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EL 6 DE MAYO CIRCULÓ EL PRIMER SELLO POSTAL DE LA HISTORIA

En España apenas se tardaron 10 años en establecer este, entonces moderno, sistema de pago y se emitieron los primeros sellos postales el 1 de enero de 1850. Correos también se decantó por utilizar la imagen de una reina para aquellos primeros sellos, en este caso la de la reina Isabel II.

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El primer sello postal de la historia se emitió en el Reino Unido el 1 de mayo de 1840 y se utilizó por primer vez el 6 de mayo de ese mismo año.

Hasta esa fecha, el importe del envío de la correspondencia debía abonarlo el destinatario y dependía de la distancia que se debía recorrer para su entrega.

Su creación se debe al parlamentario británico Rowland Hill, que en 1837 presentó al Servicio Postal británico un proyecto en el que se incluía el franqueo de la correspondencia mediante sellos adhesivos que debía pagar el remitente. Además, también incluyó un dibujo con el modelo del primer sello, el Penny Black. Era un dibujo del perfil de la reina Victoria sobre un fondo negro con el texto Postage en la parte superior y la tarifa «One Penny» (un penique) en la inferior. Se creó un comité en la Cámara de lo Comunes para estudiar la propuesta y en 1840 se aprobó.

¿Cómo se le ocurrió la idea a Rowland Hill?

Un par de años antes, en uno de sus múltiples viajes por el país y debido a una fuerte tormenta, tuvo que hacer noche en una posada del camino. Mientras la posadera le servía la cena, se presentó un miembro del Royal Mail para entregarle una carta. La posadera la recogió, miró detenidamente el remitente y se la devolvió diciendo… «No puedo recogerla, no dispongo del dinero suficiente para pagarla». Rowland Hill, que contemplaba la escena, pagó el importe y se la entregó a la posadera. Cuando el cartero se marchó, le dio las gracias pero le dijo que no hacía falta que la hubiese pagado porque el sobre estaba vacío.

Ante la cara de sorpresa del parlamentario, le explicó la historia: cuando su novio se marchó a trabajar fuera, acordaron que mediante un sistema de signos y señales en el exterior del sobre le haría saber cómo estaba y cuándo regresaba a casa… porque ella no sabía leer.

Por ese motivo, ella había cogido el sobre y después de mirar los signos se lo devolvió al cartero sin pagar el franqueo. Aún así, y después de este momento ¡Tierra, trágame!, Rowland siguió dándole vueltas al asunto y comprendió que, independientemente de aquella particular situación, podía haber sido una carta con noticias importantes y no poder entregarse al no tener el destinatario el importe correspondiente.

 

 

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