En más de 60% ha bajado el consumo de carne en Táchira

En más de 60% ha bajado el consumo de carne en Táchira

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La situación es alarmante, las carnicerías lucen vacías, una familia que antes compraba dos kilos de carne al mes, ahora escasamente puede comprar medio kilo.

Las familias venezolanas se han visto obligadas a modificar su rutina alimenticia y a sustituir las proteínas por otras comidas que no aportan el mismo valor nutricional.

«La gente no tiene la capacidad de comprar carne, en el año 2008 el venezolano común consumía más o menos 13 kilos de carne al año, ahora no llegamos ni a 4 kilos por habitante», apuntó Edgar Medina presidente de la asociación de ganaderos del Táchira Asogata.

Dijo el vocero gremial que la situación es cada vez más crítica para el sector ganadero y que los productores hacen enormes esfuerzos para mantener sus unidades de producción.

Medina también señaló que las pérdidas han sido muy grandes, «se reflejan en el rebaño general, en el año 2007 teníamos un rebaño nacional de 18 millones de cabezas de ganado, hoy el rebaño está por el orden de los 8 millones de animales en todo el país».

Los dueños de las carnicerías se han visto muy afectados, aseguran que la inflación y la inestabilidad económica los está llevando a la quiebra.

 

 

«La constante devaluación de la moneda, la plata no alcanza, para un padre de familia es imposible comprar un kilo de carne con un sueldo mínimo, si antes compraba dos kilos al mes ahora puede comprar medio», apunto Jeison Mejia propietario de una carnicería en el mercado los pequeños comerciantes de San Cristóbal.

Dijo que la gente ahora le toca recurrir a otras opciones como el hueso y las vísceras.

«Para nosotros es muy duro, tratamos de comprar ganado barato para poder vender la carne a menor precio, pero se devalúa el bolívar, sube el dólar y nosotros tenemos que comprar el ganado en dólares o pesos colombianos», añadió este comerciante.

Mireya García es jubilada y ama de casa, tiene 68 años y nos contó que desde hace más de dos meses no consume carne, porque el dinero no le alcanza.

«Me toca comer verduras cuando puedo, plátanos o sopa, para mi comer carne, pollo o pescado es un lujo que ya no puedo darme», exclamó con tristeza.

Esta tachirense lamentó que la crisis haya acabado con todo, dijo que cuando va al mercado le dan ganas de llorar y regresa a casa con dos o tres cositas.

Mireya ha perdido 6 kilos en los últimos meses, pues su alimentación ha cambiado drásticamente.»Yo siento que cada día como peor, me da rabia e impotencia pero que puedo hacer, soy jubilada y con la miseria que recibo no puedo comprar ni mis medicinas».

Los cambios alimenticios provocados por la crisis también se ven reflejados en los infantes, quienes no tienen el mismo rendimiento escolar

 

Redacción @Curadas

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