Como cualquier alimento que haya sobrevivido a través de los siglos y atraído la atención de los entendidos de todos los tiempos, el yogur ya sobrepasó la prueba del paladar.

El yogur posee sabor y olor característicos y agradables, y tiene el aspecto de una cuajada común.

Las personas que están acostumbradas a tomar grandes cantidades de yogur, como los búlgaros, los griegos y los turcos, prefieren ingerirlo en forma simple, sin ningún otro agregado que le modifique el sabor. Otras veces, estas mismas personas, lo combinan con otros platos.

Los escandinavos lo prefieren con azúcar negra y canela. Los norteamericanos lo usan en combinación con muchos otros platos, especialmente como postre, con bollitos, frutas secas, dulces, gelatinas, miel, verduras, etc.

Hay muchas personas que prefieren sólo revolverlo bien y tomarlo como si fuese bebida. Cada persona, como cada pueblo, descubre luego su manera favorita de saborear el yogur.

Si bien la mayoría gusta el yogur por el sabor que tiene, muchísimas otras personas lo toman por motivos de salud.

A fin de que se comprendan mejor los beneficios del uso diario del yogur, sería conveniente tener en cuenta algunos hechos relativos a la fisiología y anormalidades del aparato digestivo.

Se debe tener presente que las proteínas, para ser absorbidas, necesitan experimentar la acción de ciertas sustancias llamadas enzimas que le transforman las moléculas en otras más pequeñas.

Estas enzimas tienen que ser producidas en cantidad y número adecuados y las del estómago necesitan del ácido clorhídrico para poder actuar. El contenido ácido del estómago, al pasar al intestino delgado, ayuda a mantener en solución las sales alcalinas a fin de que sean absorbidas.

Los ácidos protegen también la vitamina C, o ácido ascórbico, y las diferentes vitaminas del grupo B, impidiendo así que se descompongan.

Ahora bien, en muchos casos de perturbaciones digestivas, estas enzimas o fermentos no son preparados por el organismo en cantidades adecuadas para digerir todos los alimentos ingeridos, y también en otros el ácido clorhídrico del estómago puede quedar disminuido en su cantidad o a veces faltar completamente.

En estos casos, la digestión de las proteínas se reciente enormemente, y las sales orgánicas no pueden quedar en el estado en que puedan ser absorbidas fácilmente, ni las vitaminas B y C son protegidas de los daños que puedan sufrir en el tubo digestivo. Los fermentos digestivos del intestino delgado pueden también estar disminuidos.

Los alimentos, imperfectamente digeridos por los fermentos digestivos, promueven el desarrollo de gran número de microbios que van a causar fermentaciones, originando gases, inflamaciones, irritaciones e infecciones en el intestino.

Pero las proteínas son indispensables para el mantenimiento y la recuperación de la salud.

Experimentos llevados a cabo durante la guerra demostraron que enfermos con úlceras, quemaduras,inanición, etc., cuyo estómago no podía ya digerir las proteínas, mejoraron considerablemente con la ingestión de proteínas ya digeridas. Sin embargo, estas proteínas digeridas, además del sabor desagradable que tienen son muy caras.

La acción del yogur en la digestión

En vista de que la leche es un alimento casi completo, el yogur, hecho de leche, proporciona naturalmente los mismos elementos que hacen de la leche uno de los mejores alimentos, suministrándolos en formas que se absorben con más facilidad.

Durante el proceso de la preparación del yogur, el azúcar de la leche se transforma parcialmente en ácido láctico. El calcio, el fósforo y otros minerales presentes en la leche, se disuelven en el ácido láctico y se tornan así más fácilmente absorbibles.

Las bacterias que producen el yogur fabrican también enzimas que desdoblan las moléculas de las proteínas, las cuales actuando sobre las proteínas de la leche, durante el proceso de fermentación del cultivo, hacen que estas proteínas sean fácilmente absorbibles, no alterando, sin embargo, su sabor ni su forma económica.

El valor del yogur, no obstante, no está solamente en estas cualidades que acabamos de enumerar. En cada cucharada de yogur que se ingiere, se encuentran millones de bacterias útiles.

A la inversa de lo que acontece con las bacterias que producen la cuajada común, las del yogur, introducidas en el organismo, continúan multiplicándose. Siguen transformando el azúcar de la leche en ácido láctico y produciendo enzimas que desdoblan las moléculas de las proteínas en otras más simples y absorbibles, lo que facilita su digestión.

La normalización del contenido ácido del estómago actúa sobre la solución de las sales que se encuentran en los alimentos y sobre las vitaminas B y C, permitiendo que sean debidamente utilizadas por el organismo.

Las personas que sufren de fermentaciones intestinales, como formación de gases, flatulencia, colitis, etc., mejoran considerablemente con el uso diario del yogur.

Gran número de investigadores ha demostrado que el colibacilo, así como los bacilos de la fiebre tifoidea, la paratifoidea, la difteria y las diversas formas que producen la disentería bacilar, no pueden vivir en un medio ácido.

Por lo tanto, el yogur en el intestino va a preparar un medio inadecuado para la proliferación de estos gérmenes que causan enfermedades.

Los últimos trabajos del Dr. L. Emmett Holt, hijo, profesor de la Universidad Johns Hopkings, de Estados Unidos de Norteamérica, demostraron que las benéficas bacterias que habitualmente están presentes en los intestinos tienen la facultad de preparar las vitaminas del grupo B en cantidades que puedan proporcionar toda la ración necesaria para el organismo humano.

Las personas en cuyo intestino se encuentre la flora normal de estas bacterias benéficas, no sufrirán de deficiencia de las vitaminas del grupo B.

Si se añadiese vitamina B a los cultivos de yogur, las bacterias harían aún una mayor contribución benéfica al organismo de las personas que lo ingiriesen.

Se han obtenido excelentes resultados con el uso del yogur en el tratamiento de gran número de enfermedades.

Desde hace mucho tiempo, se emplean en algunos hospitales de Europa y de Norteamérica, en el tratamiento de úlceras de estómago y de duodeno, flatulencia, gastritis, enteritis, colitis, presión en el vientre, diarrea, disentería, tanto en los niños como en los adultos.

El yogur, preparado con leche fresca, ha sido empleado con muy buenos resultados en las enfermedades de los niños.

Es muy raro encontrar un medicamento como el yogur, que tenga el poder para destruir las bacterias patógenas y que al mismo tiempo pueda servir de alimento y que ayude a recuperar las energías del organismo, debilitadas por la enfermedad.

Las ventajas del consumo diario de yogur son evidentes por el grado de salud de los pueblos que lo usan habitualmente.

Por ejemplo, los búlgaros no consideran ninguna comida completa si en ella no está presente el proverbial plato de yogur. Ahora bien, los búlgaros se destacan por la longevidad que alcanzan.

Sus estadísticas revelan que hay mil quinientas personas en cada millón de habitantes, que alcanzan la edad de los cien años.

En Estados Unidos de Norteamérica las estadísticas revelan que en cada grupo de un millón de habitantes, sólo nueve llegan a la edad de cien años.

Y además reviste mayor significado el hecho de que los búlgaros jamás pierden el vigor natural, la claridad mental, la agradable apariencia de buena salud y la jovialidad, hasta una edad muy avanzada.

La mayoría de las personas en Norteamérica y especialmente nuestros países sudamericanos, piensan, y también lo dicen, que no les gustaría vivir hasta los cien años, porque no pueden concebir la extrema vejez sin los diversos y variados achaques con que ella se identifica en nuestro medio, achaques tales como sordera, dificultades en la visión, pasos vacilantes y muchas otras señales de degeneración física.

Jamás vieron a una persona llegar a los cien años libre de dolencias, con los sentidos en perfecto estado, los pasos firmes, la mente ágil y con una expresión de alegría y jovialidad en el rostro.

La mayoría de los investigadores juzga que el secreto de la conservación de la salud y demás rasgos que acabamos de describir, comunes a los búlgaros, se deben al gran consumo de yogur que ese pueblo hace continuamente. El yogur proporciona salud en abundancia a cualquier persona o pueblo que lo consuma.

 

 

 

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Wikipedia

Tomado de: «La leche» Por: De Miranda, Dr. Antonio A. En: Nutrición y Vigor. Editorial: Publicaciones Interamericanas, California, USA. pp. 65-70.

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