisando las medidas; lo que, añadido a su carácter díscolo y pendenciero y a su impiedad en materia religiosa, le valió el afecto de Lucifer, quien, para mejor mostrárselo, cargó con el alma de su buen amigo.  ¿Fue ello en vida o después de la muerte del pulpero?

El Enano de la Torre de la Catedral

La conseja más curiosa, sin disputa, y que prueba la grande influencia que el miedo ejerce en la imaginación para llenarla de quimeras es la del Enano de la Torre de Catedral.  Los amigos de esas arriesgadas empresas que se conocen bajo el nombre de aventuras de capa y espada, cuyo número por fortuna ha disminuido tanto que el tipo puede considerarse como que ha desaparecido ya de entre nosotros; los amantes(…) los que frecuentaban las tabernas y demás lugares Non sanctos, todos ellos evitaban pasar después de media noche por los alrededores de la Iglesia Metropolitana, prefiriendo caminar más, a trueque de no tropezar con el temido y espantable enano.

Esquina de El Rosario

En las altas horas de la noche, los enfermos y los que por algún motivo se hallaban en vela, dícese que oían un canto fúnebre, monótono, modulado por voces que parecían salir de las entrañas de la tierra, y al que luego sucedía la recitación del rosario, que como todo el mundo sabe, es un rezo en honor a la Virgen compuesto del Padre Nuestro y el Ave María, repetidos alternativamente cierto número de veces.

La lluvia de piedras

La lluvia de piedras invisibles eran si no la más terrible, a lo menos la más perjudicial de todas las visiones de la época a que nos referimos.  Apenas caía la noche se sentía  en diferentes barrios de Caracas una lluvia guijarros que caían en los techos con un ruido semejante al que una fuerte granizada pudiera producir.  En ocasiones veíase algunas piedras muy pequeñas que cruzaban el espacio en diferentes direcciones; pero lo más común era percibir el choque de aquellas en las tejas, sin distinguir la causa hasta el siguiente día, en que los estragos en éstas efectuados hacían presumir que no otra cosa que piedras podrían haber producido el daño.

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1 Comment

  1. Nada ha cambiado en Venezuela, estamos en la siglo XXI y el país está lleno de almas hambrientas deambulando por las calles diciendo «Chavez vive».

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