Trabajan con lo mínimo: personal de salud en Venezuela padece la escasez todo

//
2 minutos de lectura

Los médicos venezolanos han sido de los gremios más afectados por la pandemia de COVID-19. Padecen no solamente por los sueldos miserables y condiciones de trabajo extremas, sino que siendo la primera barrera para el cuidado de los enfermos, carecen prácticamente de todo y, de paso, deben sufrir la falta de transporte que, en la mayoría de los casos, los obliga a caminar largas distancias para llegar a sus puestos de trabajo.

Son las 10 de la mañana, en Caracas, Venezuela, y Janio Maucó, enfermero con 30 años de servicio, deambula por una plaza local. Acaba de terminar su turno en un centro de nutrición infantil. A las 7 de la noche le corresponde cumplir otra guardia en el principal hospital pediátrico del país. Vive a 45 kilómetros de la capital venezolana, pero regresar a su casa para descansar no es una opción.

La escasez de gasolina y, en consecuencia, el colapso del transporte público, lo hacen inviable. “Tengo que quedarme como un indigente porque no puedo ir a ningún lado”, relata.

Demora siete horas en llegar a sus labores, explica que debe tomar tres autobuses y el sistema metro, sin embargo estos servicios no siempre están operativos. «Si no consigo transporte, que ahorita no hay, tengo que caminar muchas cuadras. De 5, 6, 8 kilómetros, dice. Al llegar, ya está agotado, pero apenas comienza la faena, en un país cuyos centros asistenciales reportan entre 45 y 55% de escasez de tapabocas y guantes, de acuerdo con datos de la Asamblea Nacional.

Mientras cuenta su historia, la mascarilla que lleva puesta se resbala en su rostro y deja descubierta la nariz. «Estoy 24 horas con este tapabocas. Y después de seis horas, pierde la barrera. Las autoridades dicen que hay que lavar el tapabocas y los guantes, porque no tenemos más. No hay agua. No hay antiséptico. No hay medida de protección para mí. Por eso me sigo preguntando ¿a qué voy al hospital?. A correr riesgo y a arriesgar mi vida”, y al decir esto se le quiebra la voz. Hace una pausa y continúa: » Yo salgo del hospital con un peso y cuando volteo digo: ¡no quiero regresar más!, pero me repongo y pienso que tengo que seguir yendo, porque los niños son un compromiso para mí. ¡Me da mucho sentimiento!. Tú ves que las madres que no tienen ni una comida. Me toca compartir mi comida. Es duro”, lamenta.

Al igual que él, la bioanalista Jessica Vargas, espera tomar un autobús que no llega. “Puedes caminar más de media hora, 40 minutos, porque no hay transporte disponible para llegar al hospital, entonces toca caminar».

La escasez del carburante ha sometido a los venezolanos a esperar días en fila para poder cargar sus vehículos. De ello no escapa el personal de salud. José Urbina es médico y ha soportado 72 horas frente a la gasolinera con el auto estacionado. Ha intentado explicarle a los militares, que controlan las filas, que no puede perder más tiempo, pues corren riesgo sus pacientes. «Esta es la séptima oportunidad que he estado en una cola para surtir de gasolina y no ha sido posible», se queja Urbina.

Una encuesta elaborada por la Asamblea Nacional reveló que en abril,  62 por ciento de los empleados de hospitales no pudieron trasladarse a los centros asistenciales por falta de combustible o de dinero en efectivo para pagar el transporte público..

Con información de VOA

Deja un comentario

Your email address will not be published.

Recientes de Blog