Venezuela: Rumbo a la recuperación del Esequibo
Venezuela: Rumbo a la recuperación del Esequibo

Venezuela: Rumbo a la recuperación del Esequibo (10ma. entrega)

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(Continuación)

Continuando con la estructuración de la ecuación requerida para establecer las variables necesarias que Venezuela debería considerar para la recuperación del espacio geográfico integral del Esequibo, se agrega a esta la naturaleza del “territorio” en el escenario geopolítico, y el concepto que se ha manejado sobre este es el de “… paño de las tierras emergidas sobre el nivel promedio de las aguas del mar, en el que exclusivamente operan interrelaciones e interacciones físicas o naturales” (Santis, 1988, p. 103). Dicho autor complementó posteriormente esta definición, agregando: “…el segmento de superficie del planeta sometido a la acción de humanización por el hombre. Ello involucra que el o los hombres, asignan funciones o usos a la superficie terrestre o, la hace participar en su vida como un recurso que coadyuva en la elaboración de las respuestas a la propia contingencia humana, Los usos más significativos para el individuo son subsistencia y residencia, que colectivamente se traducen en funciones o usos económicos, sociales, culturales y políticos” (ibidem, p.103). (el subrayado es nuestro)

En politología, Von der Cabiente, (1974) sostiene que “…el territorio político es la porción de la superficie terrestre para habitarla y sacar provecho de ella” (ibidem, p.103). Éste politólogo como sociólogo, afirma que el territorio corresponde a “…la zona geográfica donde se desarrolla el sistema de interacciones sociales que define una sola colectividad política” (ibidem, p.103) (el subrayado es nuestro). Sin embargo, Aquino, en su análisis de la noción de verdad y el valor objetivo del conocimiento como representación de la realidad, sostiene: “..el territorio, en tanto un espacio relacional, es la expresión de un complejo haz de interrelaciones entre el Hombre y la Naturaleza en la superficie terrestre Habitualmente el vocablo territorio denota un sentido de pertenencia social, a partir y sobre la cual se elabora un significado de pertenencia jurídico -política. Pero ambas acepciones son insuficientes para comprender su incorporación y participación en la naturaleza del espacio político como relación funcional” (ibidem, p.105).

La revisión del estricto significado de las voces empleadas en diversas lenguas y tiempos históricos, dan que el paño de superficie en que viven grupos humanos políticamente organizados, alude al territorio como un lugar de vida en común. Pero este lugar de vida en común no es cualquier "lugar": “…es un segmento de superficie terrestre que sirve de hogar a la comunidad humana o a las modernas sociedades políticas” (ibidem, p.105).

Al asignar funciones o usos políticos a la superficie del planeta, la organización política simplemente se especializa o se convierte en hecho geográfico, que conlleva atribuirle a la organización política propiedades espaciales de localización, extensión o tamaño y forma geométrica: “…ello explica la relativa permanencia de unos límites territoriales establecidos por los hombres” (ibidem, p.106) (el subrayado es nuestro).

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En la postulación teórica del espacio geopolítico como relación funcional de población, territorio, organización y medios de poder, el territorio aparece como variable independiente para efectos de la abstracción y formulación
del enunciado. Más, en la práctica, el territorio a su vez, es la variable dependiente de interrelaciones e interacciones de variables naturales y de variables culturales o humanas todas independientes. En este contexto, los Estados nacionales, en búsqueda de su estabilidad, constantemente han alterado esta relativa permanencia de los términos territoriales. Tales alteraciones quedan directamente vinculadas a las conductas y caminos con que los hombres o las sociedades humanas destacan la extensión de su hogar, esto es, el significado que se asigna a la territorialidad. Si el significado de territorialidad se vincula a la condición espacial (geográfica) y a la cultura, esta se configura como un patrón de comportamiento. En dicho patrón el espacio de vida es fragmentado o dividido”… en más o menos unos territorios bien definidos, cuyos límites son vistos y considerados como inviolables por sus ocupantes o usuarios” (ibidem, p.106).

El Estado como entidad política está vinculado a la cultura y, concibe la territorialidad como el encadenamiento de las conductas individuales al colectivo social, “…sobre las cuales se elabora la noción de dominio o soberanía nacional en oposición a la noción de soberanía personal” (ibidem, p.106) (el subrayado es nuestro). En ese sentido, estableciendo como hilo de referencia el año 1.945, dado que hasta ese momento los problemas de  elimitaciones territoriales se centraban de preferencia en las áreas terrestres del planeta; ello fue complementado en 1.990, dado que este tipo de problemas se concentró principalmente en delimitar los sectores acuáticos del espacio geopolítico: “…si en el derecho político de territorio como ámbito de validez del orden jurídico se alude al territorio terrestre, territorio marítimo y territorio aéreo (como en la Declaración Presidencial suramericana
del 23 de junio de 1947), ello no es algo casual. Aunque los autores de manuales de este tema no se atreven a utilizar el vocablo para los tres casos, geográficamente hablando los tres son territorios” (ibidem, p.107) (el subrayado es nuestro).

Cuando en el caso del Territorio Esequibo se habla del territorio terrestre, marítimo y aéreo, los adjetivos califican al sustantivo acorde con uno de los elementos naturales que expresan la noción cultural, la cual es posteriormente normada por el Derecho. Esto conlleva a que el territorio sea un elemento que: “… a través de la relación funcional se explica junto con la población, organización y medios de poder, su naturaleza en el espacio geopolítico” (ibidem, p.109) (el subrayado es nuestro).

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Los hechos que aluden la incorporación del mar a la noción jurídica de territorio, asumido como ámbito de validez del orden jurídico, continúan con la tesis de Comclius Van Bynkershoek (1703) del principio de ocupación efectiva y constitución de un cordón continuo a las costas adyacentes (distancias del tiro de cañón), y de allí es donde se deriva la expresión “mar territorial”, la cual pasa a norma internacional en 1894. En el transcurrir del siglo XX, los Estados siguen en su afán de expansión marítima. Pero la diferencia es que no sólo se interesan en el control de la navegación y de las pesquerías. El lema adquiere expresión de volumen al incluir la superficie del mar, el cuerpo de aguas marítimas, los fondos oceánicos y el subsuelo oceánico en forma de Convención sobre el Derecho del Mar (1982).

La zona Económica Exclusiva (1982), es la base lógica del proceso político como el ámbito de validez jurídico, dado que se adquieren atributos espaciales o geográficos de localización, extensión, forma, puntos, líneas y áreas:
“…tales atributos o propiedades espaciales son el fundamento lógico que sostiene la concepción de territorio, en término de un orden u organización espacial generado en y por la apropiación humana individual y colectiva de la superficie terrestre” (ibidem, p.111).

Desde esta perspectiva, “la zona económica exclusiva”, incluyendo la extensión marina definida jurídicamente de mar territorial y zona contigua, pasa a constituir la dimensión acuática del elemento en el espacio geopolítico, Pero a la vez, es la base lógica y racional en que se sustenta la concepción de territorio marítimo, lo cual es en definitiva parte del escenario geopolítico. El discurrir lógico en el campo geográfico-político muestra con nitidez que el territorio marítimo sea partícipe de la concepción de Territorio, el cual, a su vez, enlaza la función relacional con la población, la organización y los medios de poder que explican la naturaleza del espacio geopolítico. Desde el punto de vista teórico y empírico, el mar y su soporte de litosfera (suelo y subsuelo oceánico, en la noción de corteza terrestre) y la sección de atmósfera que descansa en su superficie exterior, aunque sea considerado como variable independiente de los territorios terrestre y aéreo, a través de la relación funcional, explica y participa en la naturaleza del espacio geopolítico.

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El territorio marítimo, sea superficie, volumen de aguas o soporte, está en interrelación e interacción con la sociedad política. Tales interrelaciones e interacciones son económicas (pesquerías, explotaciones mineras del subsuelo y suelos, usos para sostener oleoductos y cables de transmisión de energía y comunicaciones, emplazamientos de infraestructuras portuarias e islas artificiales, y otras), jurídicas (posesión, uso, goce, usufructo), políticas (decisiones, transacciones y otras en orden al bien común), sociales y culturales: “si bien es acertado que el mar, en tanto su naturaleza física, es elemento líquido, en su naturaleza geográfica o espacial es territorio” (Santis, 1988) (p.117).

Desde la perspectiva politológica, el mar es “…parte de la superficie terrestre para sacar provecho de ella y. dependiendo de las tecnologías, podría ser habitado” (ibidem, p.118). A partir de estas consideraciones, Santis (1988),
considera que reducir la naturaleza del espacio político y, en ella el territorio, a las expresiones físicas de elementos sólidos, líquidos y gaseosos, resulta incompatible y anacrónico con las características de la reflexión e investigación teórico-empírica geográfico-política actual. Los conceptos ratzelianos de relaciones tierra – hombre (determinismo ambiental) y de relaciones hombre-tierra (posibilismo cultural), convirtieron a la geografía en ecología humana.

De cualquier modo, todo ello supone que las interconexiones naturales y las interconexiones humanas; se estiman en que las relaciones tierra-hombre y hombre-tierra abren el camino hacia la proposición que, el territorio “…es la expresión visible de las interrelaciones e interacciones entre el hombre y la naturaleza en la superficie del planeta. Tal, como afirma Gorrman (1973), el territorio es un producto espacial de la cultura humana” (ibidem, p.120) (el subrayado es nuestro). El concepto de territorio marítimo, acorde con su naturaleza espacial o geográfica, generado en las interrelaciones e interacciones entre el hombre y la naturaleza en la superficie terrestre, es entonces un producto espacial de la cultura humana.

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Si el espacio geográfico del Esequibo se desagrega conceptualmente en subsistemas y estos en elementos, con el objetivo de conocer los diversos usos o asignaciones humanas de y en la superficie terrestre de dicho territorio,
metodológicamente tales elementos (geoformas, climoformas. hidroformas, rocas, suelos, vegetación, fa asociada, población, actividades de la población, sistema y organización económica, relaciones sociales) son variables independientes. El territorio, en tanto un hecho geográfico, es la función relacional de fenómenos humanos y de fenómenos naturales allí existentes: “Es el fundamento lógico para sostener que el territorio marítimo no
es de naturaleza geográfica distinta al territorio terrestre o del territorio aéreo, singularmente cuando e! objetivo de conocimiento tiene su origen en la naturaleza del espacio geopolítico” (ibidem, p.122, el subrayado es nuestro).

De allí, la complejidad en cuanto a la delimitación y recuperación del espacio geográfico integral del Esequibo, lo cual ya no es un tema que abarca solo el espacio terrestre, sino el marítimo y aéreo, lo que agrega un escenario con la participación obligante de otros países colindantes en los espacios acuáticos de Venezuela en el Océano Atlántico, aunado al rol obligante del Estado venezolano con la población que reside actualmente a lo largo y ancho del territorio Esequibo propiamente, hecho en el que se ha notado una prolongada ausencia e indolencia humana-territorial a lo largo del tiempo.

 

 

José Chachati Ata

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