Brasil, presidido por Jair Bolsonaro, quien se pronunció en contra de la llamada “dictadura” de Nicolás Maduro, permite que Venezuela sigua haciendo transacciones económicas. Según medios de comunicación del país amazónico, Venezuela se encuentra en el puesto 72 de países que realizan importaciones con Brasil y el 52 de exportaciones.

De enero a septiembre, de 2018 a 2019, el comercio se ha reducido a la casi la mitad, aproximadamente un 47% este año. Hasta septiembre de este año, Brasil vendió al Chavismo 238.4 millones de dólares, y compró 71 millones, más de la mitad en metanol, un biocombustible con un precio alrededor de 35 millones de la moneda norteamericana.

En segundo lugar, en las compras realizadas por Brasil aparece la energía eléctrica, ya que el Estado de Roraima no está conectado al sistema eléctrico nacional. Por otro lado, el producto brasileño más vendido para los venezolanos ya no es la carne, sino el arroz, mucho más barato ya que, por temor a la demora, las empresas brasileñas solo han vendido por adelantado.

Todo el metanol consumido en Brasil es importado. La sustancia sirve como materia prima para la industria química, en la producción de madera artificial como el MDF, por ejemplo, y para la producción de biodiesel. Según las estadísticas del Ministerio de Economía, el metanol es el producto número 52 más comprado por Brasil, y Venezuela fue, hasta septiembre, el cuarto proveedor más grande, detrás de Trinidad y Tobago, Chile y Estados Unidos.

La otra historia del Metanol en Brasil

Especialistas en la materia como Felippe Ramos, profesor de relaciones internacionales en la Universidad de Salvador (Unifacs), en Bahía, explica que el metanol se utilizó en la producción de gasolina en la década de 1980, pero fue prohibido porque era un combustible muy contaminante, tóxica e invisible.

«Desde 2015, reguladores como Procon han registrado un aumento en el uso ilegal de metanol mezclado con gasolina. La fecha coincide con el empeoramiento de la crisis económica venezolana. Se puede sospechar que el aditivo se está importando, aprovechando la demanda en Venezuela por parte de los clientes, para ser utilizado en fraude de estaciones de servicio», dijo Ramos, quien formó parte del equipo de investigación para la cooperación bilateral Brasil-Venezuela con la Misión del Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA) en Caracas, entre 2012 y 2014.

 

Redacción Curadas.

Compartir en: